cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
Through Time
Ciencia Ficción |
05.09.16
  • 4
  • 0
  • 1906
Sinopsis

En la actualidad las personas recurrimos a jugar través del tiempo y mundos irreales, para poder alejarnos del mundo real. ¿Pero cual de los dos será el mejor?. Sin lugar a dudas cada uno tiene sus peculiaridades

   La habitación era la imagen de una vieja pintura, triste y sin colores vivos. Ya no se ve caminar a ninguna alma por el maltrecho camino, a unos metros de la humilde casa donde llegamos a duras penas durante la madrugada. Estoy asustado, cansado y hambriento. Mi uniforme remendado y sucio, es lo único que me queda de los días de canticos y de gloria que vivimos unos años atrás. Hoy todos pensamos solo en huir, en cruzar los Pirineos y largarnos de la sombra asesina de Franco. Apenas dormí una hora, las otras dos me las pase maquinando algún plan para mi actuar en Francia. Quiero irme ya mismo, este lugar ya fue conquistado por el terror de ser capturado. Pero algo me impide iniciar la marcha. Juan Luis aun respira.

   La puerta débil y de madera se abre de pronto y una mujer joven nos sonríe y saluda con el puño en alto. Coloca dos vasos de agua en el piso, a un lado de donde dormimos. Su fino cabello corto ocultaba un rostro algo pálido, y entre esa limpia cortina pude apreciar el fuerte reflejo del azul de sus ojos. Su aparición empezó entonces a darle color a la habitación, como si el pintor de la vida hubiese decidido regalarnos una ilusión visual. La miré fijamente y le sonreí.

– ¿Brigadistas Internacionales, verdad? – Preguntó y se acercó al lado de Juan Luis colocando una mano sobre su frente.

– Si – contesté sin dejar de admirarla. De pronto me vino a la mente todo el tiempo que no había estado con una mujer. Perdí la cuenta de los días y meses. Pero al verla, el instinto sexual de todo hombre empezó a bañar mis pensamientos.

– Debes de querer mucho a tu amigo para no abandonarlo. Los fascistas están ya cerca – me correspondió con una dulce mirada

– Es más que eso, es un hermano – le sonreí.

   Cogí un trapo improvisado, hecho de un retazo de la manga derecha de Juan Luis y empecé a secar el sudor de su rostro. Entonces volví a la realidad. Si bien es cierto mi compañero ya no se quejaba, pero de puro hombre; sabía que estaba mal. Muy mal. Empecé a darle aire con una descosida almohadilla. Su cuerpo entero estaba bañado en sudor. Intenté imaginar  que la mujer no estaba presente. Pero no pude, me gustaba, si. Era algo delgada pero con el físico exacto para una silueta perfecta. Un concepto que llamamos hoy en día, cuerpo de modelo.

– Tengo marido – me sonrió levemente, captando otra vez mi atención

– Discúlpeme – bajé el rostro. Me sentí algo avergonzado

– No se preocupe. Imagino lo difícil que debe de ser, estar en el frente – dijo apartándose a un paso del herido

– No volveré a incomodarla y le agradezco enormemente, el habernos permitido pernoctar en vuestra casa

– Solo hago lo que espero que también hagan con mi marido

– ¿En donde esta?

– Con Líster, vaya a saber donde está ahora. No tengo carta alguna desde hace dos meses.

– Volverá por usted seguramente – la animé

– Eso espero – suspiró y seco una pequeña lagrima que surcaba la mejilla derecha

Extrajo una manzana de su mandil, grande y roja que relucía sabrosa y fresca. La colocó junto a los vasos.

– Solo pruébala si en el camino a Francia, en algún momento sientes que las fuerzas te faltan – dijo con más confianza

– Gracias – Sonreí

   Se dirigió hacia la puerta dándome la espalda. Antes de cruzarla se detuvo. Giro hacia nosotros, se acomodó el cabello hacia atrás y me regalo la más hermosa y dulce sonrisa. Una que estaba seguro nunca olvidaría. Sus grandes ojos azules se cerraron y sin decir adiós, dio la vuelta y abandonó la habitación.

   Guarde la fruta en mi morral. Haría caso del consejo de la joven. No pude preguntarle su nombre. Pero a estas alturas ya nada de eso importaba. Solo había que pensar en cómo salvar el pellejo. Entonces, decidí dormir, con la mente agotada no podría tomar buenas decisiones. Cuando desperté, se escuchaba algunos pajarillos que revoloteaban en el árbol cerca a la ventana. Me asome cuidadosamente por un par de minutos para medir la existencia de algún peligro. Nada. La paz reinaba en aquel lejano lugar.

   Volví hacia Juan Luis, estaba agonizando. La infección de sus heridas de metralla, había hecho ya su trabajo. De pronto sin poder abrir los ojos empezó a hablar a duras penas.

– Aun no te has ido…

– No podría hacerlo. Sabes que te acompañare hasta el final. Eres mi hermano.

