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7 min
TORMENTA
Drama |
16.02.14
  • 4
  • 5
  • 2071
Sinopsis

La tormenta, el demonio de los cielos.

          Peligroso y tenebroso, el cielo se cubrió de grisáceas nubes y de nubarrones de tormenta. El sol asustado ante el peligro, se ocultó detrás de aquel manto oscuro, intentando buscar cobijo ante aquello que se avecinaba. Unas gotas de agua comenzaron a caer sobre la tierra reseca, humedeciéndola por momentos. Esta, sedienta pidió más y la lluvia comenzó a caer con más continuidad, veloz, confundiéndose con en el firmamento. El viento empezó a soplar con fuerza rompiendo el suave esquema que creaban las gotas de agua al caer en el suelo. Éste, silbando en su afán de amedrentar a cualquiera, fue interrumpido por un rugido lejano, casi indescriptible, pero un detonador en todos los sentidos, que rasgó el cielo. De repente, algo explotó entre las nubes, cómo si un cometa hubiese impactado contra la tierra y miles de fuegos eléctricos hicieron temblar todo. 
Uno tras otro comenzaron a escucharse ruidos estruendosos y unos destellos fantasmagóricos alumbraron el cielo nocturno. La lluvia caía sin cesar y su tintinear era interrumpido por el ruido sordo de los relámpagos al hacerse escuchar. El viento, era en aquel momento un silencioso compatriota, comparándolo con los truenos que caían sin parar, sin tregua, incesables. 
En el aire se olía la humedad del ambiente y el alboroto creado por la tempestad ensordecía.
De repente entre la el ulular del viento y la caída del agua algo invisible una fuerza eléctrica arremetió contra un árbol. Al momento, este comenzó a arder, abrasándose por aquel sofoco traidor que le destrozaba. Cuando cualquier fragmento de vida abandonó a lo que antes había formado parte del ambiente de aquel paraje, otro árbol se incendió y se carbonizó en seguida ,sin que la gotas de agua pudieran salvarlo. A continuación, cayo otro, y otro más, cómo soldados que se despedían de su patria, al no poder continuar en el campo de batalla combatiendo al opresor.
Al poco, la tierra se llenó de troncos chamuscados, sin vida, y las llamas rodeaban aquel campo, ahogando entre aquel humo oscuro cualquier esperanza de vitalidad. Los truenos seguían cayendo, sin remordimientos, haciendo temblar cada fibra de todo ser vivo, amordazándolo completamente, llenándolo de temor. La hierba ardía ante el abrazo mortal del fuego y el viento huracanado segaba el oxigeno, el cielo lloraba y escupía lenguas de humo. El firmamento, lleno de estrellas heridas y palpitantes, seguía intranquilo sin dejar de sollozar. No había salvación. Aquello ere un caos. Pero nunca hay que perder la esperanza ya que siempre hay un atisbo de luz escondido en cualquier rincón. Poco a poco, el cielo comenzó a despejarse, expulsando a todas las nubes oscuras. Los relámpagos dejaron de alumbrar aquella noche y la lluvia empezó a cesar, dando fin  a su crepitar incesable. Las llamas se extinguieron y una cortina de humo fue arrastrada por el viento. Al poco, todo quedó tranquilo, y el lugar respiró, aliviado a pesar de la senda de destrucción causada por la tempestad. A lo lejos, un breve estallido de luz dio por finalizado aquel episodio tan desolador. La tormenta había amainado.

       

          Cuando aquella fría noche el mal despertó de su letargo  el mar experimentó por primera vez el más profundo horror. Aterrado trató de escapar golpeando los afilados peñascos asestando golpes sin descanso aun sabiendo que no había nada que hacer. De entre las oscuras nubes que adornaban el negro firmamento una energía tan maligna como inhumana hizo acto de presencia  soltando a su vez un aullido de triunfo que helo cada fibra de todos los seres que habitaban el mundo. De repente una continua lluvia de afiladas cuchillas heladas comenzaron a descender a una velocidad vertiginosa mientras millones de gotas corrosivas la acompañaban hacia abajo. Otro aullido victorioso contrajo el corazón  de centenares de criaturas que trataban de huir o por mar o por aire. El océano seguía en su afán de derribar las paredes rocosas que le aprisionaban mientras los mortíferos proyectiles descendían sin remedio. El mal rugiendo con fiereza rompió parte de las cadenas que le aprisionaban y una garra asesina cargada de fuerza eléctrica alumbró entre las sombras de la noche amedrentando hasta a sus propios miembros. Muerto de miedo el mar busco fuerzas donde no las había y golpeó la pared más cercana. Esta ni se inmuto y el silencio más profundo llenó aquel lugar. Entonces el feroz ataque  aéreo empezó a dañar la tierra y el agua. Millones de gritos de dolor y de incertidumbre empezaron a escucharse por todos los rincones. Sin embargo las frías dagas y las gotas de agua negra caían sin cesar hiriendo las plateadas olas del mar, las frágiles alas de las gaviotas, ensuciando y envenenando los cuerpos de los peces asustados... El demonio de los cielos enseño una hilera de afilados dientes perfectos, colmillos que simbolizaban el principio del fin. Todo el firmamento empezó a cargarse de electricidad y varios estruendos ensordecieron los bramidos del océano. Los riscos seguían interponiéndose en la huida de las aguas que trataban de escapar del frío hielo y de la masa oscura que dañaban su acuoso cuerpo. Nuevas atronadoras bombas iluminaron en la noche y el cuerpo del maldito pudo verse imponente, desafiante y tenebroso. Con una sonrisa de superioridad dibujada en su rostro monstruoso, el ser bramó algo y un relámpago surgió de la nada rasgando el cielo y destrozando un risco que sobresalía de los demás. Las rocas cayeron con fuerza sobre el agua creando una honda expansiva y la evacuación de miles de seres vivos. Seguidamente otro relámpago centelleó antes de partir por la mitad otro pared rocosa que se derrumbo ante el miedo y el temor de los animales marinos. El mal parecía feliz ante la desesperación que se palpaba en el ambiente y alzando las manos hizo que millones de centellas relámpagos y truenos cayeran con toda su furia sobre el intranquilo mar. Obedientes las fieras eléctricas empezaron a destruir y crear el caos. El cielo se llenó de serpientes multicolores que escupían cargas de energía para después enroscarse alrededor de su amo. Las olas trataron de que el ataque fuera menor pero sucumbieron al instante ante los mortales aguijones de la marea eléctrica que se encaró con el agua. El océano enteró empezó a gritar loco de dolor al sentir en lo más profundo la energía que lo debilitaba. Las riscos fueron cayendo uno por uno dejando en su lugar una hoguera ardiente que empezó a expandirse con rapidez.                                    En pocos minutos ningún animal seguía con vida y el océano estaba al límite. De repente comprobó que tenía vía libre ya que las paredes que le impedían la huida ya no estaban. Sufriendo la parálisis por todo el cuerpo se arrastró hacía la salida. El mal seguía mandando destrucción y parecía que incluso en lo más alto se sufrían las consecuencias. Aún esperanzado el mar dejó que la fuerza del espacio la arrastrará hacia su salvación. Cerró los ojos y se dejó llevar. Finalmente sintió que malherida pero viva su alma escapaba de aquella destrucción. Metros más arriba los gritos de locura del demonio ahogaban el sonido de los truenos imparables y el crepitar del fuego solo era un murmullo. Y así un océano entero cargado por muchísimos voltios empezó su curso hacía un pequeño pueblo que ajeno a todo esto dormía sin saber que pronto el mundo que creían poseer les poseería a ellos. A lo lejos el mal sonrió.

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  • Gracias por tu comentario y valoración Antopealver. Tengo un largo camino por recorrer.
    Es un verdadero alivio que un chico tan joven como tú, muestre tanta sensibilidad a la hora de narrar. Si te gusta escribir, tienes madera para ello. Sigue aprendiendo y puliendo defectos, pero sigue. Te felicito.
    Gracias por tus comentarios y tu valoración. Puede que los relatos hayan sido demasiado extensos.
    Hola amigo, tu capacidad narrativa salva estos (para mi son dos uno "Despurs de la tormenta viene la calma Y El apocalisis en el Mar) relatos descriptivos. Un poco largos para mi gusto. Bueno, cumplo con mi deber de conciencia Esta critica ratifica la sinceridad de mis comentarios.
    Hola amigo, tu capacidad narrativa salva estos (para mi son dos uno "Despurs de la tormenta viene la calma Y El apocalisis en el Mar) relatos descriptivos. Un poco largos para mi gusto. Bueno, cumplo con mi deber de conciencia Esta critica ratifica la sinceridad de mis comentarios.
  • Entonces...el bosque tuve que pagar las consecuencias.

    Una carta cuyo contenido supone un antes y un después.

    Nunca se sabe lo que se puede llegar a escuchar a través de las paredes.

    Un accidente y dos historias.

    Relato hermano gemelo de "Rutina y agresividad", relato mio anterior a este.

    Hay lugares, a los que una vez dejados atrás, es mejor no regresar.

    La tormenta, el demonio de los cielos.

    Lo que puede pasar en una noche...

    Llegaba el final y él solo sentía frío.

    Él esperaba a las puertas del cine cuando empezó a nevar.

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A mis 18 años llevo toda mi vida escribiendo. Amante de la escritura, de la lectura, de la música y de la natación. Estudiante de derecho e ingenuo y soñador por naturaleza. También clarinestista, pianista y guitarrista.

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