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4 min
Tres biberones
Reflexiones |
29.04.13
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Sinopsis

Por fin llegó el momento de lucidez

       Hoy es un día extraño. Ya he salido del trabajo y un sentimiento de culpa se ha solapado en mi espalda. La voz de mi consciencia ya se ha vuelto pesada, otro día más. Hoy es un día triste. El largo engaño hacia María me pesa cada vez más. Pero si yo plego dos horas antes, tonta. Hoy las piernas me flaquean, no ha sido por exceso de trabajo, no, se que algo está pasando y trato de guiarme sin parar. Hoy es un día diferente. Hoy no voy a entrar. No me preguntes el motivo, ya he sacado treinta euros, podría hacerlo. Hoy me he fijado en la cuenta. Qué jodidos que estamos, pero tranquilo, tú no eres el culpable, es esta puta crisis que nos está matando.

Hoy me siento derrotado. Ya puedo ver el cochambroso cartel de ese bar en el que tantas tardes he pasado. Julio me espera. ¿Por qué me espera? Sólo quiere que consuma mientras hecho moneda tras moneda. Ya, pero él sabe muchas cosas de tí, es como un amigo. Paso por la frutería y cualquier fruta me recuerda que no pasa nada, que puedes jugar. No haces daño a nadie, ya, pero hoy lo cuestiono. Camina, tú puedes controlarlo. Claro que puedo pero ya he sacado el dinero y no quiero tener que dar explicaciones. Mira, hagamos una cosa. Hoy te sientes así porque llevas días sin tener suerte, hoy es diferente. Como decía el gran Serrat, hoy puede ser un gran día, se optimista.

Hoy es el primer día en el que me cuestiono si hago bien o hago mal ¿qué son, tres cervezas y diez eurillos en el peor de los casos? Mira tío que no vamos a morir de hambre, que allí hay gente como tú, todos normales. Hoy es el primer día que me juzgo. Tengo el bar enfrente. Miro de reojo y veo a dos compañeros de viaje. Me saludan. Venga Kiko, tómate unas cervecitas. No puedes ir a casa ¿qué vas a decir? ¿que te han dejado salir antes? ya no cuela amigo. Entra, echa el ratillo con tus colegas y te vas para casa.

Hoy es un día raro. He pensado en mi pequeña. Quizá si llegara a mi hora la vería despierta. Es un bebé amigo. Los bebés no hacen nada, lloran, comen y fulminan pañales. Y tú trabajas para eso, para que no les falta de nada a ellas ¿Y por qué gasto mi dinero en ese antro todas las tardes? Mira no te me vuelvas maricón, que serás el hazmereir del curro. Mi pequeña. Apenas pienso en ella. Sólo pienso en jugar y ganar dinero para darles lo mejor. Cruzo la calle, tengo sed. Se agradece una cervecita fresquita con esta calor. Llego a la puerta, la gente me saluda. Joder, aquí soy alguien. Marchando una cervecita Kiko, dice Julio el gordo tabernero. Como por inercia, saco de mi cartera veinte euros y digo cóbrate Julio, y la de Pepe y Mario también, que hoy estoy sensible.

Hoy es un día en el que siento que algo no va bien. Me pesa la rabia y la impotencia. Todo el puto día currando y ella en casa, con sus tareas. Venga no seas así, que suficiente tiene la pobre. Échale y deja de mariconear. Ahí va mi primer euro. Es el comodín, nunca cuenta. Joder estúpido sí que cuenta. Ese euro que no cuenta al final del mes ¿cuánto es? y ahora me da por pensar en mi hogar. Vaya piso de mierda ¿es ahí donde quieres que crezca tu pequeña? Doy un largo trago a mi botella y vuelvo a echarle otra moneda. Ésta vez es la buena. Avance ...  Voy bien, hoy será un gran día. Avance ... Por cuatro ... Hay espectación en la taberna. Allí soy alguien. Vuelvo a darle esperando mi premio mirando hipnotizado las tres ruedecillas. La primera se para ...  Biberón ...  La segunda, Biberón ...  La tercera, Biberón ... ¡Premio!

Miro alrededor. Todos gritan emocionados. Recapacito ¿qué coño hago aquí tirando el dinero de mi vida? Soy una mierda. Pienso en mi pequeña y en esa señal divina que me ha abierto los ojos. Salgo corriendo del bar sin mirar atrás. Ni me voy a despedir de vosotros. Tan solo sois parte de mi enfermedad.

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