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11 min
¡Traición!
Amor |
26.07.13
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Sinopsis

Aquí el protagonista casi no habla. Este relato guarda concordancias con otro que publiqué en TR, "Las tumbas de Yucucuy", con el que comparte personajes y escenario.

¡TRAICIÓN!

DRAE.- traición. (Del lat. traditĭo, -ōnis).

1. f. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

a ~.1. loc. adv. Alevosamente, faltando a la lealtad o confianza.

En la villa de Oaxaca, a 26 de julio del año 1528.

Para don Hernán Cortés, capitán general de la Nueva España.

Ruego al cielo que mi capitán general se vea sano y animoso cuando reciba este informe. Yo, su  fiel servidor el capitán Alonso de Herrera, ando ahora pacificando y poblando con harto trabajo estas benditas tierras zapotecas que asoman al mar del Sur. No alcanza mi mando a treinta soldados españoles, ocho a caballo, y un centenar de mexicas para tratar se someter a estos señores orgullosos que se nos oponen con determinación y valor insensato, pues a la postre caerán, y se refugian en imponentes fortalezas junto a las bocas de los volcanes; tan agreste es el paraje que los caballos no lo pueden transitar y hay que hacerlo a pie; y aunque acertamos a someterlos después de feroces combates de los que salimos bien acuchillados y malos, en cuanto comienza la temporada de lluvias se vuelven a ariscar y hay que tornar a la sangría. ¡Qué paradoja que después de que los naturales de Nueva España se convierten en súbditos del emperador y sujetos a las leyes castellanas que les obligan y protegen, y que cuando todos hablan, muchos leen y algunos hasta escriben la lengua española, nos aguarden todavía los mayores trabajos y peligros!

Recibí una carta del bueno de Bernal Díaz del Castillo, alcalde de su ciudad de Santiago de Guatemala. Me da nuevas de que usted zarpó para Castilla a principios de esta primavera llamado por el emperador, que desde que le cesó de gobernador le tiene sujeto a una encuesta criminal a santo de algunas denuncias que han presentado contra usted caballeros que le deben de tener mucho miedo y envidia, y que juran que ha robado el oro del emperador, que ha cometido numerosos asesinatos de servidores reales, ¡y hasta que ha envenenado a su señora esposa que en gloria esté! Yo sé bien quiénes son esos, mi señor capitán general, y no dude que conozco de sobra a quién debo fidelidad y agradecimiento eterno por verme rico y respetado como me veo ahora, porque tuve la fortuna de seguirle a usted y servirle con mi fuerte brazo desde el primer día de su empresa de conquista de Tenochtitlán y todo el resto imperio azteca.

