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12 min
UN BOCADO DE SALSA BBQ
Ciencia Ficción |
03.10.16
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Sinopsis

Papá, dijo Leila, ¿recuerdas que hace tiempo te dije que muchas veces me sentía observada?... ¿sabes que desde hace unos días me siento igual?... a ver qué desaparece esta vez!

Tengo 16 años así es que estoy a la mitad de mi permanencia en el centro,  y luego, otros 13 años en el centro superior de investigación.  De todas maneras, no está mal, la teoría está bastante equilibrada con la práctica y hasta me gusta!. La práctica realmente me motiva, incluso me emociona! es como si el tiempo no pasara cuando estoy en los campos de práctica.  Si voy a “sentir” lo que estudio, supongo que todos estos años de estudios, no se me harán largos, no?

El traslado entre el centro y el campo de prácticas es nada, es, literalmente, abrir una puerta y entrar -¿o salir?- a 9.8.5.8, el campo al que estoy asignada. 

Ellos no nos pueden ver ni cruzar el umbral, entonces para nosotros es muy fácil estudiarlos en su estado más natural, es así como yo prefiero llamar su estado, natural… y no primitivo como suelen definirlo no sólo mis maestros y compañeros, sino también nuestros compendios.

Si no fuese porque no nos ven, estaríamos en verdadero peligro. Viven en grandes clanes, muy cerrados a los cambios, a las ideas nuevas y a nuevos miembros y, aún así, son admirables!  Entre los miembros de un mismo clan llegan a sentimientos muy nobles, son capaces de proteger a sus crías dando la vida misma, aunque también la arriesgan, en contadas y especiales ocasiones, por algún miembro del clan.  Por otro lado, no tienen piedad al momento de impedir el ingreso de nuevos miembros, y ya no hablemos de nuevas ideas! entonces, yo también los definiría como primitivos.  Los clanes se subdividen en pequeños núcleos que ellos llaman “familia” y yo tengo asignado un núcleo de 5 miembros cuyo líder es una hembra a la que los pequeños han comenzado a llamar mamá, el macho que la acompaña la llama Leilamor y el macho mayor la llama hija… hay algo en esa palabra y en la forma en que el hombre la pronuncia que simplemente no puedo describir.

Disfruto especialmente cuando tengo que observarlos mientras se transportan de un lugar a otro… y ojo! pueden hacerlo por la superficie que llaman tierra y los otros 2 elementos que llaman agua y aire.  Sus artilugios de transporte, burdos y pesados, alcanzan velocidades admirables a pesar de estar sometidos a la fricción y resistencia de los materiales. Alcanzan velocidades de entre 80 kph hasta 900 kph (lo que me costó recuperar esas medidas de distancia/velocidad perdidas en los anales del tiempo!) pero al final, incluso disfruto estos viajes, a pesar del ruido y traqueteo.  A estas velocidades es posible admirar sus paisajes, la densidad permite unas formas y unos colores que cuando los estudiaba, no imaginaba que un día los iba a tener delante de mí. No tengo palabras para describir toda esta belleza!

Otro momento que no me pierdo es la hora en la que alimentan y regeneran sus organismos… tienen que invertir tanto tiempo! Aunque al final el resultado bien vale el tiempo invertido.  Es el momento en el que la paz reina, los rostros se distienden, las risas retumban en las paredes y vibran dentro de mí, los niños descubren sabores, los mayores intercambian miradas cómplices; es un momento que no tiene precio y al que el adjetivo de mágico lo describe muy bien, la combinación de colores y sabores me invitan incluso a mí! por un instante me gustaría poder probar todos aquellos manjares y poder disfrutar de “los sentidos” … los sentidos! Otro de los conceptos subjetivos que creemos entender pero vistas las caras y expresiones, creo que sólo se pueden entender si se viven y experimentan.

