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18 min
Terrible Conejo Gigante Asesino 3
Terror |
31.03.17
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Sinopsis

Nada del otro mundo, como siempre.

                Entre las cuatro luces que iluminaban el parque, Jhon Bucle guiaba la marcha de unos jóvenes adolescentes que lo seguían agazapados entre los arbustos.

  • Tenemos que ir en silencio y con toda la cautela posible. – Jhon se dirigía a sus compañeros en voz baja, ejemplarizando a su vez la forma en la que tenían que comunicarse. – Es probable que aun permanezca por aquí.

El parque se encontraba precintado desde hacía 4 años, cuando se encontraron el cuerpo de un joven al que unos amigos habían desmembrado tras consumir varios tipos de drogas. Las dimensiones del cercado eran enormes, aproximadamente unos dos campos de futbol; decorado con todo tipo de arbustos, arboles, fuentes y zonas de recreo para los niños, tales como columpios, toboganes, gincanas, pequeñas casetas, etc. La guinda la ponían los pequeños merenderos repartidos por la zona, que hacia el deleite de los domingeros y de los amantes a los botellones. Al igual lo hacian esas pequeñas casas o cabañas, donde los niños chicos jugaban a recrear la vida adulta, mientras que por la noche se convertía en casas de citas, donde recrear encuentros sexualmente activos.

  • Silencio. – Jhon se llevó uno de los dedos a sus labios. Se había parado contra un muro de ladrillo visto, de apenas un metro y medio de altura y cubierto con el enrevesado abrazo de la hiedra. – Ya hemos llegado.

La zona estaba envuelta en el silencio. El ruido de algún coche se colaba desde la lejanía, amortiguado por los frondosos árboles y los espesos matorrales. Si había luz era la que la luna dejaba caer. Las farolas que quedaban encendidas se encontraban apartadas de aquella zona, tanto que parecía ser un bosque perdido en las montañas más que un céntrico parque de la ciudad.

                Detrás del muro en el que Jhon y sus tres amigos se parapetaban se encontraba una zona de recreo infantil. Un columpio, dos balancines con forma de animales, una fuente y una cabaña, enmarcadas en una enorme zona rectangular cubierta de arena. Miles de plantas habían crecido usando las estructuras como guía de apoyo, y ahora todo tenían un aspecto que parecía sacado de una escena de la película Jurassic Parck.

  • Es hora de encender vuestros móviles. – Fue mirando uno por uno y mencionando sus nombres, a la vez que le otorgaba una misión. – Eric, tu llevaras la antorcha del móvil encendida y te colocaras el ultimo, iluminando la retaguardia. Lorena, tus iras gravando con la cámara, siempre lo más pegada a mí. Y por supuesto, atenta a cualquier movimiento extraño. Luck, tu llevaras encendida la antorcha del móvil y junto a mi iremos iluminando el camino. Aunque puedes iluminar todo en general. Pero cuanta más luz haya en la delantera mejor. Recordad lo que os dije: Hay un gran número de agujeros que usa para ir de un lugar a otro.

Aquella noche no había ninguna nube en el cielo. La visibilidad era la que permitía los altos pinos del parque. Un viento continuo se levantó cerca de la media noche, haciendo bailar a los habitantes de la zona.

                Las luces de los móviles chocaban contra los troncos de los árboles, alargando sus siluetas sobre otros árboles. La tensión estaba presente en el grupo de amigos, se podía apreciar como el haz de luz temblaba y las respiraciones apenas podían seguir un ritmo tranquilo. Casi respirándose en la nuca, los jóvenes avanzaban hacia la pequeña cabaña, haciéndose cada vez más grande su sombra, hasta ser una enorme mancha negra.

  • Aquí fue donde se encontraron el cuerpo del chico. – Señaló con la luz el interior de la cabaña. – Se encontraba desmembrado y con parte de sus miembros ausentes. Completamente desnudo. Se encontraba en plena orgia cuando, quien vosotros sabéis, apareció.