– Les dimos en la madre eh… – sonrió

– Te llevaste algunos por delante – le tome de la mano

– Cuando termine todo y llegues a casa – empezó a escapar sangre de su boca – dile a mi familia que los amo, que siempre…

– Así lo hare – interrumpí – pero ya no hables por favor. Sigue descansando. Aun falta mucho tiempo para culminar el día

– Lo que más rabia me da…es tener que morir en esta huida y no en la ciudad universitaria o en el Ebro

– Tu siempre pensando en la gloria. Por eso me enviaron, porque sabían que no solo te conformarías con tu misión. No, un tipo como tú, amante de la historia no podría dejar la oportunidad de vivir esta guerra

Juan Luis sonrió. Apretó fuerte mi mano. Pero poco a poco su rigidez se fue desvaneciendo

– Ahora le preguntare a Dios – respiro con algo de fuerza – ¿porqué permitió todo lo que vendrá después?

– Hazlo por mí también, hermano – Sonreí

   Segundos después, Juan Luis murió. No escuche más, ningún intento de respirar. Retiré el dije de acero de su cuello que contenía el dispositivo del registro de su misión y lo guarde en el morral. No había más que hacer en aquel lugar. Llegue a la España Republicana para traer de vuelta a Juan Luis, pero decidí acompañarlo a vivir su sueño. Le debía ese favor. Sin sus concejos y ayuda no habría sido en el futuro, un buen estudiante, ingeniero y padre. Ahora solo me quedaba una sola vía para volver a casa. Llegar a Paris y contactarme con un Profesor de Historia que era el contacto para todos los policías “Through Time”, en el albor de la segunda guerra mundial.

   Tome el camino del norte por unas horas. Y entonces me reencontré con la realidad del éxodo de los republicanos. En cada trecho solo me encontraba con baúles y muebles que abandonaban los civiles. Todo aquello que pudiera retrasarlos. Muertos y heridos también eran parte del paisaje. Me senté bajo la sombra de un árbol y el hambre apareció. No dude entonces, en comer la manzana. Pero luego mi mente empezó a trabajar. Como si hubiese bebido algún revitalizador cafeinado. Recordé todo desde el principio. Me ofrecí a buscar a Juan Luis en 1937. Había cumplido la misión de enviar el original de unos bonos bancarios que se perdieron durante la guerra. Pero Juan Luis decidió no volver. La agencia no podía darse el lujo de perder a su mejor elemento. Y les ahorre dudar en qué hacer. Yo lo conocía muy bien, la guerra civil española había sido nuestro tema de investigación para ingresar a la agencia. Sabía cual sería su siguiente paso, con seguridad se dirigía a Albacete, no había dudas.

   Tenía que impedir que lo mataran en el frente. Traerlo de vuelta, así sea por la fuerza, era mi misión. No llegamos al punto de encuentro para volver a casa. Me deje convencer a ser parte de su sueño. No me arrepiento de haberlo hecho. Lo que vivimos vale por mil vidas. Yo soy hijo único y Juan Luis se convirtió literalmente en mi hermano desde hacía mucho tiempo. No podía dejarlo solo en su loca aventura. Cuando el ocaso llegó para la Republica, quisimos volver, pero el infortunio se cruzó en nuestro camino.

   La cabeza empezó a darme vueltas y un fuerte dolor gobernó mi cerebro. ¡Dios sí que fue horrible! Transcurrió algunos segundos y me desmaye. No sé que más ocurrió ni cuánto tiempo transcurrió. Desperté desnudo en una cama. Con cables multicolores conectados a todo mi cuerpo. Tarde unos segundos en ubicarme y poder ver con algo de claridad.

– ¿Miguel Mejia, se encuentra bien? – Me sonrió un obeso hombre que parecía un doctor – ya está de vuelta en casa – sonrió

– ¿Qué sucedió? ¿Y Juan Luis? ¿Cómo volví? – aun seguía consternado, no entendía que ocurrió

– Tranquilícese amigo – me decía mientras sobrepasaba un artefacto sobre mi pecho – usted decidió volver. Ya le habíamos extendido el tiempo del servicio plus. No podrá quejarse amigo, tuvo su historia en la época que quiso

– Sigo sin entender

De pronto sentí unas manos que secaban mi frente con un pañuelo. Una asistente se colocó a mi izquierda.

– ¿Deseas una manzana? – Me susurro una suave y mentolada voz

Giré para ver de quien se trataba. ¡Era ella! La mujer de la casa. Ahora vestía de un uniforme blanco que la hacía ver más hermosa que antes

– Pero…tu

– Te pones así cada vez que vuelves de las misiones que creas para “Through Time”. Eres el mejor de los desarrolladores y te encanta ser el primero en experimentar tus creaciones

– Entonces yo…

– Duerme una hora y luego te lo cuento todo en la casa – Me regalo esa hermosa dulce mirada que me encantaba – ¿O tampoco recuerdas que estamos casados?

– Es ahora cuando prefiero la vida real a la realidad virtual – sonreí

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Me encanta escribir, inventar historias donde convergan el amor, el odio, intrigas, heroismo etc....de todo. Y claro me encanta leer, prefiero novelas situadas en otras epocas, no de la actualidad. www.desayunosylonches.com

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta