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14 min
TERROR PARA ADOLESCENTES
Terror |
22.10.17
  • 4
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Sinopsis

Cumpliendo la petición de Jordi.

Un grupo de chicos y chicas estaba reunido en la sala de estudios del  IES Pedrouzos. Uno de ellos, un chico de cabellos dorados hablaba al grupo, con autoridad regia.

            –Bueno está noche lo hacemos, nos reunimos en la fraga de Bordón a orillas del río Sar, y lo hacemos.

El muchacho elevó el tono, para captar la atención del grupo. En ese instante todos lo observaron con atención y escucharon atentamente las instrucciones que el “chico de oro” les daba.

            –Ya sabéis lo que tenéis que traer todos, pero lo repito por si alguno se olvida, es importante que nadie falle. Tenéis que traer un espejo de mano, una vela blanca, una navaja, una bolsa de sal y una rama de laurel o de olivo.

            –¿Estás seguro de que va a funcionar?. –Le preguntó un chico moreno de complexión atlética.

            –Si José, va a funcionar, hoy se cumplen 70 años de su aparición, y mi abuelo nunca miente. Además todos hemos consultado las hemerotecas y hay constancia del acontecimiento en los diarios locales de la época. Todos visteis el programa de la semana pasada de Cuarto trienio, donde se hablada sobre esté tema.

            –No nos pasará nada, ¿no?. –Comentó una de las chicas.

            –Tranquilos, mi abuelo me dijo lo que hay que hacer, para que no nos pase nada.

Los chicos se marcharon de la sala de estudios en silencio, cada uno por su lado.

Pasaron las horas… Tal y como habían quedado, a las 10 en punto de la noche se reunieron todos, en la fraga de Bordón a orillas del río Sar. La noche estaba estrellada, la luna llena lucía en todo su esplendor, su reflejo iluminaba las orillas del río. Todo estaba en silencio, solo se escuchaba el sonido que producía la corriente del agua del río. El grupo de chicos y chicas se acercó a la orilla del río y empezaron a coger cantos rodados de la orilla, cada uno llevaba un montón de piedras, las amontonaron todas juntas y el chico de cabellos dorados, comenzó a hacer un círculo con los cantos rodados, mojados por el agua del río. Cuando terminó de hacer el círculo, el chico se dirigió al grupo.

            –Bueno ya estamos todos, coged de vuestras mochilas la bolsa de sal, y la vamos a echar, uno a uno haciendo una línea pegada a las piedras, empiezo yo, y cuando acabe mi bolsa, empieza el siguiente donde terminé yo y así sucesivamente.

Los chicos siguieron las instrucciones del “chico de oro” y vaciaron sus bolsas de sal haciendo una línea circular blanca.

            –Ahora vamos a hacer una hoguera, en el centro de círculo, cogemos leña en el monte y la dejamos aquí en el centro.

Los muchachos encendieron las linternas de sus teléfonos móviles, salieron del círculo y se perdieron por el bosque. Al cabo de un rato regresaron cargados de palos, los depositaron en el centro del círculo y el chico de oro, prendió la hoguera.

            –Coged las velas, es la hora de encenderlas. –Ordenó el “chico de oro” al grupo.

Todos siguieron sus instrucciones. El gesto de sus caras era serio, todos estaban concentrados. Cogieron las velas y se acercaron al chico de cabellos dorados, que sostenía un palo con una pequeña llama, con su mano derecha.

            –Pasad por mi derecha, os enciendo la vela, cogéis la rama de laurel y la echáis al fuego diciendo vuestro nombre en voz alta, seguido de las palabras. Yo estoy aquí.

Todos siguieron sus instrucciones, pasaron uno a uno, encendieron sus velas, recogieron la rama de laurel y la echaron al fuego, diciendo su nombre en voz alta.

            –Mí nombre es José y yo estoy aquí.

            –Mi nombre es Rebeca y yo estoy aquí.

            –Mi nombre es Carmen y yo estoy aquí.

            –Mí nombre es Mar y yo estoy aquí.

            –Mi nombre es Rodrigo y yo estoy aquí.

            –Mi nombre es Roberto y yo estoy aquí.

 

Por último el “chico de oro” pronunció su nombre y las palabras.

–Mi nombre es Xián y yo estoy aquí.

A medida que iban echando las ramas de laurel en la hoguera, las llamas crepitaban, y saltaban chispas doradas y rojizas, escucharon el canto de una Lechuza, y el sonido de los grillos frotando sus alas. Lo que antes era silencio absoluto, se había convertido en una suave melodía producida por los elementos de la  naturaleza. Se miraron los unos a los otros sonriendo, convencidos de que algo iba a suceder, el silencio se había roto, el canto de la lechuza y el canto de los grillos, les había subido los ánimos. Xián el chico de cabellos dorados habló al grupo.

            –Ahora os sentáis todos alrededor del círculo, con el espejo encima de las rodillas.

Todo el grupo asintió y con la cabeza y formó un grupo alrededor de la hoguera, Xian permaneció de pie, como maestro de ceremonias, sacó un papel del bolsillo de su pantalón.

            –Voy a recitar el conjuro que me dio mi abuelo, después de que lo diga yo, lo repetís todos conmigo en voz alta.

Mirando hacía las estrellas y la luna, Xián comenzó a recitar el conjuro.  Con su mano derecha sostenía el papel y con la izquierda el espejo.

            –Anad natrad, usbad bejud, dosiel tien be. Ahora repetid todos conmigo, Anad natrad, usbad bejud, dosiel tien be.

El grupo al unísono repetía el conjuro, Xián elevó su tono de voz, por encima de las voces del grupo.

            –Anad natrad, usbad bejud, dosiel tien be, escucha el conjuro de la creación, ¡señor de la oscuridad! atiende nuestras demandas.

 

El fuego de la hoguera aumento su fuerza, las llamas cambiaron de color, de un suave amarillo a un rojo intenso. Se escuchó el aullido de un lobo. El sonido del viento se hizo patente. El canto de la lechuza sonó con más fuerza, mientras Xián y el grupo seguían pronunciando el conjuro de la creación.

            –Anad natrad, usbad bejud, dosiel tien be.

El grito de una de las chicas, quebró el silencio y la tranquilidad del grupo.

            –Mirad el espejo. –Gritó Mar, con un gesto de horror en su cara.

En ese instante todos miraron el espejo. Un rostro oscuro, con los ojos de color rojo, se proyectaba dentro del espejo.

            –¡Tranquilos!. –Gritó Xian.

Todos se quedaron en silencio mirando atentamente el espejo. Otro grito rompió el silencio del lugar.

            –¡Dios! Mirad para fuera. –Gritó Carmen, aterrada.

Una manada de lobos rodeaba el círculo, con las fauces abiertas, enseñando sus grandes colmillos.

            –¡Tranquilos! No pueden hacernos nada dentro del círculo, ¡mantened la calma! Gritó nuevamente Xián.

José presa del pánico tiró el espejo al suelo. El espejo explotó y se rompió en mil pedazos, varias esquirlas del espejo rozaron la cara de los chicos produciéndoles pequeños cortes en la cara.

            –¿Qué has hecho, insensato? Le gritó Xián a José.

En ese instante, de cada uno de los espejos, empezó a salir como una especie de nube negra. Los gritos no se hicieron esperar, todos a excepción de Xián, tiraron sus espejos al suelo. Los espejos al tocar el suelo, explotaron nuevamente en mil pedazos, produciendo nuevos cortes a todos los chicos, que gritaban, presos de un ataque de pánico.

            –¡Quietos!, no os mováis, ¡sentaos en silencio!.

El grupo de muchachos hizo caso al maestro de ceremonias y se sentaron en el suelo, todos a excepción de Xián, pasaron sus manos por los pequeños cortes, tiñendo sus manos de sangre.

–No pasa nada, ya no hace falta la navaja para hacernos un corte…

Espetó Xián al grupo. Colocó el espejo con suavidad en el suelo.

Los lobos colocados en posición defensiva alrededor del círculo, aullaban sin cesar. El viento aumentaba en intensidad, las llamas de la hoguera, giraban como una especie de torbellino de color rojo sangre. Del espejo de Xián comenzó a salir una masa negra viscosa. Todos miraban atentamente el espejo, en ese instante Xián siguió pronunciando el conjuro, mientras la masa viscosa aumentaba de tamaño, tomando forma humana. Siete esferas luminosas, aparecieron de en medio de la espesura del bosque y se situaron alrededor del círculo. Un rayo iluminó la noche, el cielo comenzó a cubrirse de nubes negras, apagando por completo el brillo de las estrellas y la luna llena. Los lobos se quedaron en silencio, enseñando sus dientes. Un macabro silencio, enmudeció el lugar. La masa viscosa se irguió del suelo, se colocó enfrente del chico de cabellos dorados.  Aquel ser tenía una forma grotesca.

            –Arrodíllate ante mí. –Le ordenó Xián.

            –Yo soy el que te he invocado, arrodíllate ante mí. –Los gritos de José, quebraron el silencio.

            –Quitádmelas de encima, ¡socorro! Quitádmelas de encima.

El grupo miró extrañado a José mientras éste no dejaba de hacer aspavientos.

            –Quitadme éstas putas abejas de encima.

Carmen se acercó a José y lo agarró del brazo, intentando calmarlo.

            –José no tienes nada, no hay abejas. –Exclamó Carmen.

Carmen sintió una fuerte punción en su mano, e instintivamente soltó el brazo de José, se observó la mano, mientras el ritmo de su corazón se aceleraba. Tenía una enorme picadura, que latía en el dorso de su mano. José exclamó entre gritos de dolor.

            –Tengo que salir de aquí.

            –No lo hagas. –le gritó Xián.

José presa del pánico salió del círculo, uno de los lobos de un salto se abalanzó sobre él, mordiendo su cuello, José emitió un último grito, ahogado por la sangre que manaba por su boca. El cuerpo inerte del chico, convulsionaba en el suelo, ante la atenta y aterradora mirada del grupo. Mar gritó presa del miedo, mientras observaba, como la mano del ser viscoso se convertía en una gran garra y penetraba en el pecho de Xián. El ser tiro con fuerza hacia atrás, sacando el corazón de las entrañas del chico. Xián se desplomó como un árbol recién talado. Aquel ser oscuro y brillante como el azabache, exhibió su trofeo al grupo y comenzó a devorarlo. Gritos desgarradores de terror perturbaron el silencio. Rodrigo sacó de su mochila un puñal y se encaró con el ser.

            –Vas a morir ¡cabrón! –Gritó con un gesto de ira en su cara.

Con un movimiento felino, Rodrigo hundió el puñal en el pecho de aquel ser, quiso tirar del puñal para asestarle otra puñalada, pero el puñal se quedó encajado en el cuerpo viscoso del ser, Rodrigo desesperado miró a su alrededor, cogió un palo del suelo.

            –Roberto ayuda a Rodrigo. –Gritó Mar.

Roberto miro a Mar, temblando como un junco azotado por el viento. Rodrigo asestó un palastrazo en la cabeza del ser, el monstruo agarró con su garra derecha el cuello de Rodrigo y lo levantó en el aire. Mar se acercó a la hoguera, cogió un palo en llamas y lo introdujo en las fauces del ente, la garra se abrió y Rodrigo cayó al suelo, Mar tiró de él hacia la hoguera. El ser agarró el palo y lo sacó de su boca, una bocanada de humo salió de la boca del monstruo.

            –Haz algo, ¡joder!. –Le recriminó Mar a Roberto.

Roberto en un ataque de pánico huyó, saliendo de la “protección” circular, nada más cruzar el círculo, otro lobo se abalanzó sobre él, rasgando su cuello de un mordisco, Roberto emitió un leve sonido, burbujas sanguinolentas mezcladas con saliva, salían de su boca, tiñendo su cara de sangre fresca. Rebeca y Carmen ayudaron a Mar a tirar de Roberto. Los cuatro amigos se colocaron detrás de la hoguera, el ser permanecía quieto en el mismo sitio. Mar le daba pequeños golpes en la mejilla a Rodrigo, intentando que recuperase la consciencia. Horrorizadas, las tres chicas observaron, como de la boca de su amigo salía un líquido viscoso negro, Rodrigo abrió los ojos. Las tres chicas gritaron al ver los ojos negros como el azabache de su amigo. Las tres compañeras recularon aterrorizadas, separándose del que hasta ese instante era su amigo. Levantaron la mirada y observaron como el ser se descomponía, formando una especie de charco de alquitrán burbujeante. La masa viscosa cambió de forma, parecía una gran anaconda negra, el ser con forma de serpiente, se deslizó zigzagueando hacia el interior del espejo. Sin ser consciente, Mar sacó su mano del círculo, uno de los lobos, de un mordisco arrancó un dedo de la mano de Mar. La chica farfulló un terrible alarido de dolor.

            –¡Joder!, mi mano. –Gritaba con la cara desencajada por el dolor.

Rebeca se sacó su camiseta y envolvió con ella la mano de su amiga. Rodrigo se levantó del suelo y se dirigía con paso firme hacia las tres chicas. Carmen se levantó de un salto y corrió hacía el espejo, Rodrigo alzó su mano derecha, señalando a Carmen con su dedo índice, la chica se quedó inmóvil. Hacía gestos con el cuerpo de querer moverse pero una fuerza invisible se lo impedía. Mar dio un salto y con un gesto felino, cogió con su mano sana, un palo de la hoguera y le propinó un fuerte golpe en la cabeza a su amigo. Receba salió por el lado contrario corriendo hacia el espejo. Roberto levantó su otro brazo señalando con el dedo a Rebeca. Ésta también se quedó inmóvil. Mar seguía asentando golpes en la cabeza a su amigo, pegó un grito, agarró con las dos manos el palo y propinó un golpe terrible en la cabeza a Roberto, una gran brecha se hizo visible en la cabeza de su compañero. De la brecha, comenzó a salir un torrente de líquido viscoso, mezclado con los sesos del chico. El cuerpo de aquel chico se desplomó en el suelo. Las chicas quedaron liberadas de la fuerza invisible que las retenía, Carmen recogió el espejo del suelo y comenzó a recitar en voz alta el conjuro.

            –Anad natrad, usbad bejud, dosiel tien be.

Mar y Rebeca se arrodillaron y gritaban al son de Carmen el conjuro. La masa viscosa que había abandonado el cuerpo de Rodrigo, se dirigía serpenteante hacia el espejo, Carmen se arrodilló agarrando con sus manos el espejo, poco a poco aquella viscosidad se introdujo totalmente dentro del espejo. Carmen tiró el espejo dentro de la hoguera. Las tres chicas escucharon una explosión, el fuego bajo de intensidad, el viento ensordeció, las nubes se disiparon despejando el cielo. Las estrellas y la luna brillaban con más intensidad. Las tres chicas se abrazaron, mientras los lobos desaparecían en la inmensidad del bosque. Solo las esferas luminosas permanecían inmóviles, centelleando alrededor del círculo. Se escuchó el tintineo de una campana en medio del bosque, las esferas luminosas desaparecieron en procesión.

            –Ahora, ¿Qué va a pasar? .

Preguntó Mar a sus compañeras, mientras las tres, observaban los cuerpos sin vida de sus compañeros. 

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