Las maderas de la cabaña crujieron en un intento de derrumbarse. Las ramas altas de los arboles repitieron la acción y se oyeron crujir.

  • Cuando entremos tenemos que tener cuidado con la entrada a la galería.

Todos afirmaron con un ligero movimiento de cabeza. Jhon abrió la marcha, enfocando con el flash, seguido de Lorena gravando todo lo que ocurría, de Luck detrás de ella y Eric cerrando el escuadrón de investigación.

                Era imposible imaginar cómo podía mantenerse en pie, pero lo hacía. El interior de la cabaña estaba tan mal como aparentaba desde el exterior. Una colmena de abejas había colonizado uno de los rincones, pero tuvo que ser hace mucho tiempo, porque allí no quedaba nada, simplemente lo que fue el panal. Tras recorrer las paredes con las linternas, todos los haces de luz fueron a parar al mismo lugar. Un enorme, gigantesco, monstruoso…agujero. Un hoyo de enormes dimensiones ocupaba todo el suelo de la casita. En él no se podía apreciar nada, solo una pequeña rampa que descendía y se perdía en su interior.

  • Os lo dije. – Jhon presentaba un estado de euforia. Sus ojos se abrieron y sus pupilas se agrandaron. – Nadie me creía. Aquí tenéis la prueba, la guarida del monstruo. – Enfocó con el flash del móvil hacia la boca de la cueva. – ¿Estas gravando?

Lorena afirmo con un suave Si que parecía haberse escapado de entre sus labios, mientras, mantenía el objetivo del móvil apuntando hacia Jhon.

  • ¡A mí no! – La cogió de la muñeca con fuerza y la redirigió hacia la oquedad. – Grábala.

El agujero tenía la dimensión de dos hombres. Los bordes se encontraban irregulares, algunas de sus partes presentaban derrumbes; pero no parecía tener ganas de derrumbarse, por ahora.

                Jhon no se lo pensó y comenzó a descender. Ayudándose con el haz de luz de su antorcha fue cubriendo el desnivel. Sus compañeros no le siguieron, se quedaron observándolo, mientras recorría la tortuosa pendiente. Las luces de Luck y de Eric le iluminaban desde la zona alta, dejando una silueta tétrica proyectada sobre las ovaladas paredes. Al darse cuenta de lo que ocurría se detuvo y se giró.

  • No os preocupéis, la bajada es fácil. – Sus ojos se clavaron en la lente del móvil, como un actor observando a su público. – No seáis cobardes, él no está aquí. Es la hora en la que sale a buscar comida. Baja Lorena, podemos hacer un buen documental de esto, no creo que nos pidan más trabajos en visuales. – Jhon se rio a sí mismo la gracia y su risa rebotó en las paredes produciendo un eco extraño, como si no hubiese sido emitido por la misma voz. – Vamos chicos, no seáis unos gallinas, no hay nada que temer.

En el interior de la pequeña cabaña los tres jóvenes se apelotonaban dubitativos, ofreciendo miradas titubeantes. ¿Quién es el primero en dar el paso? Sus ojos se esquivaban, Jhon esperaba abajo apuntando con su luz hacia ellos y el aire comenzó a soplar con más fuerza en el exterior.

                Uno de ellos abrió la boca para decir algo, una negación directa hacia la expedición. En ningún momento se habían hablado, pero todos coincidían en la respuesta. Cuando se predisponía a decir la primera palabra un fuerte golpe contra la pared de la cabaña lo solapó. El estruendo les hizo llevarse las manos a las orejas, y quizás, agobiados por el pánico, saltaron hacia el interior de la cueva.

  • Una figura. No digáis tonterías. – Jhon enfocaba su luz hacia la boca de la cavidad. – El monstruo caza y come de noche, mientras que por la mañana suele dormir y habitar las galerías. No puede darle la luz solar. – Hizo una pausa para inflar los pulmones de aire. – Si, podríamos decir que es como los vampiros.

Una piedra del tamaño de un puño se desprendió desde lo alto de la pendiente. La inercia la hizo chocar contra la bota de Luck, que levantó la cabeza poco a poco y miró con todo el terror que pudo a Jhon.

  • Por el amor de Dios. ¿No queréis hacerme caso, o no queréis oírme? – Su tono era molesto. La voz retumbaba creando una molesta repetición. Cogió la piedra con una mano y la enseñó. – No es una piedra muy grande, afuera se está levantando un fuerte viento y la cabaña se encuentra repleta de agujero; por no mencionar la pequeña puerta de entrada y la ventana. – Le devolvió la mirada a cada uno de ellos y lanzó la piedra fuera de la cueva. – Es un cálculo simple: el viento la ha movido. No hace falta que llaméis a Iker Jiménez. – Jhon volvió a reírse la gracia y de nuevo el eco de una risa que no era la suya le secundó.

El grupo comenzó la marcha presidida por Jhon, que se dio la vuelta restándole importancia al asunto. Igual que había lanzado la piedra, ésta fue devuelta desde la zona alta en la cabaña. Alguien la había lanzado, devolviendo el tiro y provocando un revuelto entre los chicos, que fueron a protegerse tras el cabecilla del grupo.

  • No tenéis por qué temer. Seguramente tenga explicación. – Dio un paso firme y enfocó el haz de luz hacia el interior de la cabaña. – Probablemente la piedra haya chocado contra la pared de la choza y esta haya vuelto a caer. – Una nueva piedra procedente desde arriba golpeó el hombro de Jhon. – Ahh ¡- Se llevó la mano al hombro y se retorció, mientras apretaba los ojos en un intento de disipar el dolor. - ¿Quién anda ahí?

El resto de compañeros se miraron atemorizados. Eric le pidió que se callara y que volviera junto a ellos, probablemente habría una salida cerca, pues había sentido una corriente de aire a su espalda.  Pero Jhon estaba inmerso en su papel de SuperHeroe, apenas prestaba atención a los comentarios, manteniendo una discusión con el mismo.

  • No tenemos miedo. Somos más que tú y vamos armados. – Jhon sacó un revólver que llevaba oculto ajustado en el pantalón.  – Se la he quitado a mi padre. Esta noche esta de libre y seguramente ahora mismo se encuentre soñando. – Hubo una pequeña discusión disonante a favor o en contra de llevar un arma de fuego. – No os preocupéis, se dispararla, y con ella estamos más seguros.

Unos pasos pesados se escucharon desde arriba. Las piedras saltaban al ritmo que aquello daba pasos. Un rugido inundó la cabaña y se coló por la entrada a la cueva. Un objeto calló a los pies de Jhon. Éste se agachó, y como si estuviese acostumbrado a ello, enseño de lo que se trataba. Un brazo desgarrado. Los muchachos se gritaron los unos a los otros y entraron en un estado de euforia y pánico. Luck se lanzó a correr dirección a la salida, sin importarle lo que pudiera haber allí. Pasó por el lateral de Jhon derrumbándolo. Cuando se disponía a superar la pendiente, una extraña figura se abalanzó sobre ella desde arriba mientras gritaba. Luck se detuvo y retrocedió, perdiendo el equilibrio y cayendo sobre Jhon, que se estaba partiendo el culo de risa.

  • Menudos gallinas que sois. – Apenas podía dejar de reír. Todos lo miraron sin comprender que es lo que ocurría allí. – Tom os ha dado un buen susto. Luck, deberías mirar tus calzoncillos, puede ser que tenga alguna sorpresa.

Tom, el compañero de pupitre de Jhon, tan gordo que una bocanada de aire en exceso podría hacerle estallar. Sus mofletes eran dos bolas de cebo colgantes, recubiertos de un acné blanquecino que te daba ganas de vomitar. Siempre iba acompañado de una gorra de propaganda al estilo molón, con la visera hacia atrás. Aquel día había elegido una de la marca de tabaco que fumaba su padre. Marcaba una sonrisa bobalicona que le hacía cerrar los ojos, como si sus antepasados fuesen de origen oriental. Su respiración era fatigosa, tantas hamburguesas no son buenas. No hay que decir que el miembro despellejado era un ejercicio práctico de la clase de manualidades.

  • Podrías haber aguantado un poco más la broma. Dijimos lo de la pistola ¿Por qué no has cumplido con lo que acordamos? –El resto de compañeros comenzaron a aglomerarse y a hablar entre ellos.  Mientras Jhon y Tom seguían discutiendo sobre la broma. – No digas tonterías. ¿Eres un gallina igual que ellos? Aquí no hay nadie más que nosotros. Todo es mentira, aquí no hay ningún monstruo. Valiente panda de tontos, una risa detrás dice.  – Se dirigió hacia el grupillo y les grito con sarcasmo. – Aquí tenéis otro de los vuestro. Dice que ha escuchado alguien reírse detrás de él. – Dio un empujón y le hizo tropezar cayendo junto a los demás.

Jhon se agachó a recoger el móvil que Luck había perdido tras la caída. Al levantarse observó el rostro de sus compañeros desencajados. Asustados por la enorme sombra que se alargaba en la dirección en la que enfocaban sus linternas. Jhon, ajeno a todo, intentó buscar la procedencia de aquellos rostros fúnebres. Pero no hubo tiempo para tal. Unas punzantes uñas, del tamaño de una mano, más o menos, quizás lo he exagerado un poco; atravesaron el cuello de Jhon. La piel hizo un sonido similar al desgarro del parche de un tambor. Aquel ruido les hizo a todos apartar la vista de aquel despliegue de brutalidad.

                Lorena fue la primera en reaccionar. Buscó la opción de la linterna en su Smarphone y se iluminó la huida. Ante ella se abría una galería del tamaño de dos hombres. De las circulares paredes de tierra surgían las raíces de los árboles, como si un Kraken con mal carácter intentara atraparla. Sus pies se movían veloces, como nunca lo había hecho antes. Si el maestro de educación física estuviese allí, estaría muy contento de ella. Así no tendría que optar por llevar faldas cortas y tops apretados para conseguir un suficiente.

A unos cientos de metros el corredor se bifurcó en dos idénticas galerías. Una duda la asalto, ¿Cuál de ellas la llevaría a un lugar mejor? Un grito le palmeó la espalda. Optó por continuar siempre a la izquierda. Sus pies volvieron a reaccionar con velocidad. Pero no por mucho tiempo. Su cuerpo pronto le hizo saber de su mal estado físico. Como si un dedo se clavara desde su interior, y se apretujara contra uno de los pulmones, su cadencia fue descendiendo con aquel agudo dolor. Al cabo de un minuto tuvo que parar y apoyarse contra las ásperas paredes de arena y arcilla.

                Jhon había dejado de respirar cuando aquel terrible monstruo le arrancó la cabeza de un zarpazo. Lanzó su cuerpo contra los tres chicos que aún permanecían inmóviles. El inerte cuerpo voló en línea recta hasta estamparse contra Tom, que cayó desplomado junto a este. Realmente no sabría decir si murió del impacto, si murió a causa de su fatigado corazón asustado o lo hizo la grasa que circulaba por sus venas. Pero murió. Ambos cuerpos quedaron amontonados.

Luck y Eric vieron como una sonrisa se dibujaba en el rostro del monstruoso animal. Unos dientes puntiagudos asomaron y al abrir la boca lo hizo su gruesa lengua, que uso para burlarse de ellos. Sin decir nada, salieron corriendo en la misma dirección que lo hizo Lorena. Justo antes de llegar a la bifurcación, Luck introdujo el pie en un agujero y venció su punto de apoyo. Un crujido le impidió levantarse. Al meter el pie la pierna quedó en una postura muy poco ergonómica, dejando la rodilla en una posición desafortunada. Al caer con todo su peso sobre ella, esta se desplazó del lugar donde debe estar; impidiendo el juego correcto de la articulación.

