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5 min
SuperLove!
Amor |
11.08.17
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Sinopsis

Dos super-héroes tienen un pequeño enfrentamiento con el paso y el peso del tiempo en la vida y en las relaciones.

Su sentido arácnido y un ligero susurro en el aire, le indicaron que ya estaba en casa.

Y efectivamente, al instante apareció en la puerta con su capa roja, su pelo negro y esa pinta de galán arrebatador que te dejaba sin aire.

“Madre mía” - pensó en cuanto le vió, y tuvo una erección instantánea. Suerte que iba de estar por casa, por que con las mallas eso se notaba mucho y era muy embarazoso.

- Qué tal el día, cariño? - preguntó.
- Bueno, pues lo de siempre - respondió mientras se quitaba la capa - combinando el pluri-empleo como mejor puedo.
- Muchos malos hoy?
- No, la verdad es que no.
- Cierto, y mejor, no?
- Pues... hombre... - medio resopló mientras comenzaba a quitarse el traje - Qué quieres que te diga... cuanto llevamos en esto? Doscientos años? Doscientos cincuenta?
- Si no me equivoco, yo llevo doscientos setenta y tres años. Tú llegaste antes.
- Exacto! A eso me refiero! Yo llevo toda la vida haciendo lo mismo! Llevo casi trescientos años deteniendo a super-malhechores, mediando en conflictos inter-dimensionales, luchando con criaturas intergalácticas, salvando al mundo incansablemente... y ahora? Donde está todo el mundo ahora?
Decía todo esto mientras la única pieza de ropa que tapaba su hercúleo cuerpo era un diminuto slip azul.
- No se donde está todo el mundo - respondió mientras se acercaba a aquel cuerpo venido de las estrellas - pero yo estoy aquí - le dijo al oído mientras acariciaba aquel torso desnudo de toda imperfección.
- Lo digo en serio, tio - dijo zafándose del cariñoso abrazo - Me aburro, me aburro mucho. Ya nadie comete delitos! Hostia! Somos tan buenos que se han rendido todos! Increible! Es que hay que joderse! Si es que casi estoy por ponerme yo a robar bancos!
- Cálmate un poco, anda, que te estás animando - intentó relajarlo.
- Si ese es el problema. Que estoy en calma. Que llevo nosecuanto tiempo en calma. Que ya nunca pasa nada. Ni siquiera entre nosotros.
- Como? - preguntó alarmado
- Cuanto hace que no hacemos algo interesante? Cuanto hace que no nos reimos?
- Pues no se... déjame pensar... no se...
- Exacto. No sabes, y ¿sabes qué? Yo tampoco lo se. ¿No te parece sospechoso?
- Bueno... supongo que es normal. Ya llevamos mucho juntos y la rutina es inevitable.
- Rutina? Con lo que yo soy capaz de hacer y lo que tú eres capaz de hacer y tenemos ¿rutina?
Por qué no nos vamos ahora mismo a Bali? Yo te llevo - Le espetó con una sonrisa y un guiño.
- Ahora? - La propuesta le había cogido totalmente por sorpresa - A Bali? A qué?
- Aquí ya no hacemos falta, ya nadie comete delitos que podamos detener a tortas, después de todos estos años, eso lo han aprendido. Vámonos! Cojamos unas vacaciones! Nos las hemos ganado! Si? - Su sonrisa encantadora no cabía en su cara. Estaba encantado con la idea de salir volando de allí. Literalmente.
- Pero... es que yo... es que yo no puedo irme así, de cualquier manera - respondió - yo... tengo cosas que hacer. No puedo desaparecer y dejar mi trabajo en el laboratorio totalmente parado. Mi equipo me necesita... yo... me sabe mal... muy mal... pero... yo... yo no puedo irme.
La sonrisa había desaparecido. Como si nunca hubiese existido. Miraba fijamente a su compañero, un hombre de unos doscientos noventa años pero con la apariencia de un joven de 23.
- Tio! No me mires así! Ya se que te aburres, que no tienes nada que hacer, pero tu sabes que eso lo dejé hace ya tiempo, ahora me dedico a la investigación, lo sabes. Y sabes a qué nivel trabajo. No puedo irme así como así. No soy un tipo de empleado que pueda desaparecer un tiempo sin que se note. ¿Quieres que vayam
De repente el mundo desapareció. Bueno, en realidad, más bien se difuminó. Lo que hacía un microsegundo eran espacios definidos se había convertido en una especie de sopa de colores que se sucedían, mezclaban y repelían a toda velocidad.

Podía sentir el brazo de su amado rodeándole, protegiéndole, abrazándole, mientras surcaban la tierra a super-velocidad. Lo odió por secuestrarle. Lo amó por secuestrarle. Tuvo otra erección.

Cuando los colores decidieron adoptar espacios definidos y el mundo dejó de tener esa textura de sopa, el entorno había cambiado radicalmente.

Era de noche, con una temperatura muy agradable, sobre todo teniendo en cuenta que él llevaba unos boxers rojos y su pareja unos slip azules.

Estaban en una playa, la típica playa de postal. Con sus palmeras, sus cocos, su arena, su todo. Había que reconocer que el tipo sabía escoger. No pudo evitar cogerle del cuello y besarle. Y por supuesto, fue bien recibido.

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