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5 min
Tiempos de Guerra.
Amor |
07.12.17
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Sinopsis

1917. La Primera Guerra Mundial estaba en sus últimos años de esplendor.
EE.UU actuaba como aliada y la oscuridad y devastación reinaba en el campo de batalla.
Hubo un gran número de bajas y heridos, entre ellos, Michael.
Michael había resultado herido durante la guerra una incontable cantidad de veces y siempre que iba a la enfermería le atendía Anastasia.
Anastasia y Michael habían congeniado desde el primer disparo que Michael recibió en el brazo.
Y las veces que no estaba herido se acercaba a la enfermería para saludar, para sonreír y sentirse completo. La guerra era una experiencia que no solo dejaba un marca física, sino también psicólogica.
Michael tenía pesadillas todas las noches, pero cuando veía a Anastasia durante el día esa herida que no dejaba de supurar y sangrar en su interior se curaba un poco más.
Anastasia siempre sentía un nudo en su estómago cuando Michael salía a luchar. No soportaba la idea de no volver a verle o por el contrario, verle sin vida.
Para él, el mar se sus ojos nublaba la vista.
Para ella, su voz era como canciones llenas de inocencia, melódica y suave.
Eran perfectamente imperfectos el uno para el otro, pero ninguno se atrevía a expresar lo que sentía.
No era momento ni lugar para enamorarse, pero no podían elegir. No podían enterrar lo que sentían porque el tiempo no estaba a su favor.
Un día, empezaron a bombardear el campamento.
Todos intentaban refugiarse tras los fuertes rezando por no morir.
A medida que las bombas tocaban tierra y explotaban, soldados saltaban por los aires. Algunos sobrevivían, heridos y con quemaduras, pero no duraban demasiado. Otros, simplemente, no duraban.
Michael consiguió, junto con un reducido grupo de soldados, llegar a la enfermería.
Lo primero que hicieron Anastasia y Michael fue buscarse con la mirada, desesperados.
Todas las enfermeras estaban aterrorizadas, los soldados heridos no podían levantarse de las camillas. Era la clara imagen del caos.
Cuando se encontraron corrieron a los brazos del otro. Anastasia estaba temblando. Sus lágrimas empapaban el uniforme de Michael.
— Vamos a morir. — dijo entre sollozos.
— Todo va a ir bien.— dijo Michael intentando encontrar algo de serenidad en su voz.
Anastasia se negaba a creerlo. El pánico se apoderaba de ella.
Michael acarició su rostro, húmedo y triste y posó su frente contra la de Anastasia.
— Si muero, al menos, moriré en paz porque te he conocido y tu rostro será lo último que haya visto.
Y con el ruido de las explosiones, de las caídas de las bombas y de la desesperación se besaron, prometiéndose encontrarse más allá de lo mundano.
Y con ese dulce momento grabado en sus mentes, con el sonido de una bomba acercándose preparada para explotar, permanecieron con los ojos cerrados, unidos para toda la eternidad.

2017. Nueva York. La noche arropa la gran ciudad llena de estrellas de luces.
Se escuchan tiroteos en la calle,  la policía se enfrenta con unos ladrones armados que acababan de atracar una tienda.
John corre detrás de ellos, entre disparos, cuando un ladrón acierta y hiere a John en el brazo.
John siempre ha sabido que quería ser policía. Era algo que no podía explicar, simplemente nació queriendo ser polícia.
Definitivamente, John no estaba teniendo un buen día.
Llevaba días sin dormir, no paraba de soñar que combatía en la guerra.
Los ladrones escapan y los compañeros de John le llevan al hospital.
El dolor es intenso, siente como la sangre, caliente y viscosa recorría el brazo.
Nunca le habían disparado, era un dolor insoportable.
Cuando llegaron al hospital, las enfermeras le tumbaron en una camilla mientras esperaban a la doctora.
John tenía los ojos cerrados, no podía abrirlos del dolor ni tampoco podía ver el estado tan desagradable en el que estaba su brazo.
Cuando la doctora llegó, intentó extraerle la bala. Tardaron más de lo previsto porque John no paraba de retorcerse de dolor.
Cuando lo consiguieron y le cosieron la herida, John se había tranquilizado y había abierto los ojos.
— Ya está.— dijo Amanda, la doctora que le había atendido. 
Amanda siempre supo que quería ser doctora, sentía una conexión muy fuerte con esa profesión. Siempre ha pensado que estaba destinada a serlo.
Su voz era dulce, aunque también cansada.
Llevaba días sin dormir muy bien, no entendía porque soñaba con la guerra.
Cuando John giró la vista y se miraron sintieron una conexión extraña. Era aterradora como con solo mirarse parecía que se conocían de toda la vida, cómo si estuviesen destinados a encontrarse.
Para ella, el mar se sus ojos nublaba la vista.
Para él, su voz era como canciones llenas de inocencia, melódica y suave.
Ambos sonrieron y sintieron como sus almas se encontraban, finalmente, después de años y años de búsqueda.

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Me gusta mucho la música y la fotografía pero,sobretodo,me gusta mucho escribir. Es una forma de expresarme y de hacer que mis ideas vuelen y cobren vida. Mi mejor amiga se resume a la música,y mis hermanas,a la escritura y a los libros. He viajado gracias a todas las historias escondidas en cada libro. He vivido muchas historias de amor. He vivido en futuro muy lejano,he viajado a mundos fantásticos. Gracias a esto,estoy conociendo a gente maravillosa con las que me gusta compartir mis días. Muchas personas no lo entienden...Sinceramente,no hace falta que lo hagan.

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