Los gritos de Luck eran comprensibles. Eric no podía hacer otra cosa que no fuera mirar hacia la oscura lejanía de la galería, esperando ver aquellos rojos ojos y las dos enormes orejas que sobrepasaban de más la altura del techo. A Luck no le sirvió de nada pedir ayuda, Eric le miró con dureza a los ojos y corrió.

Era un juego de supervivencia, y aquello le daría tiempo de pensar su tirada.

                Pasaron más de dos horas cuando por fin se vio una débil luz al final del túnel. Eric respiró profundo y recorrió los metros que le separaban. Poco a poco la inclinación del terreno se fue haciendo presente, hasta que tuvo que ayudarse de las manos para no resbalar.

Una hoguera iluminaba la estancia desde el centro. El tiro de la chimenea hacia su función y expulsaba el humo al exterior. La visibilidad era agradable, pero el olor era nauseabundo. En el lateral izquierdo había una manta negra que ocultaba un objeto rectangular de grandes dimensiones. Recorrió la sala y se dio cuenta de que era un viejo almacén donde antes se guardaba la instrumentación de mantenimiento del parque. Su estado cambio, y su cuerpo se llenó de alivio. Una puerta de dos banderas se presentó junto al objeto oculto. Eric corrió e intentó abrirlo de un golpe. La puerta estaba sellada desde el exterior. Cogió carrerilla y lanzó el hombro contra la puerta. Pero no había manera. Cuando su hombro se resintió dejó de intentarlo.

Unos llantos ahogados se escucharon detrás de aquel manto negro que cubría lo que allí hubiese. Como haríamos todos, Eric tiró de una de las esquinas y descubrió una jaula enorme. En su interior estaba Lorena, se encontraba desnuda y con las piernas amputadas. Tendida en un lecho de ramas y tierra la habían atado abierta de pierna. Los muñones se lo habían quemado para evitar que se desangrara. Las manos las tenía encadenadas por una cadena que se elevaba hasta los barrotes de la parte superior de la jaula. De ella salía un débil sollozo, un intento de ahogarse con sus propias lágrimas.

                Cuando la luz de la hoguera insidió en ella sus ojos se cerraron con fuerza y suspiró un lamento. Al volver a abrirlos se le inundaron de lágrimas cuando la silueta de Eric se reflejó en sus pupilas. Un grupo de palabras brotaron de su boca, apenas pudo comprender una. Eric se acercó a la jaula y la llamó intentando consolarla. Ella se movió con brusquedad desde su cautiverio y volvió a recrear la misma jerga.  

                Una horrible sombra le asaltó desde la retaguardia. Sin duda la de un horrible ser monstruoso y con forma de conejo.

Eric se giró para comprobar sus sospechas y antes de poder reaccionar, aquel terrible gigante asesino lo apresó.

  • Dentro. Follar. Procrear. Muchos seres humanos. Nosotros vender como mascotas.

Eric sintió un alivio en todo su cuerpo. Toda mi vida follando, pensó.

  • cuando tu no gustar hembra. Nosotros buscar nueva. Joven. – Aquel monstruo lo introdujo en la jaula con cuidad. – Comida. – Señaló un cuenco donde había un regurgitado con trozos de miembros triturados. – tu solo comer y follar.

Joder. Un chico de su edad, con aquellas premisas para mantenerse con vida. Es lo que todo jovenzuelo de nuestro siglo busca. Qué más da si para ello tiene que comerse a sus amigos. La vida es vive y deja vivir. A, no, vive y pasa por encima de quien haga falta para vivir.   

                Eric miró a los ojos a Lorena, luego le miró su parte íntima y dijo:

  • Hagamos lo que nos piden. 
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