Pero no le escribo para contarle mis cuitas ni las de Bernal Díaz, sino para informarle debidamente, como usted me ordenó. Tan pronto como recibí su correo en el que me avisaba de la pronta venida a Oaxaca del íntimo amigo de su odioso enemigo el actual gobernador Estrada, el capitán Figueroa y sus soldados, y me ordenaba que le tuviese al tal Figueroa espiado en todo momento me aparejé y esperé. Y vimos cómo antes de la arribada fueron severamente derrotados por los zapotecas en un breve encontronazo que tuvieron en la selva; y advertimos que a todos les atenazó el miedo, que se pararon, discutieron y se amenazaron, que los soldados notaron que el capitán no les sabía mandar en la guerra por lo que no se atenían a lo que les ordenaba luego. A poco de llegar a Oaxaca se largaron sin más después de pretender el Figueroa que yo le cediera gentilmente la plaza, lo que desde luego no hice. Deambularon por los alrededores y finalmente subieron al cerro de Yucucuy, donde se hallan las ruinas de una misteriosa ciudad abandonada por un extinguido reino zapoteca, muy cerca de Oaxaca junto al pueblito de Albán; allí se dedicaron a excavar las tumbas de los principales de Yucucuy y sacaron mucho oro, eso es verdad. Indignado me tenían Figueroa y sus hombres, que no son verdaderos soldados cristianos sino meros ladrones, salteadores de tumbas, criminosos cabe a los americanos y traidores a Su Majestad que se desentienden de atender los requerimientos de la hacienda real, de su deber de pacificar y poblar el territorio, instruir a los indios y apartarles de la idolatría y los sacrificios bestiales para volverlos hombres de provecho y ciudadanos españoles y así acrecer la magnificencia del emperador Carlos y dar gusto a dios; ellos, por contra, se afanaban en apilar montones obscenos de oro que arrojaban al fondo de un pozo estrecho, hondo y casi seco que les servía de cofre de caudales, con la idea de repartírselo y desaparecer. Una noche algo horrible sucedió en la planicie, desde Oaxaca podíamos oír aullidos espeluznantes; mis espías apostados en el cerro de Yucucuy me dieron luego razones extravagantes: una manada de jaguares enormes apareció en la noche tras la floresta y atacó y mató a casi todos los que allí estaban descansando; me describían sus zarpazos demoledores, los colmillos brillantes como cuchillos y los ojos rojos de sangre de las bestias que contrastaban con su hermosa piel dorada manchada de rosas negras. Pero otro espía me aseguró (lo juró por su madre, para qué iba a mentir) que en la noche avanzada, cuando todos dormitaban, de entre las tumbas abiertas se elevaron tétricos seres espectrales de espantable presencia, los fantasmas de los muertos cuyo descanso había sido interrumpido por los ladrones, y entre temibles gritos mataban a los hombres abriéndoles los pechos, haciendo de sus manos dagas, los corazones vibrantes rodando por el suelo sucios de arena; durante algunos días el lugar parecía extrañamente sombrío, ignorado del sol, alaridos espaciados fustigaban el aire; reconozco que entonces no nos atrevimos a subir y esperamos a que la planicie se calmara y recuperara su aspecto ordinario, y bien armados nos acercamos; vimos miembros y cuerpos troceados, despedazados, esparcidos; sangre tiñendo el arroyuelo; quietud y silencio (¡un perro mastín español sesteando a la sombra de un frondoso ahuehuete!); mi señor Cortés, nadie más descreído que yo, pero se me antojan más probables los fantasmas que los jaguares, estas tierras son propicias para sucesos extraordinarios, y recuerdo como un hecho memorable el día que llovieron sapos en Oaxaca, que caían escondidos en terrones de barro y de que se licuaban los sapitos se alejaban saltando por todas partes. Nada sé del capitán Figueroa, si escapó o murió, sí he oído que algunos de sus hombres lograron huir y llegaron hasta Guatemala probablemente bien provistos de oro, algo debe de saber Bernal Díaz; localicé el pozo, he comprobado que todavía contiene una enorme cantidad de oro, no vi tanto desde el día que descubrimos la cámara secreta de Moztezuma en su palacio de Tenochtitlán (no lo olvidará); lo cegué con una gran piedra que ha quedado encajada en un anillo del pozo cerca del fondo; para recuperarlo será necesario abrir una galería paralela hasta abajo, más de veinte metros. Allí queda bien guardado y vigilado hasta su llegada, que espero que sea lo más pronto posible porque ese pozo es un ojo infernal. Su fiel servidor el capitán Alonso de Herrera.

En la villa de Oaxaca, a dos de agosto del año 1528.

Para don Hernán Cortés, capitán general de la Nueva España.

Recién llegada su segunda carta donde se me ordena para que haga averiguaciones y le informe de todo lo que afecte al regidor de la ciudad de Guatemala Bernal Díaz del Castillo le puedo decir ahora, en relación con el oro de Yucucuy, que llegaron a Santiago de Guatemala seis españoles; que los criados de la casa del gobernador los identifican como supervivientes de los soldados del capitán Figueroa; se presentaron a Bernal Díaz que ejerce de primera autoridad en ausencia del gobernador don Pedro de Alvarado, y los alojó en las habitaciones nobles del palacio contiguas a la suya donde comen y beben como si estuvieran en su casa, y se dice que Bernal y sus nuevos amigos están prontos para zarpar hacia un lugar no declarado. Le mantendré informado, su servidor el capitán Alonso de Herrera.

