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2 min
Ultimo tren a casa
Varios |
02.06.12
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Sinopsis

Los pueblos fantasma se pueden vengar

Terror. Eso sintió al despertar y comprobar que estaba inmovilizado sobre las vías de un tren, en medio del campo, de noche. Atado fuertemente su cuello en un riel  y sus piernas en el otro. Frente a su vista un enorme reloj y un cartel que decía -Próximo tren a Sierra Verde a las 3.30-. El reloj marcaba las 2.30. En una hora sería decapitado. De nada servía gritar porque estaba en el medio de la nada. Una imensa luna bañaba dantescamente la escena. Su mirada llorosa se perdía en medio de miles de estrellas que por primera vez en su vida podía apreciar. Convengamos que, "apreciar," en ésta situación, es sólo posible en la imaginación del autor. No recordaba como había llegado a esta situación a excepción de aquellos tres parroquianos que lo interpelaron de mala forma. Morir de esa manera era terrible. Solo. Angustiado, no podía pensar nada más que en el ruido de una locomotora y en la muerte. Las 3.00. Media hora para entender, media hora para morir. Se orinó encima por el miedo y volvió a llorar.

De pronto tuvo un rapto de lucidez y comenzó a reir. Volvió a leer el cartel que anunciaba el próximo tren. Y rió con más fuerza. Respiró aliviado. Sabía que no había ningún tren por venir. Él mismo fue uno de los asesores que indujo a cerrar todos los ramales ferroviarios improductivos. Y fueron cerrados. No más trenes a Sierra Verde. Y esos pueblos de mierda que desaparezcan o se muevan en ómnibus.  Todo esto era una maldita broma, ya se encargaría de encontrar a los culpables.

3.27. Comenzó a sentir una vibración en los rieles y un ruido seco. Se espantó. Hacia la izquierda una luz lo cegó y el ruido de una locomotora comenzó a aturdirlo. Cuando escuchó el pitido se paralizó, el temblor en los rieles fue aumentando, también el ruido a metal y la agonía. Demasiado para su corazón.

 

Los bomberos recogieron los restos al día siguiente. Ningún tren llegó a Sierra Verde.

 

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