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2 min
Tarde de ceniza
Reales |
13.12.06
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Sinopsis

Si tengo que situar la acción diré que era un día en que una fría mañana precedió a una tarde mojada, el cielo empezó gris para terminar color negro pálido y sin haber visto asomar al sol por ningún resquicio del día ese hombre decidió sentarse un rato en medio de esa tarde oscura, de una de esas tardes del fin del mundo.

Desde la terraza en la que estaba sentado distinguía sin problemas las crestas de espuma blanca que se formaban sobre las olas de la playa frente a la que estaba, unos años antes habría podido distinguir también las pisadas en la arena húmeda de aquellos que nada temían por estar cerca del mar, pero bajo su sombrero sus ojos estaban cansados, cansados de ver todas aquellas cosas que deseaba borrar de su mente.

Por lo demás el café había pasado de estar muy caliente a demasiado frío y así y todo tenía las mismas pocas ganas de bebérselo tanto antes como ahora, es lo que tiene pedir algo por disfrutar de un rato rodeado de gente pero sólo, en silencio en medio del mundanal ruido, uno de los pocos lujos que pueden permitirse aquellos que viven mientras no mueren con sus recuerdos como únicos amigos.

De la muchedumbre que pasaba por el paseo marítimo en aquella tarde del color de la ceniza, pocos reparaban en la presencia de aquél hombre mediano de aspecto descuidado, casi normal, cualquiera diría que tenía las huellas del tiempo grabadas a fuego sobre cada centímetro de su cara, de sus ojos, de su alma.

No recuerdo su nombre, pero su sóla mirada infundía ese respeto que impide a los que nada temen acercarse a importunarle, demasiado peso sobre sus hombros, malos sueños, demasiados recuerdos, pesadillas del día a día.

Allí estaba él, solitario hombre triste de cabellos grises y sombrero raído. Cuando hubo terminado con su último cigarrillo, se levantó de su asiento y echó a andar, confundiéndose entre la gente al compás del viento, yéndose como había venido, en silencio.

FIN.
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