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4 min
Un amor fugaz
Amor |
25.12.11
  • 3
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  • 1625
Sinopsis

Lo primero que vio cuando abrió los ojos, fueron los primeros rayos del Sol que anunciaban el alba...

 

Lo primero que vio cuando abrió los ojos, fueron los primeros rayos del Sol que anunciaban el alba; un escalofrío recorrió todo su cuerpo; él también se había despertado.

La suave brisa matinal inundaba el ambiente, cargándolo de aromas florales; flores empapadas por el rocío, pero esa húmeda fragancia era asfixiante y le provocaba cierta repulsión; recordaba con nostalgia el invierno: seco y frío, morada de la paz y el descanso.

En un intento de despejar el sueño que aún se alojaba en su interior, pestañeó un par de veces y se estiró con ímpetu crujiéndole un par de huesos; ya no era un jovencito, pero le daba miedo envejecer tan rápido, así que se levantó con agilidad para engañarse así mismo. Cerró los ojos e inspiró un instante el oxígeno puro que se propagó rápidamente por sus pulmones: el frescor de aquella calada era la más embriagadora de las drogas.

Lentamente abrió los ojos y su corazón dio un brinco. Algo inusual resaltaba en el monótono paisaje. Justo enfrente suyo algo corrompía las vistas de su morada. No era comparable a la belleza que podía esperar de la infinitud de las nubes de un cielo azul, ni la mezcla de colores de miles de flores que se extendían a su alrededor; era diferente, misterioso y especial; un espejo de su forma en otro ser, cuya figura era delicada y esbelta. Sus sensuales rasgos la delataban: era una hembra.

Anonadado ante la aparición de la extraña, entre asustado y confundido, permitió que le escudriñaran de arriba abajo esos ojos fríos y poderosos. Entonces un pequeño brillo resplandeció en ellos.

Aquel ser sobrenatural comenzó a aproximarse al individuo paralizado que era testigo de su imperfección en comparación con los virtuosos rasgos de aquella perfecta, preciosa y única presencia.

Sin saber más de ella que la imposición de su figura, algo le decía que estaban destinados a encontrarse y unirse; sentía como estaba prendado por su encanto e incluso enamorado.

Con un paso seguro pero elegante, se postró delante suyo a escasos centímetros; sus rostros quedaron separados por un finísimo velo. Un velo que no consiguió detener el aliento de ella que se escapaba de su boca colándose furtivamente en la de él. Una deliciosa sensación de calor se adueñó de sus entrañas y cuando la pretendienta le rozó el cuello con los labios, ese calor ahora abrasador devolvió a la vida al paralítico, una fuerza se apoderó de él; aquel ser había desatado lo salvaje de su naturaleza.

Entonces, con brusquedad, agarró a la dama de la cintura y la unió a su cuerpo. La presa dio un grito ahogado de sorpresa y excitación. Se inclinó hacia atrás mostrándole al cazador su delicado cuello. Tentado por la oferta lo besó desde la mandíbula hasta el escote, adentrándose entre las cuervas de sus pechos. Pero ella con elegancia y eficiencia se liberó de sus garras y abrazó su fornido cuerpo por la espalda.

Cansado de rodeos, la enganchó de una mano y la sujeto con firmeza; así no conseguiría escapar, era suya y bailaría con ella. 

La arrastro a la posición original y con la mano que tenía libre la sujetó de la cintura. Dieron dos pasos, con agilidad pero distantes. La miró a los ojos y sin perder el contacto visual entre ambos, la dio una vuelta. Después, tan unidos que parecían uno, empezaron a girar con gracia.

Ninguna música marcaba el ritmo, solo la brisa les acompañaba y el cantar de sus congéneres desde la lejanía. A cada giro, sus rostros se acercaban cada vez más y más, hasta que sus labios se encontraron.

Envueltos en la magia del momento ella saltó a los brazos de él, que instintivamente la llevó hasta su nido donde la pasión se apoderó de ellos.

Cuando ambos entendieron que ya nada les mantenía unidos, ella se empezó a separar lentamente, y así, tan fugaz como había llegado, emprendió el vuelo de ida. Él la observó sonriente mientras se alejaba. Había asumido que jamás la volvería a ver, porque acababa de cumplir su cometido. Estaba en paz y feliz; pronto llegaría el invierno.

 

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  • Escribe tus comentarios...
    Yo me quedo con el perfil psicológico del macho en cuestión y el delicado relato de los primeros párrafos. Muy bien logrado.
    Al margen del significado que cada uno pueda darle a tu historia me parece magníficamente relatada, con un empleo del lenguaje muy sutil y apropiado. Enhorabuena
  • Desapareció mi musa, desaparecí yo. Intentaré terminar lo que dejé a medias. Quizás este es el mejor momento para reencontrarme con ella, mientras pueda escaparme a ratos del infierno, quizás para evadirme y puede que esta vez sea la última que pueda huir del fuego. Un beso escritores, hola mi musa

    -No, no, no…¡NO! –grité.

    Era una mujer de los cincuenta, de unos sesenta años, que una mañana de invierno conocí por casualidad.

    Me ha dado por escribir esta vez para variar algo de poesía y no he podido evitar acordarme de Roald Dahl y sus "Cuentos en verso para niños perversos", una obra genial muy cortita y divertida, picaresca con trazas de rebeldía. Espero que esta no os resulte demasiado ñoña, y sino, por favor castigarme con severidad con vuestras valoraciones por haceros pasar un mal trago. Un saludo queridos míos

    .

    ¿Crear o escribir? Al final solo es arte, ¿verdad mi querido Wilde?

    .

    Sigo esperando que ocurra

    ¿Y si mezclamos una noche de fiesta con demasiado alcohol? Algo así sin contar la resaca de la mañana siguiente.

    .

  • 21
  • 4.54
  • 163

Mi nuevo nombre fue repudiado y ensombrecido por uno horriblemente común. Es hora de sacar a este engendro a la luz.Soy incapaz de expresarme hablando. Pero escribir es otro mundo.

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