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6 min
TORMENTO Y PASIÓN
Varios |
05.05.18
  • 5
  • 10
  • 162
Sinopsis

Un drama que los que son dominados por una pasión entenderán.

                                            TORMENTO Y PASIÓN

 

— ¡Huevóndemierdascarajo!

 Con la cara roja, y las manos torpes, Inocencio Vivas metió la llave en la cerradura y trató de abrir la puerta que no se abrió. La cólera le cegó el pensamiento.

—  ¡Chamadremierdas!

Pateó la puerta, y la empujó hasta que la chapa se abrió de un salto, y entró de prisa, maldiciendo al inútil de su hijo por quien había malogrado la puerta. La cólera le aumentó, y con mayor ímpetu casi corrió por el pasillo, quitándose la correa y envolviéndose la parte de la hebilla en la mano. Cruzó la sala sin mirar a su esposa que servía la comida, y llegó hasta el cuarto donde vivía el malagradecido. Abrió la puerta de un patadón, y pudo ver al parasito ese, sentado en la cama, con la falsa sorpresa de quien pretende fingir inocencia. Esa hipocresía era lo que más le molestaba. Antes que dijera algo se fue sobre él, y empezó a descargarle los correazos tratando de bajarle las manos con las que se protegía; pero el salvaje ni siquiera se quejaba. Debía estar tan curtido que los golpes no parecían dolerle, así que buscó otra forma de provocar verdadero sufrimiento en el canalla.

— ¿Dónde está, carajo?, le gritó. ¿Dónde está? ¿Dónde lo has escondido?

 Y  sin esperar respuesta se puso a buscar entre las cosas, tumbando las sillas, la caja de ropa, y la fila de libros, sin encontrar lo que buscaba. Solo cuando se acercó a la cama, vio en su cara un matiz de temor, que comprobó al levantar la almohada y ver un cuaderno de tapas azules, casi cubierto por las frazadas.

— ¡Aquí estaba, mierdas!, gritó apartando las manos del malcriado  que convertía su sangre en vinagre de solo pensar que era su hijo.

Jaló con furia el cuaderno, arrancando una tapa que tiró al suelo, y siguió arrancando las hojas con furia creciente.

— Por esta cojudez, carajo, gritaba  Por esto. Voy a quemar tus zonceras,  carajo, ya te he dicho. Cánsame nomás, cojudo. Cánsame nomás, y vas a ver cómo te pongo en la calle para ver cómo te mueres de hambre, inútil de mierda.

En ese momento, la señora Asteria, su esposa, apareció en la entrada del cuarto con una mueca de preocupación, y llamó, dulcemente:

— Inocencio, ¿qué pasa?

Don Inocencio volteó, y exclamó, como aliviado de encontrar una oyente con quien descargar su desgracia:

— Casi me caigo de la escalera por estar subiendo las piedras para llenar el muro, y ni quien me ayude a hacer la mezcla. Casi me he caído de arriba del muro, y tu hijito, bien gracias, echado en la cama el niño haciendo cojudeces. ¡Que me canse nomás ya le he dicho! ¡Que me canse nomás va a ver cómo lo pongo en la calle, y no entre, así duerma en la puerta como un perro!

— Rome, dijo la mujer dirigiéndose a su hijo. ¿Y por qué no lo ayudas a tu papá?

— No me dijo nada, balbuceó el muchacho con expresión estúpida.

— No tiene que decirte tampoco, dijo la mujer.  Tú sabes que está armando las columnas donde Peñafiel, y necesita que lo ayuden.

— ¡Cánsame, nomás cojudo, ya te he dicho!, dijo don Inocencio. Cánsame nomás. ¡Ni un centavo te voy a dar, carajo, por más que me pidas! Si quieres comer vas a trabajar…

— ¡Anda, ponte la ropa de trabajo de una vez para que vayas!, dijo la mujer.

— ¡Ya para qué!, dijo el hombre. ¡Solito he tenido que armar las dos columnas sin que me ayuden! ¡Casi me he caído de la escalera todavía! ¡Me he raspado la pierna, y se me ha roto el pantalón!

— ¡Y este muchacho en la casa sin hacer nada!, dijo la mujer, preocupada. ¡Quítate el pantalón mientras que almuerzas! ¡Voy a coser…!

— Hoy ya no voy a ir, dijo el hombre. Tengo que esperar que las columnas sequen para sacar las tablas.

— Entonces mañana … ¡Mañana vas a ayudar a tu papá!, advirtió al chico.

— ¡Qué inútil este muchacho, carajo!, dijo el hombre. ¡Para nada sirve, Dios mío! ¡Yo a su edad me ganaba la vida en las minas de Marcona, y este niño, ocioso como él solo! ¡Yo no sé qué va a ser de su vida, Dios santo! ¿Por qué nos habrá salido este hijo tan inútil, carajo! ¡Que me canse nomás, va a ver!

— Ven a almorzar, dijo la mujer, agarrando del brazo a su marido y jalándolo suavemente para salir del cuarto.

— ¡Que me canse nomás vas a ver!, dijo el hombre tirando el cuaderno y mirándolo con odio.

