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4 min
TRONO DE NAIPES
Infantiles |
07.12.12
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Sinopsis

Ricardo, rey por un día

- Señor, si señor – gritó al unísono el impresionante ejército que se presentaba bajo su balcón.

Con aire decidido, alzó su mano, tratando de calmar a la masa congregada frente a él, y todos, con un ritmo acompasado digno de la mejor orquesta hasta la fecha conocida, hicieron la alabanza de rigor, convertida en saludo de pleitesía hacia su idolatrado rey. Él, un joven monarca, engalanado hasta los topes, gozaba y disfrutaba del momento. Por fin, tras mucho luchar, había conseguido tener a su mando al mejor de los ejércitos.  Ahora sería invencible y conseguiría lo que tanto había soñado, hacer suyo el mundo.

Embriagado por la sensación y el momento, decidió retirarse a su distinguido trono. Allí, un grupo de cortesanos, esperaba a su rey, dispuesto a hacer, si cabe, más placentero su descanso. Frente a su figura desfilaron las mejores frutas y viandas del reino, toda clase de motivos florales e incluso los más nobles caballeros, ofreciéndole desposar a sus jóvenes hijas, todo valía con tal de satisfacer los deseos del poderoso y de paso, ganar su favor, lo que podría garantizar una estancia más placentera bajo su mandato. Todo estaba a su alcance, todo era para él y no podía sentirse más feliz.

- ¡Ricardo, Ricardo! – se oía con fuerza desde la habitación de al lado. Cada vez más insistente y con mucha más insistencia. Su nombre penetraba en su ser, alterando el estado de retiro que, tras el duro esfuerzo, se había ganado y con deleite se encontraba disfrutando. Otra vez, el mismo grito, con muchísima más fuerza, penetraba en su cabeza como un martillo, impidiéndole mantener el descanso ansiado. De repente, la voz se perdió en el silencio, pero un golpe seco, estratégicamente dirigido hacia su brazo izquierdo, zarandeó su cuerpo como el más voraz huracán, con la suficiente fuerza para arrancar de una vez por todas, pese a sus deseos de seguir en el estado de paz, del retiro a Ricardo. ¿Quién osaba interrumpir a todo un rey? Fuera quien fuera, con su acto indisciplinado acababa de ganarse el más duro de sus castigos, el exilio.

Abrió sus ojos, y todo su reino se desmoronó. Su madre,  se apareció frente a él. Justo en ese momento comprendió que su reinado se había acabado de golpe, gracias a la insistencia de su madre de apartarle de su placentero sueño. Había sido rey, tenía un ejército a su cargo, pero todo había sido un maldito sueño, nada más. Todo lo que estaba en sus manos, todo aquello que le otorgaba el lugar del trono, se esfumó con un simple abrir de ojos, provocado por la osadía de la más insurrecta del reino, su madre. Ese ser con el que no contaba en su reinado y que había mandado por los aires su castillo de naipes. Ahora, con la dura realidad frente a su madre, había comprendido que su reinado había tocado fin y por mucho que se empeñase nunca más podría volver a disfrutar de ello.

Camino del odiado colegio, Ricardo, lejos de mostrar ese semblante malhumorado habitual durante la semana lectiva, presentaba una curiosa e inquietante sonrisa en su cara. Nunca se había dibujado en su rostro tal mueca, pero nunca antes había sido rey de todo un ejército y había gozado de los más absolutos placeres del reinado. Nadie lo sabiá, solo él, pero esa sensación de grandeza jamás podría olvidarla, por mucho que se enfrentase un día más a la cruel realidad.

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  • Quiero volver a esos tiempos en que yo me creaba mis propias aventuras y las protagonizaba. Usted ha hecho que lo haga durante unos minutos. Enhorabuena por devolverme un poquito de mi infancia.
    Escribe tus comentarios...Que sería de nosotros sin nuestros sueños...
    Muy muy bien narrado, sí señor. Enhorabuena.
  • Lucía, harta de tanto sufrimiento, decide poner punto y final al mismo, aún a costa de su libertad.

    Ricardo, rey por un día

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