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6 min
Un bosque con misterio
Fantasía |
27.12.18
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Sinopsis

Un abuelo y su nieto se adentran en un bosque para conocer su verdad

 

      El pueblecito era  pequeño y encantador.  Una fuente redonda presidía la  plaza de la iglesia. Unos gorriones bebían del agua clara de los caños y levantaron el vuelo con celeridad cuando  el abuelo José y su nieto Pepito, cogidos de la mano, pasaron por la fuente y enfilaron la calle de la iglesia que conducía en pocos pasos a la entrada del bosque.

      Pepito, un niño de unos seis años, pelirrojo con el flequillo muy marcado, con pecas, botas de montaña con cordones y calcetines altos que le llegaban hasta el pantalón corto. Se dirigió a su abuelo

     -Abuelo ¿Por qué vamos al bosque? Es aburrido

    José, un hombre mayor, de pelo y barba blancos, algo encorvado, camisa a cuadros, con unas arrugas que contaban las muchas alegrías y penas por la que había pasado y que lo certificaban como un hombre de sabiduría. Respondió

      -Verás cómo no te aburres. Tu mente todavía no está contaminada como la de los adultos. Tu percepción de las cosas no está manchada por la racionalidad y el corsé de los mayores. Nos divertiremos.

      Paso a paso el camino se iba abriendo ante ellos y pronto los primeros claros del bosque pasaron a acompañarlos.

      -Abuelo, no se ve ningún animal. Están escondidos

      -Si claro…seguro que hay jabalíes, conejos, ciervos… pero pobrecitos, cada vez que se dejan ver, los humanos les pegamos un tiro… Recuerda que el bosque está vivo, todos los arboles y animales siguen el curso de la naturaleza. Los que nos hemos salido de las pautas naturales somos nosotros, los humanos.

      Con el paso de las estaciones, las hojas de los cerezos amarillean, caen y vuelven a  brotar; nacen unas  flores rosadas que se convierten en cerezas rojas. Los animales que están ocultos a nuestra vista, también procuran seguir el curso de las estaciones y moverse detrás de la comida. Nosotros, con nuestra inteligencia, nos hemos saltado todo eso, vivimos en espacios muy reducidos, contaminados, competitivos  y como resultado tenemos un mundo civilizado pero con infinidad de enfermedades psicosomáticas, físicas y sobre todo mentales.

       El niño apretó la mano  de su abuelo, no acababa de entender lo que decía su abuelo pero le gustaban sus palabras. Parecía que defendía la vida de los bosques. Pepito aguzó sus sentidos y anduvo expectante a la naturaleza  de su alrededor.

     -¿Pero vamos a ver algo especial o no?

     - De momento déjate impregnar por la energía que desprenden estos grandes árboles. Piensa que algunos son centenarios…Ya vamos entrando en la espesura del bosque y empieza a faltar luz…creo que acabarás llevándote alguna sorpresa

     Pepito vio como los claros por donde se colaba el Sol habían desaparecido, ahora el bosque era tupido como una selva. De repente se quedó sin palabras y clavado…tirando del brazo de su abuelo José y farfullando con dificultad le dijo

     -Mira, mira… ¿ves lo que yo? Mira…

     José sonrió cuando vio como dos gnomos habían salido de un agujero de debajo de tierra. Iban con túnica azul y gorro puntiagudo rojo; uno llevaba barba blanca y el otro iba con un saco.

      -Normalmente no se dejan ver. Debe ser que saben  que no somos de mente cerrada   y no nos consideran peligrosos. Date cuenta que son pequeñísimos… son los guardianes del bosque y de los animales.

      -Pero abuelo, tanto mis padres como en el cole, me han dicho que los gnomos son irreales

      -Ya te he dicho que ibas aprender cosas y nos íbamos a divertir. No te cierres con pensamientos lógicos, observa y empápate de lo que ves.

       El niño iba con el corazón algo acelerado, apretó el paso detrás de los gnomos cuando se volvió a quedar inmovilizado y expectante. En un pequeño arroyo de agua clara revoloteaban un par de hadas con alas traslucidas. Hablaban entre ellas.

      -Pepito soltó la mano de su abuelo y agitándola al viento, dijo – Jo, abuelo, cuando cuente todo esto mañana en el colegio 

     -Yo no contaría nada…todo lo que estás viendo me lo guardaría para mí para saber que la realidad nos puede superar por muchos lados. Ya ves que la verdad tiene muchas caras y muchas veces permanece oculta. Nosotros por el conocimiento creemos que la aprendemos, pero se nos escapa continuamente.

      Pepito sintiéndose un privilegiado, respiró hondo cerró en un principio los ojos para volver a abrirlos con el convencimiento de que aquella realidad caprichosa le seguiría visitando. Abrió los ojos con seguridad y una mujer muy bella compuesta  de ornamentos vegetales, se le quedó mirando por unos segundos.

      -Abuelo, una mujer del bosque me observa ¿La ves? Esta vez el abuelo no vio nada -Lo siento hijo tu mente esta menos contaminada intelectualmente que la mía y puede recibir muchas más imágenes .No veo ninguna mujer. Dime como es.

-Tiene los ojos violetas, es muy bella, tiene hojas y motivos florales en el pelo y en todo el cuerpo;  la he visto salir de un roble y no quiere alejarse de su árbol

   -Estas delante de una Driada, son muy inteligentes, pueden comunicar con todos los seres del bosque. Hablan muchos idiomas y cada una vive en un árbol.

    -¿Cómo puede ser que no la veas? A ver si va a resultar que no eres tan maestro como piensas?

     -José sonrió ante las chulerías de su nieto y contestó

     -Tú estás mucho más capacitado que yo, para captar lo extraordinario del bosque. Mi  mente ya esta deformada por muchas cosas, aunque hace muy poco tu pensabas que nuestro paseo por el bosque iba a ser un rollo y tremendamente aburrido, pero, todo cambia  incluida la vida y nuestra visión sobre ella. ¿No es así ¿

     El niño ya no contestó. Estaba entusiasmado mirando cosas extraordinarias.

     -Abuelo, mira a la derecha, ¿Ves aquel árbol mitad hombre mitad vegetal? ¿Qué es? ¿No me digas que no lo ves? ¡Rápido! ¡Rápido! Mira a la izquierda… ¿son duendes que van corriendo? ¡Abuelo! ¡No ves y no  te enteras de lo que realmente importa, no te enteras de nada! Percibes una pequeñísima parte de la realidad.

 

 

    

 

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