La mujer y el hombre salieron del cuarto quejándose amargamente, y el muchacho se quedó con el rostro culpable y mirando  el suelo. Las voces se fueron alejando hasta convertirse en un murmullo airado y quejoso del que se distinguían algunas palabras, hasta que por fin se oyó el tintineo de los platos y el cucharón en el otro cuarto.  

Suspiró, cansado, y se inclinó cautelosamente a recoger los restos del cuaderno. Acomodó el único forro que le quedaba. Alisó las hojas en blanco que estaban al final y las depositó en la cama con delicadeza.

Buscó el lapicero que había escondido debajo de la almohada, y se quedó mirando la página con expresión ida y preocupada.  Pareció animarse. Acercó el lapicero a la hoja con torpeza y decisión, se detuvo dudando un rato, y después empezó a escribir:

 

— ¡Huevóndemierdacarajo!

 Con la cara roja, y las manos torpes, Inocencio Vivas metió la llave en la cerradura y trató de abrir la puerta que no se abrió. La cólera le cegó el pensamiento.

— ¡Chamadremierdas!

Pateó la puerta, y …

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  • Gracias, Cometa. Disculpa, lo leo después de tiempo. Un abrazo, y nos leemos.
    Es como cuando ves una imagen reflejada en la tele, donde se ve una tele con esa misma imagen, donde se ve una tele etc,,,,, muy bueno, un saludo
    Gracias, Paco. Valiosas palabras viniendo de alguien que sabe contar una buena historia. Tu relato, Un día inolvidable, me parece de lo mejorcito que se ha colgado aquí últimamente. Saludos.
    Tu relato comienza con gran fuerza expresiva y así se mantiene construyendo la historia a partir de unos diálogos explosivos y naturales, para rematar con un acertado giro argumental que crea un original bucle narrativo. Saludos, Omar.
    Gracias, Chus. Igualmente. Te dejé un nuevo comentario en tu último relato. Suerte con el malo. :)
    Disfruto cada vez que das un bandazo a tu narrativa...En este caso me has hecho disfrutar especialmente durante el viaje, el destino me parece redondo y abierto a diferentes interpretaciones ...Muy bueno Omar :)
    Como siempre gracias por comentar. Señor Carlos Higgie es un gusto verlo por aquí, y saber que no se ha olvidado de este foro. Yo, como muchos tengo la esperanza de seguir leyendo sus relatos. De Marcial Betancor, también es un gusto saber que pasó por aquí. Leerlo es un placer. Y no se puede decir menos de Martín, de quien siempre me interesan sus historias. Y contestando al último se supone que el tiempo en que se lee el texto no es el mismo en el que ha sido escrito. El protagonista ha escrito su propia experiencia inmediatamente después del suceso; pero el lector lo lee en un tiempo no expresado después y desde un punto de vista externo, por lo que solo se entera de todo al final. Salu2
    Muy bueno, la historia se transforma en un círculo perfecto.
    Si he entendido bien... la historia la escribe él mismo desde el principio, o a raíz de que le pasa eso, quiere escribir la historia? Ha estado entretenida y se hace corta, saludos.
    Qué intenso el relato... Felicidades
  • Hace un tiempo escribí un largo relato de horror, o lo que yo creo que es un relato de horror social, y me quedó una línea dramática a desarrollar. Aquí está.

    En uno de sus diarios Julio Ramón Ribeyro se pregunta por qué una novela tiene que empezar por la biografía de un personaje, y no por una receta de cocina, una canción popular...Entonces yo me pregunté, y por qué un relato no puede empezar por un chiste... y entonces me salió este relato. Lo malo es que el narrador me salió un poco cínico. :)

    Inspirado más en Borges que en Las mil y una noches, me siento un poco indigno de baratear la rica cultura árabe; pero espero que Alá y sus seguidores sean tolerantes conmigo.

    Un drama que los que son dominados por una pasión entenderán.

    En mi país, los políticos corruptos están acabando con el desarrollo y las esperanzas. Si se impusiera la pena de muerte a los corruptos, probablemente este sería uno de los avisos.

    Agotado por el trabajo. Nada me alivia tanto como ponerme a escribir, (o corregir); pero sé que algunos de mis compatriotas no me comprenderán. De un tiempo a esta parte el fútbol se ha vuelto una religión nacional; pero no todos somos sus adeptos. Mañana nos leemos.

    Para aquellos que olvidan que sus alegrías o penas solo son un respiro entre dos eternidades. Más aún para los que creen en las glorias literarias y demás yerbas.

    Conociendo a las madres sobreprotectoras y a los niños engreídos, que suceda algo así ya no me sorprendería.

    Ya he visto varios casos. Y después se preguntan por qué los chicos no saben escribir.

    Muy ocupado. No he podido colgar nada; pero ahí va. Un relato que quise escribir desde que leí Del Boxeo, de Carol Joyce Oates, aunque mi texto trata más sobre la discapacidad, la vejez, la picardía, y el respeto. Espero que les guste.

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Un relato es un relato, un relato es un relato, un relato es un relato, un relato es un relato...

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