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2 min
TRES COPAS DE VINO EN LA NOCHE MADURA
Varios |
20.10.17
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Sinopsis

  TRES COPAS DE VINO EN LA NOCHE MADURA

La noche ya maduraba y desde el “morro” bajaba una modorra, una brisa que traía las  voces silenciosas de los árboles, de los hilos de agua, de los pájaros y de los animales. Voces que se pegaban a la piel y saturaban la realidad.

Estábamos los tres, como si fuéramos solitarios, abandonados, con tres copas de vino tinto y un montón de recuerdos encima de la mesa. Tantos que hasta caían de ella, resbalaban por el piso y subían por nuestras piernas.

Entre trago y trago, desfilaban imágenes de antaño, momentos saturados de ternura que el tiempo transformó en escenas mágicas.

Crecía la sensación de que éramos diferentes pero tan iguales. En tiempos, situaciones y mujeres diferentes, nos zambullimos y disfrutamos idénticas emociones.

Las palabras fueron escondiendo los recuerdos, borroneando acontecimientos del pasado, apagando el tenue fuego que se había encendido en nuestras almas. Y nos vimos iguales, pero muy diferentes. Terminamos el vino, comimos el pescado asado y nos despedimos.

En la ruta, con el automóvil venciendo la distancia, te imaginé cerca, casi tocando mi cuerpo. En un instante inexplicable retorné al pasado, a ti. Bastaba, entonces, que tu mano rozara la mía para que mis instintos renacieran y en loca carrera se adueñaran de mi sangre. De mi pensamiento. Bastaba que tu boca se entreabriera e insinuara una promesa, para que mi alma entrara en colapso y mi cuerpo exigiera tu contacto, tus caricias. Era un náufrago que se aferraba a la isla de tu cuerpo, penetraba tu más reservada intimidad y quería desbravar, conquistar y poseer cada uno de tus pensamientos, cada uno de tus gemidos y suspiros. Hacíamos el camino a cada beso, a cada abrazo, cada vez que me hundía en tu sexo caliente, buscando no sé bien qué respuestas. Tal vez el amor fuera aquello: tu alma abierta para que yo, conquistador herido, entrara y escribiera obscenidades y poemas, verdades y mentiras, canciones y recuerdos.

Ahora sólo me resta el sabor del vino, otras mujeres y una carretera oscura, parcialmente iluminada por los ojos tristes de mi auto; una carretera que parece infinita y no lleva a ningún lugar. 

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