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5 min
Un cielo de pólvora
Suspense |
09.09.16
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Sinopsis

Relato inspirado en la secuencia inicial de la película "El señor de la guerra".

“Para Bellum”

 

Nací del frío vientre de mi madre, en un lugar remoto, junto a millones de hermanas. Todas eramos iguales, y todas seguíamos el mismo camino. Todas llevamos su marca grabada en la piel.

 

Recuerdo con tanto cariño aquellos momentos….Deslizandonos todas sobre el fieltro, en un suave vaivén que casi era una danza, rozaba a mis semejantes, chocaba con ellas y volvía atrás de nuevo, mientras dedos delicados y pacientes me examinaban y asentían complacidos. Me sentía plena, útil, feliz….

 

Despues cayo la oscuridad, y junto a otras muchas, me encerraron en una fría caja. Aun oigo los golpes del martillo que aseguraba los crueles clavos de ese ataúd. Todas estábamos nerviosas, nos preguntábamos porque nos encerraban así, algunas lloraban en silencio, otras, las mas valientes, se mecían estoicas y aseguraban que debíamos ser fuertes, pues un propósito brillaba en nuestra piel. Estabamos marcadas, y nadie puede huir de su destino.

 

Los olores cambiaban. De los asépticos alcoholes y aceites que atrapaban los sentidos en donde me dieron a luz, pase a el rico olor de la turba, mezclado con la húmeda frialdad de la nieve. Más tarde, el aire empezó a oler a mar, a océano, y a libertad. Las voces tras nuestro ataúd cambiaban, de frias y pacientes, a exigentes, brutales, urgentes y duras.

 

La tapa salta con violencia, y vemos de nuevo la luz desde nuestro oscuro ataúd. Manos groseras y sucias nos hurgan, nos recogen a puñados. No hay respeto, ni veneración, ya no nos acarician. Algunas de mis hermanas se pierden por el camino. Veo sus dorados cuerpos caer rodando y fundirse en el barro. No habrá propósito para ellas, no habrá un final del camino, mas que perderse entre el barro. No habrá besos para ellas. Suspiro y estoy contenta, el destino me reserva algo mejor.

 

Pronto esas manos me recogen junto a algunas hermanas, y aprietan, golpean, y encajan nuestros finos cuerpos en una caja de metal. Tengo miedo, todo me aprieta y me ciñe como un fleje de acero. Encima de mí, mis hermanas lloran, asustadas. Pero debajo de mi hay alguien a quien nunca había visto. Se parece tanto a mí como yo a mis hermanas, pero no es como yo. Ella no llora, ni tiene miedo. Le hablo preguntándole mil cosas, la atosigo con mis dudas, con mis miedos. Le hablo del propósito que el hacedor marco en mi piel, y de lo contenta que estoy de estar cumpliendo con mi destino. Trato de consolarme a mi misma y a mis hermanas diciéndome que pronto volaré, y con alas de fuego, alcanzaré el cielo que nos han prometido. Ella sonríe, y me dice que soy una ilusa.

 

Con voz de plomo, la extraña me cuenta que muy pocas de nosotras alcanzan su destino, que aunque muchas volamos, muchas más nos quedamos perdidas y desechadas, clavadas en la fría piedra, y que nunca sentiremos el abrazo de un ser vivo. Que nunca podremos besar a alguien. Ella ha visto a sus hermanas perderse, y teme que nos pase lo mismo.

 

Truenos parten el silencio, gritos de dolor de mis hermanas, “ya empieza”, dice la extraña. Por encima de mi los crueles garfios las levantan, y un martillo las golpea. Huelo el fuego que surge de sus cuerpos dorados, y oigo sus gritos de alegría y dolor. Es como nacer de nuevo, nacer a la vida, al aire fresco y a la libertad. Ansío ser una de ellas, pero la extraña solo ríe quedamente, y me dice “espera y verás”. Vuelvo a tener dudas. Por fín es mi turno, y encajo sólidamente en una dura prisión. Tan sólo tengo tiempo para despedirme de la extraña y decirle adiós. Miro por un túnel estrecho grabado en espiral y atisbo otro mundo. Que hay mas allá?. Solo unos ojos, asustados, henchidos de terror, casi desencajados. Oigo gritos de miedo al otro lado del túnel, súplicas de piedad.

Por qué lloran?, yo solo quiero besarles. Solo quiero que me sientan en su interior. El martillo cae, hay un trueno, brotan de mi espalda alas de fuego y el aire se llena de un olor acre y feroz. Vuelo como el rayo y giro desesperada mientras recorro el túnel que me lleva a la luz. Alli hay una persona. Felíz, por fin, la beso.

Me entierro en su carne, rompo huesos, perforo órganos, y , con un estampido rojo y átono, salgo al otro lado. Por fin estoy completa, por fin soy yo, quienquiera que fuera esa persona…Eramos desconocidos…pero por un breve instante hemos sido uno.

Te amo.

   

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