En la ciudad de Guatemala, a 30 de agosto del año de 1528.

Para el marqués del Valle de Oaxaca y del mar del Sur.

Servidor de usted mi capitán general y ahora marqués del Valle, su humilde pero más veterano soldado Bernal Díaz del Castillo reparto albricias a dos manos por las nuevas que llegan de Castilla sobre que ha sido restituido por el Emperador en todos sus honores y a más a más le ha dado marquesado, y que pronto habrá de regresar para ocupar su nuevo cargo de virrey de Nueva España después de que haya viajado a Roma para besar el anillo del Papa Clemente séptimo.

El gobernador de Guatemala mi señor el capitán don Pedro de Alvarado ha zarpado algunos meses atrás a Castilla a sus asuntos; en el entretanto yo sigo ejerciendo de alcalde ordinario de la villa  de Santiago de Guatemala, donde moro, y de gobernador en funciones de la provincia hasta que regrese el señor Alvarado, con la ayuda de dios, y bien que la preciso que nos avino una jarreada de agua que duró tres días sin parar con lo que un volcán cercano se hinchó de agua y reventó causando una terrible riada de barro, piedras y árboles que ha traído mucha mortandad. Respecto del correo que me envió hace dos meses, en el que me ordenaba averiguara cualquier cosa de interés que pudiera notarse sobre el capitán Alonso de Herrera, he cumplido lo mejor que he sabido, he mandado espías a Oaxaca y estoy en condición de informarle que el capitán Alonso de Herrera lleva varios días desaparecido, concretamente desde que fue con cuatro de sus hombres al cerro de Yucucuy; los corrillos y las habladurías sobre su paradero son incontables en Oaxaca, los ánimos de los vecinos están exaltados porque la ausencia del capitán es una sorpresa absoluta y los rumores sobre sucesos extraordinarios acaecidos recientemente en aquella meseta, donde se diría que se celebró un cónclave de todos los demonios, acrecientan la confusión; se dice que Alonso de Herrera se hizo con un fabuloso tesoro después de dar muerte a algunos compatriotas en Yucucuy y que de seguido se ha unido a la expedición que al mando de Diego de Ordás acaba de partir en busca del río Marañón y el fabuloso El Dorado, todo muy confuso y nada comprobado; otros dicen que huye con el oro mencionando a decenas de destinos distintos porque es perseguido por el gobernador de Nueva España don Alonso de Estrada ya que al parecer dejó mal herido a su amigo el capitán Figueroa, del cual también he oído comentar que en lugar de pacificar y poblar, que es a lo que en principio vino, estuvo de rapiña con sus hombres levantando tumbas de zapotecas en Yucucuy y encontró una enormidad de oro. En Oaxaca no hay autoridad y los vecinos se muestran excitados y temerosos. A mi ciudad han llegado hace pocos días seis soldados españoles en un estado lamentable, heridos, enfermos y mudos del horror vivido que todavía se refleja en sus rostros; uno que murió al poco de llegar me informó que pertenecían a las tropas del capitán Figueroa, que robaban oro, que una noche fueron atacados por otros hombres para quitarles el oro, que no sabría señalar si eran de los propios o de otros, que escaparon de milagro y huyeron con lo puesto. Sería bueno que vuestra merced regresara pronto para poner orden en aquella provincia y aclarar lo del oro, que se me da que ha debido de ser un robo (a los indios y al emperador) que se le ha atragantado a alguien por lo desmesurado. Su fiel soldado Bernal Díaz del Castillo.

 

-Grrrrrrrrr…grrrr.

Releer: “lo cegué con una gran piedra que ha quedado encajada en un anillo”.

Releer: “el capitán Alonso de Herrera lleva varios días desaparecido”.

Releer: “Bernal y sus nuevos amigos están prontos para zarpar”.

