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9 min
Torrente El brazo ortopédico de la ley
Humor |
15.01.12
  • 4
  • 9
  • 1894
Sinopsis

El sueño conseguido de un loco por querer ser Torrente. (Tonterías mías)

 

El brazo ortopédico era una mierda. Ya sabía que no había comprado el de la tecnología más puntera pero me aseguraron, que dentro de la calidad media era de lo mejorcito que había en el mercado.- ¡Una mierda!

Simular…simulaba. Tenía un aspecto real bastante logrado, incluso en la textura, y los dedos eran flexibles, la movilidad ya dejaba bastante que desear, solo realizaba dos movimientos, uno arriba y otro abajo, que bueno… para algo valía, como diría Torrente, pero para poca cosa más. Tenía dos botones a la altura del codo, el de la parte exterior hacía subir el antebrazo, el de la interior lo hacía bajar, si apretabas los dos subía y bajaba continuamente.

Ya tenía unos años y estaba un poco desgastado, pero cosas del destino, este mismo brazo hizo que mi vida diera un giro. Además, me hacía sentir como mi ídolo… Torrente, el brazo ortopédico de la ley. Je Je. Así me llamaban en el barrio y a mí me gustaba. Torrente era el mejor. Yo quería ser como él.

Fue un domingo y hacía un buen día, razón por la que esa mañana decidí pasear por el centro, estuve en la rambla, en colón y en el puerto, cerca de la plaza Real entré en una tienda artículos eróticos, para mirar, me gusta cotillear con esas cosas, como a Torrente.

Mientras repasaba lo que ahí se exponía, observé a dos individuos que acababan de entrar, me dieron mala espina, intuí que no eran trigo limpio y emulando a Torrente me arrimé a una columna, expectante. Los tipos dieron varias vueltas, esperaron a que no hubiera nadie, (a mi no me vieron), y se acercaron a la dependienta. Uno de ellos sacó una pistola y apuntándola en la cara le exigió que abriera la caja. La chica cayó del susto a la moqueta como un pétalo de rosa, a cámara lenta.

El tipo de la pistola se agachó a mirar a la dependienta y exclamó.

-¡ESTÁ MUERTA!

El otro tipo giró el cartel de abierto y cerró la puerta con el pestillo.

-¡LE HA DADO UN INFARTO!

Me pegué a la pared de la columna para esconderme, con la misma mala suerte que la que suele tener Torrente y tropecé con un maniquí que había en un costado que cayó al suelo.

Los dos tipos se giraron hacia el final de la tienda y se hicieron un gesto en dirección hacia mí, cerré los ojos y a los pocos segundos oí una voz que me decía:

-¡Levanta las manos!

Levanté una.

-Los dos caabrón, levanta las dos.

 La cosa se complicaba...

-¡Vámonos…¡ Vámonos!, -Gritaba el otro después de coger el botín.

 Levanté el hombro del brazo ortopédico y con la otra mano le di al botón, ya tenía las dos manos levantadas.

-¡Vámonos…! Seguía gritando el otro.

 -Qué hacemos con este…

-Déjalo.

-Nos ha visto…

-Pues mátalo.

-¿Matarme…? Reaccioné rapido. -Vamos... Chaval… -le dije imitando a Torrente, -Guarda el pistolón... tú no sabes...¿tú no sabes quién soy yo? 

-Si… Un gilipollas, -Me dijo. -Y te vienes con nosotros. -Lo miré con un ojo cerrado y volvió a repetírmelo, esta vez cogiéndome del pecho y arrastrándome hacia la salida mientras yo le iba gritando, -Ten... Ten cuidado con lo que haces... chaval... que no sabes... no sabes con quien te la estás jugando –Seguía imitando a Torrente, tenía la esperanza de que eso me saliera bien. Al llegar a la puerta la abrió, me puso la pistola en un costado y me dijo:

-Ahora saldremos de aquí… Carlos Latre, y tranquilito, caminaremos hacia el coche que hay al fondo de la calle y sin llamar la atención o te pego un tiro. ¡Baja las manos!, -me gritó, y me arrastro hacia la calle.

Estábamos en la acera y yo con las manos levantadas.

-¡Baja las manos! repitió

…Bajé una.

-¡Baja las manos o te pego un tiro!

-Ya lo he hecho, -le contesté.

-¿Otra vez…?  Las dos caabrón, las dos.

-Esta no puedo, -le dije mientras caminábamos. El tipo me miró con cara de pocos amigos…

-A que te pego un tiro.

-¡Ortopédica!, ¡Es ortopédica!,

-¿Es qué?

-Necesito que me sueltes el otro brazo para poderle dar al botón.

-¿Al botón...?, ¿A que botón?

A todo esto íbamos calle abajo los tres, ellos en los lados y yo en medio con un brazo levantado y con el dedo apuntando hacia el cielo.

¿Dónde está ese botón…?

-En el codo, en la parte interior.

-La madre que te…

Empezó a palpar hasta que dio con él, lo apretó, pero con tanta fuerza que quedó trabado.

-¡Mierda…! sigue, sigue hacia el coche.

Seguimos caminando cuando de repente nos cruzamos con dos policías.

-Disimula o te pego un tiro.

Me clavó la pistola en las costillas y los tres nos paramos en seco. El otro tipo me cogió de la barbilla y me levantó la cara hacia arriba, ellos hicieron lo mismo a la vez que también levantaron los brazos señalando al cielo.

Acabamos como tres gilipollas mirando nada en dirección a nada, señalando con los dedos y haciendo gestos con la cara. Los polis se pararon y miraron en la misma dirección, nos miraron a nosotros y volvieron a mirar arriba.

A todo esto la gente que iba pasando se apuntaba a la curiosidad. Cuando nos dimos cuenta eran tantas las personas que habían a nuestro alrededor que no podíamos salir.

-Yo no veo nada, -decía uno.

-Allí parece que hay algo – comentaba otro.

El tipo de la pistola cada vez la apretaba más contra mis costillas y me miraba abriendo mucho los ojos.

-Allí… allí… -Gritó un tipo señalando hacia la derecha. Y todos como un resorte nos giramos hacia ese lado. BROOOM.

-No… Está allí, -Gritó otro señalando hacia la izquierda. Y todos nos giramos hacia la izquierda. BROOOM.

Y para un lado… Y para el otro…Y para la derecha… Y para la izquierda…

-¡BASTA! –dijo uno de los policías. -¿Qué coño estamos buscando?

Todos empezaron a mirarse entre ellos. Luego miraron al policía, el policía nos miró a nosotros y nosotros volvimos a mirar arriba. La gente miró arriba de nuevo y los policías hicieron lo propio.

-Alguien dijo… ¡Allí hay algo! En ese balcón…

Todos mirando al balcón. BROOOM.

-Ahí no hay nada, dijo otro. ¿No será en el de al lado? BROOOM.

-¡BASTA! -Volvió a gritar el poli de antes, -¿Estamos tontos o qué? -¿Alguien sabe lo que estamos buscando?

Nadie dijo nada.

-Pues ala… cada uno a su camino. Se me dispersen.

A la vez que la gente regresaba a su rutina el policía se acercaba a nosotros.

Volví a sufrir el pistoletazo en el costado y el codo del tipo pegado a mi hombro apretó el otro botón accidentalmente.

El brazo empezó a subir y a bajar. Ahora para arriba, ahora para abajo, y reaccioné raudo como lo haría Torrente caminando como si fuera un desfile y poniendo cara risueña. El tipo de la pistola se colocó rápido detrás de mí y empezó a desfilar también.

-De esta no sales Caabrón, -me decía en la nuca. En seguida se apuntó el otro.

El tipo del coche en el que supuestamente teníamos que montar puso la primera y salió de allí a lo Torrente, quemando rueda.

Ya estábamos otra vez los tres haciendo el cabra. Fuimos hacia la pared, Un dos, un dos… luego giramos a la derecha, Un dos, un dos… y cuando enfilábamos la calle oímos un…

-¡Altooo!

Los dos tipos salieron corriendo calle abajo y yo con ellos.

Cruzamos decenas de travesías, doblamos treinta esquinas, una vía del tren, tres terrazas por delante y un camarero, varios resbalones y una hostia contra una farola. ¡Qué adrenalina…! Como en Torrente.

Por fin nos paramos en un callejón al lado de una fábrica. Apoyados en la pared y sin aliento acabamos los tres sentados en el suelo. Nos mirábamos. La verdad es que me gustaba la situación. Me sentía Torrente.

Un coche apareció por el callejón con las luces apagadas y paró a nuestra altura. Era el que derrapó a lo Torrente.

-¿Qué? Os pensáis quedar ahí todo el día.

Los dos tipos se acercaron al vehículo y antes de entrar, uno de ellos, el dueño de mis costillas me preguntó…

-¿Te vienes?

-¡Qué coño…! -Le contesté. -Por que no. -Y me monté en el coche con mis nuevos amigos.

El coche salió del callejón a toda pastilla y conmigo dentro hacia una nueva vida… Como la de Torrente………

……………………………………………………………………………………………………………...

……………………………………………………………………………………………………………...

-Qué… ¿Nos hacemos unas pajillas?

-¿Cómo…?  A que te pego un tiro, caabrón.

 

 

 

Mario Taché Copyright©  16-Enero-2012 Derechos reservados®.

 

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Suelo mirar al cielo por las noches y a veces cuento estrellas, otras veces al suelo en el que piso, mirándome los zapatos, vivo deprisa y pongo el freno en algún sueño, donde perderme un rato.

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