Leila despertó, como cada día, sin ayuda del despertador.  Antes de saltar de la cama se giró y le dio un sonoro beso a Rick a modo de despertador y esperó a que él conteste, aunque sin abrir los ojos, con su cotidiano “Buenos días mi Leilamor”, sólo entonces sonrió y saltó de la cama para despertar a sus 2 hijos a punta de sonoros besos también.  Luego se asomó a la habitación de su papá, aquel anciano hoy débil y lento, que un día la llevó en brazos, luego la tomó de la mano en sus primeros pasos y al final la soltó para que ella pudiera correr libre de frente a la vida… pero no sin antes haberla enseñado a ser fuerte, independiente, tenaz y decidida… pero no sin antes haberla enseñado a sentirse amada y protegida… pero no sin antes haberla hecho saber que sólo necesitaba decir Papá para que él estuviera allí, a su lado, siempre y para lo que sea.

Una vez que Rick y los chicos hubieron partido al trabajo y universidad, Leila fue a la habitación de su papá, que como de costumbre ya estaba listo y con una sonrisa radiante recibió a Leila con un “Buenos días, hija”… entonces Leila vivió el amor mientras daba un sonoro beso a su padre también.  Cuando se separó de él reparó en su cabello completamente blanco, y se dio cuenta que Rick también ya tenía las sienes salpicadas de cabellos blancos y tuvo el impulso de correr al espejo y ver si ella también ya empezaba a tener canas… pero no! no encontró ningún cabello blanco todavía, pero sí reparó en las líneas que habían empezado a rodear sus ojos… era sólo el tiempo que pasaba sin perdón ni compasión!

Habían quedado atrás los días en que todos se reunían alrededor de la mesa; hoy los chicos volvían sólo a dormir, su padre apenas comía y pasaba gran parte del día entre el sofá y la cama viviendo de revivir sus recuerdos, así es que por la noche eran sólo ella y Rick ante un mesa cada vez más frugal, pero no por eso menos divertida y cómplice.

Leila tomó de la mano a su padre y la sujetó con tristeza, cuidado y disimulo, para ofrecerle el equilibrio que él iba perdiendo y salieron de la casa aprovechando que aún no empezaba el invierno de verdad.   Cuando llegaron al parque, el padre se sentó en la banca de cada día y se sacó la chaqueta para disfrutar del calor del sol mientras Leila corría alrededor del parque escuchando la música de su grupo favorito… estaba muy bien ese cacharrito que le había regalado Rick en su último aniversario… medía la tensión arterial, la distancia recorrida, los pasos empleados, el tiempo utilizado y además podía escuchar música… lo que no sabía Rick es que la única función que usaba Leila era la de escuchar música.

Cuando Leila había dado todas las vueltas que podía en una hora, se sentó al lado de su padre y entonces éste, con una mirada vivaz y suspicaz, perdida hace tiempo y recuperada en ese instante, señaló un tronco igual a todos los demás que había en el parque.  Leila primero se asustó, y mucho! la demencia senil no era ajena a su familia.  Pero la mirada de su padre era todo menos una mirada perdida o senil.

Leila siguió con la mirada la dirección que señalaba su padre y sólo vio un árbol igual a todos los demás; intrigada y preocupada volvió una mirada inquisitiva hacia su padre quien, con una sonrisa pícara y ojos chispeantes guardó silencio un momento, luego giró la cabeza hacia el árbol y le dijo: hija! estás perdiendo la agudeza y capacidad de observación… esta rutina tuya te va a matar!  Mira, continuó, ese árbol es el único que ha perdido la esbeltez de su tronco, sí crece hacia lo alto como los demás, pero también crece en ancho y sin la gracia propia de la naturaleza, sino que parece que se adaptase a algo externo a él; lo he estado observando durante años pero por alguna razón, hoy estas formas extrañas se me han hecho más evidentes. 