-¡¡GRRR…JJKÑKÑKXX!!

Releer: “se me antojan más probables los fantasmas”.

Releer: “una manada de jaguares gigantes apareció en la noche donde tétricos seres espectrales de espantable presencia llovieron sapos sobre un volcán hinchado de agua que reventó”.

Releer: ¡¡TÍTULO!¡TÍTULO!¡TÍTULO!!

 

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Otros relatos del autor
  • Hola de nuevo JMBoy. Tenía pendiente seguir leyendo tus geniales obras, y heme aquí con esta segunda entrega de Yucucuy, con sus expolios, traiciones y engaños. La historia tiene gancho por lo que supone el estar narrada por boca de sus históricos protagonistas y, desde luego, daría para una novela de ese género que, seguramente, tendrás en mente hacer. A mi me ha gustado porque, independientemente del confuso relato de lugares y personajes, no cabe duda que del mismo emana una riqueza narrativa sorprendente. En otro orden de cosas, y por aclararte un poco tu lectura de "En mala hora", hace mucho tiempo que vi la película y ya no me acuerdo, así que cualquier parecido con la realidad...
    La facilidad o no de leer no creo que exista, sólo autores que consiguen envolverte con las palabras de manera que incluso llegas a formar de los propios escritos. Para mi, la forma de hacerlo que tienes es inmejorable. Este texto me recuerda un poco a Jane Lewis Brandt en su obra "Malinche". En el contenido, porque tu forma de decirlo, sinceramente me gusta más. Felicidades y saludos.
    beo steh relatO entre los mAs destakados i pienso: "deve d ser una jolla", pro no lo es aL menOs en mi hopinión... es mui difisil de leer i da un poko de flojerah pro manejass vien la istoria i eso es d reconocEr
    Envidiable juego con los registros, y se lee mucho más rápido y fácil de lo que parecería. Gracias por las correcciones de las envolturas y tal, por cierto ;) Un placer, y un saludo.
    Una excelente narrativa en la que se nota el dominio de lo expuesto. Tiempos perros dónde el valor de la vida era poco menos que insignificante y el del oro...lo de siempre: tan reluciente que se hace más poderoso que nosotros mismo. Un saludo José Manuel
    Ah, por cierto, tus comentarios a otros textos han conseguido que haya en mi casa una adolescente radiante y feliz. Mil gracias!
    La prosa cuando es de calidad borra los relojes y los minutos se consumen sin hacer ruido.He disfrutado con tu "género epistolar". Tu historia nos recuerda que los imperios nacen, se sustentan y mueren en un mar e sangre, mentiras y ambición. En 1986 un músico argentino publicó un trabajo "Taki Ongoy" que alterna música con narraciones, y cuenta la historia de los pueblos originarios de América desde la conquista. La historia contada por los vencidos. Felicitaciones por tu relato y gracias por tus delicadas palabras. Un honor tenerte como lector
    Yo de historia ando floja. Pero el siglo XVI me atrae sobremanera al igual que el XIX. Un día desperté y había soñado con Beatrix Galindo. Todos los detalles. Y la busqué en google, porque indocta de mí, no sabía ni de quién se trataba. Fue extraño. Tu relato me devuelve a una realidad sentida. Me gusta todo y cada una de las cosas que escribes y creas. Estoy de enhorabuena por descubrirte...Y muy feliz estos días por ello. Cuando estoy ante alguien grande, lo siento...Hacía mucho tiempo que no venía por estos lares. En 2006 fui muy activa aquí. Por circunstancias algo tristes me fui y ahora me asomo de tanto en tanto. Pero ver tus valoraciones me ha animado mucho, me alienta. Llegan tus ánimos en un momento clave...y desde aquí te envío un gran y sentido GRACIAS
    Un relato fantástico, una prosa fluida y genial, una historia más que interesante. En suma, otra joya de J. M. Boy
    Hola J. M. Boy, quería aprovechar este espacio para agradecerte todos tus comentarios sobre mis relatos, me has animado mucho. Del fruto de tu pluma no voy a añadir nada a lo que otros han dicho, solo repetir que lo haces de maravilla. Un cordial saludo! Fabiana Fabiana
  • Son animales de otro mundo.

    Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS (Bestiario, 1951); Julio Cortázar.

    Es cierto, no me hago caso, pero el relato me salió solo, yo ahora me desconecto hasta la próxima semana y no sabía qué hacer con él (en fin, excusatio non petita...). Después del primero (stavros) y el segundo (zenon), aquí os ofrezco el tercer capítulo de la serie. Un saludo cordial.

    ¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea!/ Desplumada, con su ala que sangra y que negrea/ en los cristales, de oro y aromas abrasados,/ en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados,/ cayó, sobre la lámpara angélica, la aurora./ Cuando de la reliquia se ha hecho portadora/ para el padre que adversas sonrisas ha ensayado,/ la soledad azul y estéril ha temblado./ ¡Ay, acoge la cuna, con tu hija y la inocencia/ de vuestros pies helados, una horrible nacencia!/ ¿Con tu voz clavicordios y viola imitarás,/ y con marchita mano el seno apretarás/ donde la mujer se ha hecho sibilina blancura/ para labios que de aire azul quieren hartura?/ DON DEL POEMA; Stéphane Mallarmé.

    “Código de error” es una expresión del ámbito de la informática. Aparece en los lenguajes de programación más populares cuando surge un fallo de hardware, software, o una entrada de datos incorrecta del usuario, que pueden dar lugar al colapso del sistema. Habitualmente se manifiesta sobre una pantalla de color azul o negro, en la que tras un texto de cifras y letras se descubre la expresión “CÓDIGO DE ERROR” (o “STOP”), seguido de letras mayúsculas, guiones y números, que son las que se corresponden con el concreto mensaje de error en una aplicación específica; aunque no suelen identificar exactamente el fallo en cada supuesto, sí orientan sobre la parte de la estructura donde debe buscarse para dar con él. Lógicamente, el concepto de código de error es extensible a cualquier sistema de lenguaje que pretenda proporcionar satisfacción al usuario, y que contenga, al menos, un codificador, un emisor, y un receptor. En cada sistema de lenguaje el código de error se expresará, cuando aparezca, no con series de números y letras, sino con los elementos propios de su naturaleza y conforme a sus previsiones. El texto del Requerimiento, que era leído a los indios por las tropas españolas poco antes del inicio de cada enfrentamiento, ha sido transcrito en cursiva en el presente relato, y está tomado de las notas complementarias (concretamente la número 31-111) redactadas por José Miguel Martínez Torrejón a la obra de Fray Bartolomé de las Casas, “Brevísima relación de la destruición de las Indias”, publicada en la edición del año dos mil trece de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española de la Lengua, junto con la Editorial Galaxia-Gutenberg, SL, y Círculo de Lectores, SA.

    El título es elocuente, así que aprovecho para felicitar el año próximo a ellas y ellos, deseándoos muchos relatos afortunados (y yo que los lea). Saludos.

    Un homenaje de los butroneros neoyorquinos a su artista y su cuadro más celebrados.

    El amor todo lo puede, a su manera.

    Excusas gloriosas para ocultar pecados horribles; y a veces no nos gusta cómo salimos retratados.

    porque humanos hermanos, y aunque Caín le mató, Abel le acompaña en el infierno y abrazados lamentan su suerte; trata de cómo, en un momento de flaqueza hija de la frustración, los hombres trastornan su vida y fugaces asomos de sensatez no bastan para revertir la tragedia que se abalanza sobre ellos; y enseña también que quien comete una injusticia contra otro aflige a su hermano y deja ver la podredumbre de su alma insolidaria, aviesa y fratricida; pero no vacilen y adéntrense, apresten todos sus cinco sentidos y disfruten de esta obrita que les ofrezco para su complacencia, y acomódense porque la función va a comenzar…¡ya!

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