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Un café de testigo - Capítulo 11-12-13/26
Varios |
01.05.13
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Sinopsis

 

-Bueno Marta, tengo una preocupación, y además una pregunta para ti.-Estrella zanjó de repente las sospechas, por las que aquel misterioso hombre se encontraba en los sitios más inesperados.

 

-Dime, te escucho. Ahora es cuando yo te temo a ti.-Contestó con un tono de desconfianza.

 

-Después de leer la carta que el anónimo me escribió, reflexioné detenidamente…

 

-Uf! Qué raro!-Ironizó Marta interrumpiendo a Estrella.

 

-¿Quieres qué te lo cuente? ¡O no!- Preguntó Exasperada.

-Sí, perdona. Cuenta, cuenta…

 

-Me resultó extraño recibir una carta semejante.

 

-¿Por qué razón Estrella?

 

-Por que fue sincero, y de alguna manera misterioso…, de momento no sé mucho de él…

 

-¿Y qué esperabas?, ¿ qué te confesara nombre, apellidos, dirección y estado civil?, ¿qué quieres decir con esto, que te gusta esta incertidumbre?

 

-Creo que sí, es lo que necesitaba-Dijo Estrella entre sollozos, después de recibir la disconformidad de Marta, por la suspicacia que ésta estaba mostrando.

 

-Pero es bueno, ¿no? Es lo que pretendía, que te sintieras viva, y que te reconocieras a ti misma y volvieras a ser la persona con la que he crecido, vivido y madurado.¿ Entonces qué sucede Estrella?

 

-Que tengo miedo, de que fuera alguno de tus juegos, y fueras tú, o algún amigo, o conocido.   ¡ Yo que sé.!-Contestó desesperada.

 

-Te equivocas Estrella, yo no te haría algo así.

 

Alberto prefirió no intervenir hasta el momento, pero no pudo remediarlo.

 

-Estrella, lo que afirma Marta es cierto. Se ha preocupado mucho por ti, y ha pensado que este asunto podía ayudarte. Debes confiar más en ella. Disculpa que me entrometa.

 

-No, disculparme vosotros. Entender que lo que estoy viviendo no es muy agradable. ¿Por cierto, queréis que os lea lo que Javier me ha escrito? Claro, no os lo he dicho, se llama Javier, o así se hace llamar.

 

-No repares en ello Estrella, guárdatelo para ti. Cuéntanoslo cuando te sientas segura. Si necesitas alguna cosa, no hace falta recordar que te ayudaremos.

 

-Sí Estrella, si te encuentras de nuevo con ese hombre y sospechas, no tienes más que decirlo, y pondré a funcionar mi maquinaria de contactos.-Sugirió Alberto con cierta ternura. ¿Y si no para que están los amigos?

 

-¡Y venga, saca el champan, déjate de más historias!-exclamó Marta, en tono como si estuviera de verbena.

 

 

Una vez que se marcharon, Estrella, se sentó de nuevo frente al escritorio. Esta vez estaba decidida a escribir una carta para su amante desconocido, o como decidió denominarlo a partir de ese momento, el incognito.

 

De nuevo se despertó a deshoras, pero en esta ocasión sobre la mesa en la que había estado escribiendo toda la noche. Olía en exceso a perfume, y debió resultar, que sin querer derramó el frasco de una esencia que su madre le regaló, después de disfrutar de uno de sus viajes por Oriente. Fue una pena desperdiciarlo, las hojas estaban empapadas por la fragancia, pero no se vertió del todo. Así que decidió, que todas las cartas irían acompañadas por un aroma muy especial.

 

Hoy era un buen día, se sentía bien. Para continuar con esa línea decidió tomar un baño, no sin antes llamar a Grace para que se encargara de que alguien del servicio, llevara la carta que había escrito durante la noche a la casa de correos.

 

Casi se quedó dormida de nuevo en la bañera, si no llega a ser porque el ama de llaves le llamó para comer. Se secó rápido, se vistió y salió al comedor sin acordarse de que era Domingo y que ese era el único día que coincidía con su esposo a la mesa.

-Ah, sí querida. ¿Estás aquí?, siéntate por favor. –Carlos era arrogante pero al fin y al cabo un caballero. Se levantó se acercó al siento que iba a tomar Estrella y le arrimó la silla.

 

-Carlos, veo que estás de muy buen humor. ¿Por cierto que estabas leyendo?

 

-La prensa, ¿te extraña que me interese?-Contestó el señor, siempre tan mordaz.

 

-No. Me extraña, que digas alguna vez algo cierto. Me he levantado tarde, pero ya no estoy dormida. Me ha parecido ver que estabas leyendo una carta. ¿Te han escrito tus padres, contándote alguna anécdota de alguno de sus viajes que disfrutan, gracias al dinero que yo te asigno?

 

-No, querida, aunque eso no es de tu incumbencia.-contestó como en él era habitual, más que nada por cortesía.

 

El, tampoco recordaba que era el día en que coincidían a la hora de la comida, y se vio un poco apurado. Escondió algo entre el diario que se encontraba doblado,  encima de la mesa.

 

-¿Carlos qué te traes entre manos últimamente?, puedo observar que estás de mejor humor.

 

-Esta situación te agrada,¿ te inoportuna?, ¿Te molesta que no sea por tu presencia, o tu persona?