Leila y su padre se acercaron al misterioso árbol y observaron su corteza dura y rugosa, de apariencia totalmente normal.  El tacto decía lo mismo que la vista, era un árbol completamente normal.  El padre, recuperando la imaginación y agudeza comenzó a rodear el árbol, paseando la mirada desde la base hasta la copa, tocando hojas, ramas y tronco… pero sin encontrar nada fuera de lo normal.  Entonces centró su atención en la base del tronco, donde el césped, rastrojos, y otras plantas tapizantes y rastreras habían rodeado y cubierto por completo la base y raíces.  A pesar de su falta de estabilidad  y agilidad empezó a palpar con los pies la base del árbol y para su sorpresa, toda la vegetación que la rodeaba no había echado raíces en el suelo sino que estaba completamente suelta.  Entonces, ¿dónde estaban las raíces de toda esta vegetación?.  Leila que seguía divertida las pesquisas de su padre, cogió una rama larga del suelo y empezó a remover la vegetación que rodeaba la base del tronco, y para su asombro, esta parecía más bien obedecer a la rama y abrir paso hasta la base misma del tronco donde, incrédulos, padre e hija vieron que la base no estaba pegada al suelo sino que se elevaba unos 15 centímetros de la tierra y a través de este espacio se podían ver tres… digamos… ¿pies? ¿patas? ¿bases?... no supieron cómo definir aquello que veían, pero algo les hacía estar seguros de que eran extremidades, las extremidades… ¿de?... algo metálico, seguro! pero hasta ahí llegaron. 

Leila tomó a su padre de la mano y juntos volvieron al banco, donde tomaron asiento y esperaron tranquilamente la llegada de la policía, a quien Leila había llamado.  Estaba feliz de haber recuperado a su padre, aunque sea sólo por esa mañana.

Leila y su padre miraban divertidos y cómplices, sin que los 2 policías que habían acudido les hicieran caso, mientras abrían el tronco del árbol para ver qué artilugio había quedado atrapado dentro. 

El revuelo fue colosal, los dos policías salieron corriendo en direcciones opuestas gritando códigos ininteligibles e incomprensibles por sus radios. 

Leila y su padre estaban solos ante el artilugio.

Unos hermosísimos ojos de cuarzo violeta miraban el infinito; unos ojos rodeados por lo que parecía ser un rostro de metal terso pero sin brillo, sin nariz, sin boca, sin oídos… sólo aquellos indescriptibles ojos.  Debajo del rostro se extendían no tres sino muchas extremidades y todas ellas nacían de otro hermoso cuarzo color miel-oro.  Cada extremidad acababa en… PAPÁ!!! PAPÁ!!! gritó Leila señalando el final de una de las extremidades… PAPÁ MIRA!!! seguía gritando Leila… y su padre miró… al final de aquella extremidad estaba ese frasco inconfundible, el último que quedaba de una colección que habían comprado Leila y su padre en el viaje que hicieron juntos antes de que ella se casara.  Había desaparecido misteriosamente hacía muchos años, todos lo recordaban por última vez en la mesa durante la cena y cuando despareció, echaron de menos la salsa barbacoa que contenía y que era la especialidad de Leila… y nunca se supo qué había pasado… hasta ese momento! Aún quedaba algo de la salsa dentro, aunque un buen poco faltaba!  Leila había cogido el frasco y lo miraba intrigada cuando varios hombres de negro la rodearon a ella y a su padre y antes de que pudieran reaccionar, los habían metido en una camioneta también negra.  Leila pudo ver que el parque se había convertido en algo parecido a un secreto campo de batalla donde no quedaba nada, excepto hombres de negro rodeando sólo uno de los cientos de árboles del parque.

Leila y su padre se miraron intrigados ante aquel desborde de acción e ineficacia… tanta seguridad pero a ellos los habían dejado solos y nadie les prestaba atención, así es que Leila se bajó de la camioneta, la rodeó y ayudó a su padre a bajar también y, tomados de la mano y despacito, tomaron rumbo de vuelta a casa.

Papá, dijo Leila, ¿recuerdas que hace tiempo te dije que muchas veces me sentía observada?... ¿sabes que desde hace unos días me siento igual?... a ver qué desaparece esta vez!

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