cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

5 min
Superviviente
Drama |
27.11.17
  • 5
  • 5
  • 841
Sinopsis

La ignorancia y la necesidad, cuánto daño hacen...

Superviviente

Menuda, flaca, con negro cabello largo y lacio, llegándole siempre su eterna trenza por debajo de sus estrechas y vírgenes caderas. Muchas veces daba la tarde y su cabello seguía mojado desde la ducha matutina que tomó con agua helada. Su religión le ha hecho creer que llevarlo suelto es casi pecado, indecoroso o falto de moral, al igual que usar maquillaje o reemplazar las largas y anchas faldas por los pantalones.

Mantiene todo minuciosamente impecable; los pisos, los baños, las ventanas, los muebles, los equipos de cómputo. Siempre llega sonriente, y es un gesto que mantiene todo el día. Conozco un poco de su historia. Más de una vez me he preguntado cómo hace.

Me cuenta que vive en un cuarto grande con toda su familia, en uno de los conos de Lima. No tienen baño propio; usan uno comunitario que queda a unos cincuenta metros. Vive junto con su anciana madre, un tío que sufrió derrame cerebral, su sobrina anémica y vegetariana, su hermana mayor —que es fanática religiosa y madre de dos revoltosos niños pequeños— y su hermana menor, que sufre de esquizofrenia. Entre todos comparten dos camas de plaza y media, y un colchón que tienden sobre el suelo en las noches. Ella casi siempre duerme con su hermana enferma y un sobrino. Sé que sueña con comprarse un cuartito para tener paz, más de una vez me lo ha comentado; está cansada del ruido que hacen todos, del escándalo de los niños, la psicosis de su hermana cuando no toma sus medicamentos, la falta de privacidad, el ruido del televisor prendido en la madrugada cuando algún adulto está con insomnio, y entonces es imposible dormir. Pero lo que gana limpiando no le alcanza para ahorrar. Aunque creo y espero que todo el esfuerzo que hace al preparar y vender en la oficina (polladas, ensaladas de frutas, chocotejas, habas y maní con pasas) dará sus frutos. Claro que ya un par de veces sus sobrinos han revuelto su cartera y perdido su lista de pedidos fiados, y ella no recuerda quién le debe qué. Eso no la ayuda mucho.

Recuerdo que me contó sin mayor emoción que cuando era niña pasó por dos momentos difíciles en particular. Uno fue cuando un taxista de su zona raptó por una hora a su hermana esquizofrénica y la devolvió golpeada. Aparentemente abusó de ella. Cuando insisto en saber qué le sucedió, me responde que no está segura de si realmente la violaron. Su familia no hizo nada, y su madre se contentó con recibir algo de dinero de las manos del propio degenerado.

El otro episodio fue cuando de niña sufrió un accidente de auto. Se rompió el tabique y recibió un golpe muy fuerte en la cabeza, tanto que por un momento perdió el conocimiento, pero no le hicieron ningún examen médico. Hasta el día de hoy sufre las secuelas: fuertes migrañas, pérdida de memoria y falta de concentración. Incluso, después del accidente se le ha hecho muy difícil aprender cualquier cosa, y se le han quitado las ganas de estudiar. Y está también su tabique desviado, que le impide oler de manera normal. No es cosa menor, sobre todo cuando trabajas con productos de limpieza y desinfección.

Es usual también que haga trabajos gratuitos y sacrificados para su venerado pastor. Esta vez se ofreció a limpiar el baño de la iglesia un sábado por la tarde. Tal era su estado, que debió aplicar lejía de piso a techo. Me comentó había muchas moscas. Cuando comenzó a sentir que le faltaba el aire y que la lejía le estaba irritando los ojos, quiso abrir la puerta, pero se había atracado, y no podía abrirla. Angustiada y ya con los ojos cerrados, tanteó una botella, y, pensando que contenía agua, bebió, pero era la lejía. Solo llegó a tomar un sorbo, pero fue suficiente para que entre en pánico. Desesperada, abrió el grifo para beber de ahí y enjuagarse los ojos y el rostro, ya bastante irritados, pero se olvidó de que llevaba puestos los guantes con los que estaba limpiando, y terminó más inflamada. Tuvieron que pasar tres horas interminables hasta que alguien apareció y le abrió la puerta; pero no fue al médico, sino a su casa. Al día siguiente, domingo, se la pasó adolorida y preocupada, sin ganas de salir. El lunes fue a trabajar sin decir palabra. Recuerdo que solo me pidió un mate digestivo, hasta que los cólicos estomacales, el intenso dolor de cabeza y los escalofríos pudieron más, y pidió permiso más o menos a las cuatro de la tarde. No la vimos hasta después de la semana y media en que estuvo internada en el hospital. Al desmayarse en la calle, fue gracias a las personas que estaban en el paradero que recibió auxilio. Ellos llamaron a una ambulancia, y fue llevada a la emergencia más cercana. Le hicieron un lavado gástrico y la alimentaron después mediante una sonda para no lastimar más su tracto digestivo. Lamentablemente resultó con una úlcera estomacal que se está tratando.

En este momento está limpiando la oficina. Acaba de regresar con el trapeador ya pasados los quince minutos de rigor, como dice ella, para que mueran todas las bacterias. Ahora pasa el trapeador solo con agua, una vez, dos veces; bromeamos con ella, sabe por qué, y es que recién ahora podemos respirar mejor. Sale de la oficina con una sonrisa.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 57
  • 4.57
  • 16

Ando buscando y encontrando tiempo para leer y escribir, entre agujeros, rincones y mirones.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta