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4 min
Tres Tristes Tragedias
Drama |
02.06.07
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Sinopsis

A todas esas buenas personas cuyo pasado les impide imaginar un futuro mejor.

El inspector de policía depositó su mano sobre el hombro de la mujer, en ademán consolador.
- Señora Himura, su marido era un buen hombre – añadió con voz grave.
María Luisa Himura, no supo qué decir, Kevin Himura había sido un excelente padre, un complaciente esposo y ella le quería, Dios sabía que le amaba más que a nada, pero era incapaz de eludir la sangre sobre sus manos. Cualquier adjetivo relacionado con la bondad le quedaba, a su parecer, ostensiblemente grande.
Kevin, desde su juventud, trabajó en el sector de la industria armamentística.
Cuando le preguntaban sobre la ética de su trabajo solía alegar que la paz es el equilibrio de poderes entre los hombres con la fuerza necesaria para imponer su voluntad, y la subyugación del resto, por eso él vendía armas, para que todo individuo tuviera la oportunidad de decir “ésta boca es mía”, porque si la ley la impone la fuerza, sólo los hombres fuertes pueden hacer valer su ley y por ende, dejar huella en un mundo caótico. Pero no fue hasta que estalló la guerra que comenzaría su carrera hacia el dinero, la popularidad y las altas esferas. Escogió al “anverso”, el bando ganador y eso sin duda le proporciono beneficios, aunque a diferencia de lo que el populacho pudiera pensar, su decisión no fue cuestión de estrategia económica, sino de ideales, y los resultados se revelaron los previstos, si se obviaban las miles de personas inocentes que murieron a causa de las armas y explosivos de Ingenios Himura S.A, pero para eso él también tenía una excusa, solía justificarse esgrimiendo que hubieran fallecido muchas más de haberse demorado la guerra. A su parecer, gracias a los artefactos de Himura S.A., el “anverso” obtuvo la victoria con celeridad, forjándose una paz sin precedentes.
- Tal vez sea demasiado temprano para enterrarle – contestó María Luisa reponiéndose de sus cavilaciones
- ¿Qué le hace pensar eso?
- Los terroristas se han vuelto a poner en contacto conmigo.
- ¿Ha podido hablar con su marido? ¿Tiene alguna prueba de que siga con vida? – inquirió el inspector escéptico.
- No, pero han solicitado un rescate.
- Señora Himura, los captores son el reducto de las fuerzas del “reverso”, vencido oficialmente hace un cuarto de siglo. A este conglomerado de sabandijas que se hace llamar Comando Liberacionista, les interesa más el símbolo que constituye asesinar a su esposo, uno de los hombres emblemáticos del régimen, que el dinero que puedan obtener por él… si no dispone de ninguna prueba… Debe asumir que ha fallecido o…
- ¿O qué? – dijo ella elevando el tono.
- O no sólo le habrán quitado a su marido sino también su legado… y su dignidad al embaucarla. Dénos toda la información y déjenos esto a nosotros.
- ¡Pero ellos han dicho que si la policía interviene le matarán! – protestó.
El inspector emitió un leve suspiro.
- Convénzase, existe apenas una posibilidad entre un millón de que el señor Himura siga con vida – Supo que había errado justo al terminar de pronunciar la frase.
- Si existe una posibilidad, por pequeña que sea, quiero intentarlo – declaró la mujer obstinada.
- ¿Hubiera deseado eso su esposo? Por la gloria del Estado y el orgullo de su marido: Déjenos hacer justicia.
María Luisa cerró los ojos, solía discutir con Kevin sobre el significado de justicia. La justicia era para él el ojo por ojo, diente por diente. Casi podía verle fruncir
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