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4 min
Un banco bajo las estrellas
Reflexiones |
20.03.17
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Sinopsis

 

                Conscientes de que aquel era el final, se encontraban los dos bajo el manto estrellado de una noche veraniega, sentados en un banco normal y corriente, que terminaría convirtiéndose en un lugar maldito para ambos tras lo ocurrido aquella noche; junto a uno de los árboles mas bellos de todo el lugar.

 

                - Cada vez que veo tu rostro siento como si cayera sal en mis heridas.- Dijo el mirando el rostro de ella.

                - Tan solo pido que me olvides.- Dijo ella con los ojos llorosos.

                -  Instauraste la calma en mi tempestad, ordenaste mi caos, me enseñaste a apreciar hasta el mas mínimo detalle de cada día y me hiciste mejor persona. ¿Cómo crees que puedo olvidarte?.- Dijo el buscando en su pasado.

                - Es simple. Solo olvídame.- Decía mientras sentía un puñal atravesando su pecho cada vez que sonaba la palabra olvídame.

                - Me temo que jamás seré capaz. Estas grabada a fuego en mi piel; mire donde mire veo tu recuerdo. Incluso las nubes reflejan tu sonrisa. Me acompañarás hasta el final de mis días.-

                Ella no pudo contener durante mas tiempo sus lágrimas y comenzó a llorar. Se hizo el silencio mientras el la miraba fijamente.

                - Una vez mas he vuelto a naufragar en tu mar.- Dijo hundido al ver llorar a aquella persona tan especial.

                - Hemos compartido momentos, sueños, ilusiones...Es el momento de separar nuestros caminos. Debemos ser fuertes en la tristeza y disfrutar de la alegría.- Dijo tratando de regenerarse.

                - Esta bien. Tan solo te pediré una última cosa. Únicamente deseo que me recuerdes como una buena persona, que siempre te ha querido con todo su corazón y que siempre ha tratado de hacerte feliz.- Dijo el intentando hacer mas asumible la triste realidad.

                - Si me dieran a elegir entre vivir esta angustia y no haberte conocido jamás elegiría una y mil veces haberte conocido y haber vivido cada instante a tu lado, fuera cual fuera el precio.- Dijo ella sintiendo la calidez que le ofreció el recuerdo de todo lo vivido.

                - Tan solo puedo agradecer tu existencia y que hayas aparecido en mi camino. Gracias por todo. Te deseo lo mejor donde quiera que vayas y espero que encuentres lo que mereces, la felicidad.-  Dijo con un hilo de voz antes de romper a llorar.

 

                Ambos se fundieron en un abrazo que pareció ser eterno. El contacto hizo que los dos sintieran el calor del otro y como sus corazones se empeñaban en cambiar su ritmo, que hasta entonces había sido idéntico. Felices por lo vivido se miraron por última vez, sonrieron y cada uno tomó un nuevo camino, opuesto al del otro.

Ya separados comenzaron a reflexionar, como si cada mente actuase como una sola, como si estuviesen conectados:

" ¿ Cómo pretendo alcanzar el mañana si aún no soy dueño de mi ayer?. Siempre hay que pagar un precio por la felicidad. Nacemos para ser libres, para fundirnos con el viento y recorrer guiados por el aire un camino que jamás ha sido transitado por nadie. Aunque uno quiera ser agua y otro fuego siempre existirá la forma de que ambos convivan en casi perfecta armonía."

 

                     Los dos detuvieron los pasos que les iban alejando y se giraron. Permanecieron durante unos instantes inmóviles, sin decir nada, aguardando la resolución. Tras unos momentos de incertidumbre ambos comenzaron a correr al encuentro del otro. Decidieron que algo tan fuerte no podía tener final y que debía perdurar mientras siguiera viva la llama que habían creado y que había alimentado sus vidas.

 

                      Casi cincuenta años después, cercanos a formar parte de la eternidad, dieron un último paseo juntos. Tras unos minutos caminando llegaron casualmente al mismo banco que décadas atrás había supuesto un duro escollo entre ambos. Se sentaron en el, tratando de borrar el gris recuerdo de aquel último encuentro con la madera que lo formaba. Ambos se miraron, cogieron la mano del otro, sonrieron y suspiraron, diciendo llenos de felicidad al mismo tiempo y en voz alta:

 

                     - La vida que nos habríamos perdido si nos hubiéramos rendido.- 

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