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2 min
Tragaperras
Reales |
10.06.18
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Sinopsis

Había decenas de máquinas tragaperras muy llamativas que invitaban a jugar.

Inserté el único euro que llevaba en el bolsillo en la ranura de una de las máquinas tragaperras del Salón Recreativo. Había decenas de ellas muy llamativas, con diferentes diseños y colores, luces centelleantes y música excitante. Pulsé el botón rojo. Parpadearon cuatro luces del mismo color y, con un agradable tintineo, cayó una cascada de monedas. Confieso que ésta es la primera vez que juego a las tragaperras, y me llevé una agradable sorpresa. ¡Qué fácil es ganar dinero! --me dije. Seguí jugando y continué ganando. Cada euro se multiplicaba por cincuenta o cien. Jugué en varias máquinas a la vez y todas me dieron premios. Para mi gozo, tuve la impresión de que las máquinas tragaperras se reunían en torno a mí y se apilaban unas encima de otras formando un pozo. En el centro del mismo estaba yo, encima de una montaña de monedas, con los brazos abiertos, sonriendo feliz. Las monedas brotaban en torrentes de todas las tragaperras hasta que, una a una fueron quedando vacías. La última moneda de la última máquina tintineó con desaliento y rodó hasta mis pies. Pero yo no me conformaba con aquella montaña de monedas que había ganado. Quería más. Y poniéndome las manos en la boca a modo de bocina, grito: 

-¡Quiero ser rico! ¡Millonario! ¡Multimillonario! 

Mi voz retumbó con eco en el Salón Recreativo. Y tras el silencio en el que las miradas se posaron en mí, todas las máquinas tragaperras al mismo tiempo, reaccionaron como si hubieran cobrado vida y comenzaron a dar grandes mordiscos a la montaña de monedas en la que estaba subido. Parecían animales hambrientos. Tenían un hambre voraz. Tuve que saltar para que no me mordieran las piernas. Se tragaron hasta la última moneda.

Salí del recreativo con los bolsillos vacíos. Fui a mi casa, cogí dinero del que tenía guardado para el mes, y volví a echar monedas en las tragaperras como un idiota. Me había vuelto ludópata.

 

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