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4 min
Un beso fúnebre de hermanos
Drama |
10.01.16
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Sinopsis

El amor de hermanos es demasiado grande. Probablemente te harían falta muchas palabras para describirlo. Te harían falta aún más si quisieras describir el amor que sientes por tu gemelo.

El joven miraba a su hermana con ojos tristes. Ella estaba bajo el marco de puerta de brazos cruzados, con el rostro lleno de lágrimas tan saladas como el agua de mar.

Él metía una dotación de ropa interior limpia y varios calcetines en su petate de viaje. Ella sacaba de su mente los recuerdos de su hermano. La dulce infancia que vivieron en aquella casa en la Cumbre de la Neblina se vio vuelta trizas por las últimas pelean que tuvieron.  Sus recuerdos se vieron sepultados por la lástima sentía por si misma al ver partir a su hermana.

-¡Te odio! –rompió ella en llanto.

Ella se abalanzó sobre él en torbellino de furia e ira. Comenzó a abofetearlo, a patearlo y a empujarlo de manera brusca y salvaje por toda la habitación, sin importarle que se lastimara sus delicadas manos de artesana.

Él se quedó ahí parado, desentendido de los golpes de su hermana. Dejó que se desquitará con él. Tenía bastantes razones para hacerlo.  <<Esto es lo que los buenos hermanos hacen>> dijo para sí mismo, mientras aguantaba los lloriqueos agrestes e inútiles de su hermana.

Cuando se cansó de su infructífera pataleta, cayó cual costal de campesino tras un largo día de trabajo. Se hizo un ovillo a los pies de su gemelo, no quería que se fuera. Le hacía falta, no podía vivir sin él.

-Te odio, te odio, te odio… –decía por lo bajo fútilmente.

Él se limitó a abrazarla, magullado y silencio, por un largo rato. Luego, tiró su petate de la cama y la acostó con dulzura en ella. Comenzó a abrazarla más fuerte. Comenzó a llenarla de besos y caricias tiernas. Comenzó a llorar tan desconsoladamente como su hermana. Tampoco quería irse, pero el deber que se tiene para con su país y la necesidad de ayudar con los gastos de la propiedad lo llamaba.

-No llores –dijo él–, que me haces llorar a mí también.

-Pero es que no quiero que te vayas –dijo ella en un susurro apenas audible para su hermano.

-Tengo que hacerlo –respondía él sonriendo tristemente.

-¡Dijiste que me amabas! –replicó ella ofendida.

-Lo hago –dijo él con agonía–, pero alguien tiene que ayudar con los gastos de la granja. Yayo está muy viejo, y nuestra madre ya no es lo que solía ser antes. La demencia senil gana más terreno cada día.

Se quedaron callados por un rato. Por la ventana entraba un rumor del viento. Susurros indescifrables provenientes de la helada y lejana Tracia armonizaban la lúgubre habitación de los hermanos.

-El mejor regalo que puedes darme, es quedarte conmigo –le dijo ella para tratar de convencerlo.

Él siguió escuchando el viento mientras acariciaba el cabello rojizo de su hermana. Mientras cerraba los ojos. A él le gustaba el sonido del viento, solía salir a escucharlo en momentos de tristeza y desaliento, como cuando murió su perro Nevado.  Lo escucho dócil y sosegado, en la búsqueda de una respuesta factible.  Creyó haber recibido una del mismísimo dios del Viento  para su afligida hermana de nacimiento.

-A veces, el mejor regalo que puedes darle a alguien es un recuerdo tuyo.

Ella asintió fúnebremente. No iba a hacer que su gemelo cambiara de opinión. Lo conocía demasiado.

-Te recordaré, pero promete que tienes que volver, hermano mío.

-Cuando no esté de servicio, vendré a visitarte. Lo prometo –su rostro se iluminó con una sonrisa.

Él se levantó y termino de ordenar su bolso de viaje. Ella solo lo miraba con tristeza desde la cama, mientras volvía a recordar las muchas travesuras que hicieron enojar a sus padres.

Cuando terminó le dio un beso de despedida en la frente. En aquel beso, estaba la única cosa que lo hacía feliz en tiempos de dificultades. Ella. Ella era aquel beso, ella era sus labios, ella era todo su ser. Por ella iba al matadero. Por ella era capaz de morir.

Solo le deseó lo mejor. Tomó las llaves de la oxidada motocicleta de su padre y partió como si tuviera algo por lo que volver.

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  • Hermoso relato, gracias por compartirlo y también por haber leído el mio, gracias por valorar y comentar, saludos.
    Hay tantas clases de amor que nadie podra nunca sintetizarlos todos por mucho que se escriba
    No es parte de ninguna trama más profunda. La inventé en uno de mis arranques literarios. ;)
    Leyendo el título comprendo una trama más profunda. Parece el extracto a un relato más extenso.
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