cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
Te odio tanto como te quiero
Amor |
15.10.10
  • 5
  • 1
  • 1475
Sinopsis

Somos así de ilogicos. No le encontramos sentido a un encuentro "fortuito" que rompe esquemas y pretendemos encontrarselo al deseo de ocultarlo entre los recuerdos carentes de sentido, porque nos llega al alma.




¿Cómo se puede amar a alguien y conseguir sacarle de tu vida a empujones? ¿Se puede amar con el miedo a perder cuando ya le has perdido por ese miedo? ¿Tiene sentido algo de lo que estoy creando a mí alrededor sin él?


He amado tanto como he sabido en esta vida. He errado, he acertado, causado daño y sufrido dolor. Tanto he recibido como entregado… Porque vivir implica la responsabilidad de ser justos con las consecuencias de tus actos, aunque nunca los tengamos en cuenta hasta que queman. Todo, es una suerte, bien y mal, agradable y amable, insípido y frustrante. Todo. Un intercambio de energías latentes que buscan el equilibrio entre la lágrima y la media sonrisa. Es perfecto en su imperfección.

Así que… podría decir sin temor a equivocarme que sí, he amado, tanto como he sido capaz. He sudado llantos y saboreado sabanas de lujurias dulces entre amantes eternos, familia y amigos. Las sabanas mudaban el abrazo, según mañana, tarde o noche… pero todos, eran el amor de mi vida porque ellos la hacían posible. He amado tanto como he agradecido la oportunidad de disfrutarlo.

Nunca importó la perdida, si la ganancia era infinitamente mayor proporcionalmente.

Todos tan especiales, distintos, no por ser inhumanos, sino por ser quienes eran a mi lado. Me convertían en el reflejo de su hermosura entregándome sus dones, me veían capaz de albergar ese cariño sincero, confiaban en mi, apreciaban mi respiración por encima de los secretos y daban de si más de lo que se atrevían a dar a ningún otro… y eso, les hacia tan impresionantes en comparación con mi persona que no podía más que desbordarme por dentro porque…estaba ante un milagro. El milagro de recibir a cambio de nada… o un nada camuflado de muchos todos para quien se sentía abrazado de igual modo por mis palabras. Un milagro difícil de ver cuando se espera, sucede o ha pasado… y en mi descubrimiento, me siento tan dichosa de ser capaz de distinguir algo verdadero entre tanta sátira de mentiras mediocres que deambulan por el mundo que no puedo más que reconocerlo, con la humildad del que no sabe nada pero lo siente todo, con la felicidad de la ingenuidad del que ha tenido experiencias que marcan y dejan cicatriz… he amado, tanto… que si tuviera un motivo para dudar de tal sentimiento, de su inmensidad, de su incapacidad para ser superado, si hubiera una pequeña posibilidad de hacerme creer que aun más intenso es el clímax de ese amor que conocía… me quedaría exhausta ante la problemática de ¿cómo no valorar la pérdida, si la ganancia ni aun siendo infinita, llega a ser proporcional a la decepción, la desaparición o la muerte?


Y en esa problemática me encuentro. Tanto he amado… que ahora, tras toparme de frente con esa imprenta de lotería, que da más posibilidades de caer por un barranco en mitad del océano que de tocar en suerte a un corazón sin ánimo ludópata, tengo que reconocer que estoy extinta de reacciones lógicas. Me falta el tornillo de la templanza y la mesura.

¿Qué me sucede? ¿Dónde está la muralla China de mis ambiciones? ¿y el eco de la excusa barata para no atarme a fantasmas? ¿Qué hay del porte de heroína, con gafas y libreta en mano, con mirada fija y talante seguro, dispuesta a todo por un “no” a proposiciones que escapen a mi control?... ¿Dónde me he escondido? Es como si hubiera dejado activado el automático y contratado de custodios vigilantes a mi resorte taciturno y a la triste mirada de mascota asustada.

Estoy… abstracta. Soy un borrón de mi propia imagen. No tengo alas.

Es como mirar un espejo recién levantado. Reconoces la marca del acrílico que te colorea pero no tienes ni la más mínima idea de quién eres. Aun obtuso por el mazazo del sueño mirar es lo más a lo que puedes aspirar, ver, es otra historia aun lejana tras el café.
… Solo que en este caso la cafeína no disipa la duda.

¿Y cómo, alguien, capaz de paladear el amor como si de vino anaranjado se tratase, puede fallecer a su percepción queriendo con cada poro de su piel a quien asusta con intrigas y expulsa con coces de mula dentona? ¿cómo se puede ser tan mezquina con la causalidad del destino en el que no creo y con el que tanto pude soñar? ¿por qué le alejo de mí si no se estar sin él?

Es tan contradictorio que la escala de lo posible y lo que no lo es, se me fue al garete hará ya unos pocos meses de escritura frenética, poco piadosa y diría que … algo predispuesta al asesinato múltiple. No caeré en la vulgar descripción del “me acuesto y me levanto pensando en ti”, va más allá, toca todos los poros de mi sensibilidad. Un color, una respiración, un número, una distancia, una nota a pié de página… lo es todo. No tiene comparación con una letra de canción, no es un arcoíris paseándose entre provincias. Hablo de una persecución intensa, desmesurada de mi psique por todos los significativos de su existencia. No roza la obsesión desequilibrada, sino la intolerancia a su falta. No es un capricho de camelos entre burdeles de copas, sino un presente sin presencia. Un dolor tan y más agudo que el rubor de la sangre arañando mis venas a cada pulso… pum!... pum!... latido. Insufrible. Exasperante. Constante. Predecible. Sin pausa. Sin límite. Es.

