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10 min
Triunvirato de magas.
Fantasía |
15.04.20
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Sinopsis

Comienzo de un borrador...

Adrakana era la hija de un comerciante de Tirudea que se asentó en el gran continente de Euripidia, que era controlado casi en su totalidad por el consejo de magos, y de la hija menor de uno de los grandes magos que tenía voz y voto en el consejo.

El consejo de magos prohibía que las mujeres aprendiesen magia por lo que Adrakana no recibió clases de magia de Hielo de su padre que a pesar de ser comerciante venía de una familia donde había muchos magos y magas, pues en la isla de Tirudea no tenían prohibida la magia, ni tampoco su abuelo la enseñó magia de fuego.

Pero como era una niña atenta siempre que podía vigilaba los entrenamientos que recibía su hermano mayor y cuando estaba sola los repetía con facilidad.

Fueron pasando los años y la niña se convirtió en una joven bastante alta y blanca por clara herencia de su padre. Adrakana medía a sus dieciocho años la nada desdeñable altura de metro ochenta y tres centímetros.

Un mañana que se había alejado cuatro kilómetros a un pequeño oasis que había a las afueras de Burdala, la ciudad donde vivía, había sido descubierta realizando magia por un noble y su sirvienta que habían ido a aparearse a ese oasis.

Adrakana pese a verse sorprendida reaccionó rápidamente, le tiró una bola de hielo a Raitor, el noble que quería subirse a su caballo y cayó tras el impacto estrepitosamente, dándose de morros contra la arena.

Su sirvienta negra estaba inmovilizada sin decir nada, no parecía que fuese a causar problemas, así que Adrakana fue directamente donde el noble y le registró, consiguió encontrar su bolsa de monedas y se la quedó.

Les dirigió a ambos al oasis y con su magia logró hacer una prisión de hielo en la que les encerró a ambos, sabía que con el calor del desierto apenas tardaría unas horas en derretirse, pero confiaba en que ella se llevaría los caballos y ellos tendrían que volver andando y eso la daría tiempo suficiente para huir.

Treinta y cinco monedas de plata, no era un tesoro real pero estaba muy bien para emprender una huida. Con ambos caballos fue directamente a Burdala aunque les dejó a quince minutos de caminata atados a una palmera y fue andando a la tienda de su padre donde le encontró regateando con un noble local el precio de unas pieles para dar calor en las fías noches del desierto.

Adrakana saludó y le dijo a su padre Agotev que necesitaba coger algunas cosas de la tienda y que se las pagaría, tras decirlo cruzó la zona donde se mostraban las mercancías que más se vendían y fue al almacén.

Cogió una tienda de campaña, comida desecada para dos meses, varias cantimploras que llenaría más tarde de agua en el pozo del pueblo, dos prendas de ropa para caminar por el desierto, dos mantas de piel para las noches frescas en el desierto, forraje y pienso para caballos, una brújula y una espada de buena calidad con su vaina para guardarla.

Cuando ya tenía lo que necesitaba y estaba a punto de salir con una bolsa mediana y una enorme mochila donde había metido todo entró su padre con expresión asustada.

¿Qué te pasa hija preguntó Agotev?

Adrakana respondió:

Padre he de irme enseguida, me han visto practicando magia, todavía tardarán unas horas en dar la alarma, pero tengo que escapar lo antes posible.

Agotev miró con preocupación a su hija y tras darla una abrazo la dijo que esperase que enseguida volvía.

Su padre trajo un pequeño amuleto de plata en forma de ovalo en cuyo centro había un cuarzo blanco en forma de colmillo, tres mapas y diez monedas de plata.

Dijo: este amuleto perteneció a tu abuela, una poderosa maga de hielo que fue ejecutada por apoyar el bando perdedor de una guerra civil en Tirudea y estas monedas son casi todo lo que tengo en la tienda, las de cobre solo harían otra cosa que pesar mucho y aportar poco.

Corre vete y no vuelvas, serás perseguida, ve al desierto y no vayas por zonas transitadas, en estos mapas podrás ver la localización de algunos oasis que no son muy frecuentados y algunos pueblos en los que el consejo no tiene ojos ni oídos de momento. Que tengas suerte hija.

Adrakana llenó las cinco cantimploras en el pozo del pueblo y se dirigió hacia los caballos que había robado, una vez montó en el que parecía más fuerte salió al galope de Burdala.

Dos horas después cambió de caballo para no destrozarle y puso la bolsa mediana que había llevado el caballo en el que iba a subirse en el que la había llevado hasta allí y subió con la mochila en el otro caballo. Tanto la mochila como la bolsa tenían comida y cantimploras, la mochila tenía más comida y tres cantimploras, por eso siempre la llevaba con ella, la otra eran recursos adicionales que si bien eran prescindibles en caso de emergencia, les iba a necesitar.

Tras casi dos horas hicieron una parada en la que tanto ella como los caballos bebieron un poco de agua, comieron algo y descansaron media hora.

Tras este parón se volvió a subir en el más grande y fuerte y con una marcha tranquila pero constante pusieron rumbo a un oasis que venía en los mapas que le había dado su padre y por el que no pasaban las líneas verdes que marcaban una ruta de alto tránsito ni tampoco las líneas azules que indicaban una ruta de tránsito moderado.

Al anochecer se detuvieron y Adrakana montó la tienda de campaña, tras alimentarse ella y alimentar a los caballos se fue directamente a las pieles y e intentó sin mucho éxito dormir un poco. Si bien no consiguió dormir mucho, al menos sí descansó algo y a la mañana siguiente siguió moviéndose, la huida debía ser constante.

Tras cuatro días de marcha en la que estuvo sola con los caballos consiguió llegar al oasis y rellenó todas las cantimploras con agua fresca y luego se hartó a beber e incluso recogió algunos dátiles para no gastar tanto la comida de viaje.

Pero enseguida se alejó del oasis, sabía que si tenía perseguidores, la buscarían en los oasis, por lo tanto se alejó varios kilómetros antes de montar su tienda de campaña.

El calor era horrible pero tenía que descansar unas cuantas horas, la intensidad de la huida era extenuante para ella y para sus caballos y si bien no había visto a nadie, suponía que la buscarían.

Y no se equivocaba, una patrulla de diez soldados y dos magos estaban tras su rastro, trataban de no perder sus huellas y ellos también tenían buenos mapas.

Una mañana Adrakana tras haber dejado los caballos atados y haber caminado un rato entró en un poblado de mala muerte. Apenas había cinco casuchas donde unos aldeanos habían encontrando agua en un profundo pozo y tenían algunas palmeras datileras, bananeros y algunos huertos con lechugas y patatas.

En cuanto pasó la primera casa comenzaron a salir de todas las casas los soldados, Adrakana fue muy rápida, antes de que llegara el primero se concentró y consiguió que el calor se concentrase en la espada del enemigo que al quemarse la soltó, momento que aprovechó la maga para cortarle el brazo que había soltado la espada.

Continuó avanzando hacia el siguiente soldado y tras parar su ataque con su espada, le lanzó una bola de fuego a la cara que consiguió prenderle el pelo y éste huyó hacia el pozo lo más rápido que pudo.

Cuando se le acercaban los demás consiguió congelarles los pies aprovechando la humedad que salía del pozo para concentrar el agua a los pies de estos y dejarles quietos en el lugar, pero los magos eran más complicados de paralizar, salieron los últimos y lanzaron cada uno una bola de fuego.

Adrakana consiguió levantar en el último momento un muro de hielo que paró ambas bolas y comenzó a deshacerse, enfocó su mirada hacia sus nuevos enemigos y al que tenía más cerca le tiró primero un virote de hielo y después amagó que tiraba otro al segundo, pero lo que hizo fue lanzarle ese segundo al primer objetivo.

El primer mago creó un muro de fuego que deshizo el primer virote, pero luego fue quitando el muro de fuego pues consumía mucho poder mágico y el segundo virote entró por el muro debilitado que si bien deshizo el virote no consiguió evaporar completamente el agua y esta llegó hirviendo a la cara del mago que se retorcía por el suelo gritando como un perturbado.

El segundo mago vio que no sería una rival fácil así que con muchísima precaución se preparó para luchar, mientras creaba una grandísima bola de fuego miraba atentamente a la maga por si esta intentaba hacer algo, pero ella corrió a esconderse tras una de las casas y el mago tuvo que dejar de acumular fuego en la bola que estaba creando y tratar de seguirla.

Cuando el mago estaba rodeando la casa se dio cuenta demasiado tarde del filo de la espada que se acercaba a su corazón, antes de poder decir una sola palabra su corazón había sido atravesado por la espada de Adrakana.

Tras rematar al otro mago, rellenar las cantimploras que había traído y quitarles las monedas y víveres a los soldados bien muertos o bien paralizados con los pies congelados, Adrakana salió del pueblo y con ella también salió del pueblo la leyenda de la maga sanguinaria que destruyó a dos magos y escapó hiriendo a varios soldados ella sola.

Los rumores comenzaron diciendo que mató a dos magos y huyó de quince soldados, continuaron subiendo la cifra a tres magos y veinte soldados y terminaron llegando a la capital Indukistan con la asombrosa cifra de cinco magos muertos, veinte soldados heridos y veinticinco muertos.

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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