 

-Simplemente me alegro de que te encuentres bien, pero veo que…- Estrella no pudo terminar de expresarse.

 

-¡Pero veo qué, Estrella!, ¡nunca te has preocupado por mí, para nada!  Para mí ,tampoco fue fácil pensar que debía de convivir con una desconocida, pero lo hice. ¿Acaso sabes cómo me siento?, Y por cierto no pongas  en entredicho mi dignidad a las personas que te rodean, porque no me conocen en absoluto.-Carlos golpeó con el puño la mesa, justo en el momento en el que concluyó de pronunciar la última palabra.

 

Estrella suplicó que no se levantara de la mesa, aun sabiendo que Carlos había entrado en cólera.

 

-Carlos te pido disculpas, no quería que te molestaras en absoluto.

 

-No lo parece Estrella. Discúlpame.-Finalmente optó por abandonar el comedor, no sin antes coger el diario, y el extra que contenía en su interior.

 

Nada más salir, Estrella se dio cuenta de que algo se le cayó sin que éste se hubiera percatado. Corrió hasta el borde de la puerta, se agachó y recogió del suelo un sobre. Un sobre sin sellar, pero con un pequeño distintivo de que había pasado por correos y por un apartado, como el que ella había recibido de Javier.

 

-¿Pertenecerá al sobre que portaba mi carta, o será que él también se está escribiendo con alguien?-habló en alto.

 

En el preciso instante que decidió ir a su habitación, para comprobar si su carta seguía en su sitio, se topó con Carlos cara a cara, muy cerca el uno del otro. Prácticamente chocaron.

 

-¡Querida creo que portas algo que me pertenece!- Afirmó con rotundidad Carlos, y con cierto tono de premura para que se lo devolviera.

 

-¿Es este sobre?- Estrella comenzó a agitarlo, como para provocar que alargara el brazo y tuvieran al menos cierto contacto físico.

 

La situación comenzó a tomar un cariz ciertamente tenso, a pesar de que Estrella se lo estaba tomando como un juego, Carlos no lo entendió así.

 

Comenzaron a forcejear.

 

-Por favor, dámelo. No voy a insistir- Carlos empezó a dar voces.

 

-¡Dámelo, dámelo!-Insistía.

 

-¿Por qué es tan importante para ti.? ¡Soy tu esposa, cuéntame!

 

-¡Pero qué haces!-Exclamó Marta.

 

Carlos golpeó con rabia el brazo de Estrella para que ésta soltara el sobre, y acabó en el suelo. Se levantó rápidamente se acercó a él y…

 

-Pero Estrella,¿ te has vuelto definitivamente loca?

 

Estrella le besó fuertemente en los labios y Carlos no tardó en separarse.

 

-¿Qué pasa esposo, no quieres que te bese?, estoy en mi derecho.

 

-¡Estás perdiendo el norte!, ¡seguro!-Exclamo con rabia Carlos.

Dio media vuelta muy enfadado, camino de las escaleras y mientras golpeaba  con fuerza los escalones , ella comenzó a reírse de manera exagerada, sujetándose el vientre sin poder parar. Entonces Grace asustada, llamó la atención de Estrella y le preguntó si se encontraba bien.

 

-Estoy perfecta Grace, perfecta- No podía parar de reír.-Ahora mismo me siento de nuevo a la mesa, no te preocupes.

 

Mientras estaba saboreando el primer plato, ya estaba nerviosa por recibir la siguiente carta.

 

Pasaron unos días y aún no había conocido noticias del incognito, como ella le llamaba. Bien es cierto, que había hecho mal tiempo y durante muchos días las calles permanecieron heladas, consecuencia por la nieve caída. Aunque Estrella no paró de preguntar a Grace si había llegado el correo.

 

Nació un Lunes soleado, y la ciudad comenzó a respirar normalidad, por lo que Estrella decidió dar un paseo, y dirigirse a la casa de correos. Antes, telefoneó a Marta, ya que hacía bastantes días que no se encontraban, y tenían la necesidad de saber la una de la otra.

 

En un par de horas intercambiaron sus secretos y  andanzas, y Estrella se decidió a volver pronto deseando abrir el correo tan esperado. Por su puesto, después de saborear otra buena taza de café.

 

En cuanto llegó y entro en la habitación, se deshizo rápidamente de sus zapatos y demás ropas de calle y se tumbó boca abajo con la carta entre las manos. Se llevó el sobre a la nariz, para averiguar si él había tenido la misma idea, solo descubrió un ligero aroma  como a tabaco, nada que pudiera identificarle. No le importo y comenzó a leer:

 

 

“Hola Estrella,

 

    No creo que te llames así, verdad? No importa, algún día lo sabré. No obstante, si fuera el verdadero, es precioso. Desde que conozco tu nombre, todas las noches miro al cielo, justo antes de que anochezca, por si a alguien se le ocurre observarlo antes que a mí, y contemplarte a solas. La primera que desprende su luz, esa eres tú. Así que, espero que a partir de ahora hagas lo mismo, y te asomes a la ventana, para que se desvanezca mi soledad…”

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Escritor aficionado. Sin disponer de mucho tiempo intentó leer, y escribir sin reprocharme el que perdí en su día. "Nunca podrán profanar tus ideas y tus pensamientos, mantener limpia la conciencia es vital para un alma transparente"

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