Y aún así, aún siendo tan yo en el mismo, tan él en mí misma… le aparto con el insulto del cobardica, la patada del enamorado de su propia idiosincrasia, a gusto con su aburrida monotonía de acordes monocromos. Le evado de mis deseos de cuidarle, mimarle, atesorarle para picar su carne con cuchillo cebollero y luego servirle en raciones de culpabilidad amante que intenta olvidarle para así, recordarle con más claridad.


Sé que te amo como no esperé amar, como no sabía que se pudiera amar. Sé que, camines bocabajo o cenes a los pies de mi cama mientras duermo, eres esa única persona que derrota milagros para crear universos paralelos en mí. Haces del día una quimera y de la noche un augurio de fin que comienza, con la esperanza de crecer a un nuevo y último primer beso.

Sé, en resumen, que eres la persona con la que estaría dispuesta a compartir lo desconocido de mis patentes bajo llave, durante el resto de mis años aquí abajo.

…Y te hago desaparecer con insistencias de colegiala y tormentas de arena mentales.


Soy lo que se puede llamar ¿por qué no? Una tonta sin remedio. Me lo demuestro cada segundo al no decidir ir a buscarte. Plantarme ante tu puerta, sea lo correcto o no y esperar a que la abras, me caiga de boca o de espaldas. Decirte a la cara, mirándote a los ojos que eres lo mejor que me ha pasado nunca y que no cambiaría una hora a tu lado por ninguna otra acumulando recuerdos sin ti…
Y dejarte sin aliento al abrazarte, apretándote fuerte contra mí, hasta que no sepas distinguir entre tu pecho y mis lágrimas de felicidad por poder demostrarte, solo por un instante, cuanto te quiero.

Eso debería hacer. Tragarme el pánico y enfrentarme a lo que más miedo me da, tú.
Pero me vuelvo arrogante y me declino por el orgullo. Y así, yo te odio y tú me odias. De la manera en la que se odian el sol y la luna. Volviendo la cara para no ver más allá de lo que parece y mirando a hurtadillas cuando el otro camina de espaldas. Haciendo el amor a la terquedad. Ignorándonos, como si nada hubiera sucedido, cuando todo lo ha cambiado.





He amado tanto… que… no he amado nada.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Apasionadas palabras. El horror que nos causa el amor, el miedo al dolor que pueda causarnos y el placer del deseo irrefrenable a un tiempo. Y que ya dicen que los contratios se tocan... Un abrazo, z.
  • Este es un giño a toda esa literatura femenina dedicada a hombres y escrita por hombres. Siempre se ha dicho que la mujer es complicada. Está bien. Pero ¿Cuánto de complejos podéis llegar a ser los hombres? Sin ánimo de ofender, ofrezco abiertamente lo que la mujer siente y no dice con respecto a ese tema. En este texto se habla generalizando. Evidentemente hay hombres maravillosos que no pecan de ninguno de mis argumentos. Mi relato es un “intento de literatura” masculina, dedicada a mujeres y escrita por una mujer.

    Somos así de ilogicos. No le encontramos sentido a un encuentro "fortuito" que rompe esquemas y pretendemos encontrarselo al deseo de ocultarlo entre los recuerdos carentes de sentido, porque nos llega al alma.

    El título, como habréis notado, es la clásica contestación que se ofrece ante la impotencia de no poder o no saber cómo dar más de sí mismo a alguien que lo da todo. Es mí toque irónico a un tema serio. Solo es un título.

    Cuando la muerte llega, lo hace sin avisar. Si alguna vez teneís dudas sobre el por qué o el para qué estais aqui, preguntadle a alguien que conozca su fecha de caducidad. Quizás os sorprenda averiguar que no es precisamente esa persona a la que preguntais la que se muere.

    Formas parte de él y él de ti, pero la mayoría de las veces, no lo ves... ya sea porque me descubres o porque te despides de mí.

    Mucho que decir y poco con lo que contar para expresarlo... Lo intenté... pero... prefiere seguir siendo anónimo... y yo... respeto su voluntad. (Dedicado a unos amigos que saben ver más allá de sus narices) F-L para vosotros, porque veis donde todo lo es y nada lo parece.

    Es lo que debe ser y en ello encuentro el camino para decidir no ser ejemplo. No pienso permitirme ser de acero y fuego. He encontrado la salida a este infierno y aun sin piernas, arrastraría mi esperpento olvidando mi sangre sobre tu alfombra, con tal de demostrar que en mi debilidad soy fuerte e innegable como el viento. Porque la duda no atiende a razones. Somos tu víspera, tu llegada y tu espera, síntomas de un complejo engaño que nos zarandea… pero también somos tu aliento… y en su aroma despierto, encuentro la fortaleza para luchar por ser aguja en un pajar lleno de escamas.

    Es verídico, el sol no sale todo el año por el este y se pone por el oeste. Reconozco que resulta ser una hermosa visión metafórica, pero es más que eso, es una realidad, una peculiaridad de nuestro continuo movimiento en el espacio... un espacio que no dominamos, un movimiento al que estamos sometidos :-)

    Cree lo que necesites creer. Si supone un esfuerzo olvidar es que vives tu presente en un recuerdo.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta