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5 min
Te pido que me dejes vivir.
Amor |
19.06.17
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Sinopsis

Enrique es un joven lleno de dolor y sufrimiento. Quien a lo largo de su vida cree que las emociones y los sentimientos hasta que llega ese momento que le hace recordar y pasar situaciones antes de su vida llena de drogas, fiestas y demás. Comparte genero reflexivo con romanticismo.

Quizá no he vivido lo suficiente para saber el origen del origen, el humano por el afán de la sabiduría; busca, busca y no para de buscar ese “significado” en el planeta de la hipocresía, del odio, pero sobre todo del: AMOR. No me gusta meterme en lo religioso ni en lo científico porque cada individuo lucha por lo único que vale luchar; su idea. Y lo entiendo yo lo haría. 

Todo empezó cuando tenía 10 años y Enrique De la Torre; No tenía el pensamiento suficiente para saber el valor de las cosas. Perdí lo más valioso que alguien puede tener que se le conoce hoy en día como amor, en un principio escribía con mayúsculas porque mi pensamiento me hacía creer que las reglas son estúpidas y como alguna vez Margot Roth Spiegelman, para mí también esa regla era injusta incluso antes que haya leído el libro ciudades de papel. 
Llégo aquel momento que mis pensamientos no me dejaban analizar, me sentía tan solo y mudo que gritaba y la gente no ponía atención a lo que aclamaba. Sentía que mi dolor era tan fuerte como la muerte de un ser querido que preferiría mejor callar y solo sentir mi silencio. Entre lágrimas y crisis mental no sabía el sentido de lo que era vivir. Estudiamos desde que podemos aprender; estudiamos una carrera que podemos ejercer y trabajamos para poder comer. No sé si estoy ciego, pero no le veo sentido, estudiar, trabajar, una casa, una familia malagradecida, un perro que solo sabe ladrar y eso le llaman buena vida. Con trabajo bien pagado, con horas extras, vida patética para persona patética ¿Y luego? Las personas hablan que Dios los hizo a su semejanza, pero un Dios no tiene límites y ellos sí. Porque se limitan a soñar.
Llorando estaba tirado entre su basurero de departamento lleno de suciedad, ropa por todos lados que ya no se distinguía si era limpia o sucia  y lleno de olor un tanto extraño; Con ojos rojos de fumar tanta marihuana y de una vida estúpidamente galante en la noche pasada. 
De pronto suena que tocan con bastante fuerza la puerta y grité 
--¿Quién carajos es?
Con tanta droga metida en mi cuerpo la vista era limitada. Por lo que quien tocaba dijo:
---Tu salvación
--¿Quién dijo que quiero ser salvado? -Contesté  con desesperación de no saber quién era…
Gire mi cabeza y se veía que unos largos tacones caminaban hacía la gran vista de San Francisco a abrir las largas cortinas del sucio departamento. No podía distinguir mas allá de sus zapatos extravagantes y su hermosa borrosa falda gris; me sentía asustado pero a la vez excitado. Volví a girar mi cabeza viendo hacía el hermoso techo que nunca me había tomado la libertad de admirar.
Me dijo: 
--- Más o menos en 3 horas se irá los efectos de la dosis, toma una ducha y vístete lo mejor que puedas. Veré que puedo hacer con este basurero
Contesté: 
--¿Quién eres? ¿Ya nos conocíamos? ¿Qué haces aquí?
--- Ya te había dicho y solo vengo a devolverte el favor.
Besó mi frente y su glorioso olor a channel se quedó junto a mí.
No paso más de una hora cuando noté que ya no estaba; pero las cortinas estaban sujetadas y la puerta abierta, además que aun sentía el olor penetrante de su perfume. Me dio a entender que no fue un sueño
Me levanté como pude y según yo limpié; Según yo ya que aún era un basurero. Recordé que quien fue el amor de mi vida en algún momento de mi rompecabezas de vida me regaló un saco saleman. Solo lo complemente con unos jeans y unos zapatos Perry Ellis estilo mocasín que había ganado en una apuesta; Una de tantas.
Tomé una cerveza del refrigerador y afuera de mi puerta me senté a beberla me quedé dormido y la derramé. Además de tener un bigote en el rostro dibujado con marcador. Sabía que fueron los nietos de mis vecinos Ana y Rogert. No tarde en levantarme irme a lavar la cara. Mientras que me secaba l rostro con una toalla había una mujer con unos ojos despampanantes y unas cejas muy marcadas, pero de manera natural; obviamente se veía que no era maquillada esa ceja.
Ella miraba la hermosa vista de San Francisco; mientras notaba que tenía mi edad: entre 23 o 24. Ella comentó:
---Creía que tardarías más o que no te bañarías. Al parecer me equivoqué.
Giro su cabeza y pude ver su hermosa mirada de ojos azules que solo una persona me hizo sentir…

Continuará

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