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10 min
Un Cigarrillo en la Carretera
Terror |
07.10.18
  • 4
  • 8
  • 85
Sinopsis

Favor de acompañar el relato con Highway to Hell, de AC/DC

♪ Living easy, living free

Season ticket on a one-way ride

Asking nothing, leave me be

Taking everything in my stride ♪

El mustang avanza asesino por la serpenteante carretera. ¿Cuántos pequeños animalitos han sido ya?  No importa, preocupa más el estado de la botella cuyo preciado líquido no deja de menguar. AC/DC suena en la radio, es tu favorita. Golpeas el timón al son de la canción y no te das cuenta del delgado hilo de humo que empieza a salir del motor.

Otra audición, otro “lo siento, será para otra ocasión”. Lejos han quedado esos días de EL OCASO DEL PISTOLERO y VENGANZA II. Ah, los viejos tiempos. ¿Pero cómo empezar de cero? El alcohol no ha sido buen consejero, tampoco las mujeres en la que gastas todo tu dinero. Tal vez sea una conspiración, eso o que necesites tener cocaína en el cuerpo para poder memorizar un guion.

La noche se abre de piernas y el sol es devorado, abres la ventana y te azota en la cara una fina corriente de aire helado. La botella resbala traviesa de tus grasientos dedos, ya no hay whisky, mi entrañable héroe de acción, el coche empieza a hacer un ruido extraño y piensas en la cantidad de millas que faltan para llegar a la próxima estación.

No queda nada de ese pollo mal condimentado, se te antojan gases y celebras el primero en nombre de ese hijo de puta que no te ha contratado. La boca de la bestia se hace enorme, los faros del coche arrojan sombras que danzan multiformes. Que va, a ti nada te lograr asustar, aprietas el acelerador, sonríes y te sientes como James Dean.

Una curva, de esas peligrosas, nada que nuestro actor favorito y ebrio al volante no pueda controlar. Pasa que, ahora se trata de otras curvas, y esas difícilmente el buen amigo puede manejar. Se aproxima con recelo, la camioneta tiene ponchada una de sus llantas, tiene la gata puesta, pero la muchacha no parece tener idea de que hacer después de aquello.

Abran paso, un galán te ha llovido del cielo. Tiene una ligera erección, más de ochenta kilos y todavía en el banco una buena cantidad de dinero. Bueno, aquí entre nos podemos omitir lo primero. Es de locos, pero el problema real parece ser el carburador, perfecto mecánico además de un maestro de la actuación. Seria genial también que revisaras tu propio auto, campeón.

Es una pena, necesita un repuesto, no te pone tan triste el tener que llevarla todo el trayecto. Oh, sorpresa, no te lo esperabas. La chica no dice nada, tampoco tu así que no hay de otra, abres la puerta de coche con la cara ya no tan animada. El pequeño niño no parece llegar a los diez, el pobrecito es muy tímido, tiene curiosamente las ropas muy gastadas y las medias al revés. 

Ella yace a tu lado con el codo en una ventana, el pequeño duerme en el asiento trasero como si nada. Hubieras limpiado un poco tu mugrerío, qué más da, nuestra pecosa dama seguramente le preocupa más el niño que toda la basura en la que está rodeada. Desde hace rato que en la radio suena la misma canción, gracias a ello es que por fin logras sacar tema de conversación.

Vive a un solo par de millas, en un pueblo pequeño dedicado a la ganadería. Las clases han terminado en la universidad y vuelve a casa con muchas ganas de ver a su familia. Ella sonríe ahora más jovial. Juega con los rizos de su cabello, ya no está nerviosa, parece más relajada. Te pregunta por tu trabajo y su cara es la de una fan enamorada.

Dice que cuando le cuente a sus padres no podrán creerlo, tú no puedes dejar de ver su escote cada vez más abierto. Tiene frio y acaricia sus brazos suavemente, le ofreces tu apestosa chaqueta y ella acepta gentilmente. Un inadvertido desnivel, algo empieza a crecer en tu pantalón al ver sus tetas en un divertido vaivén.

Risas que vienen y van, con cada gesto casi puedes saborear su blanca piel, su ceño cambia cuando una repentina ráfaga de lluvia empieza a caer. Un cigarrillo, exclama la joven, mataría por uno, buscas y buscas con la sorpresa de no encontrar ninguno. Ella busca en la guantera algo presurosa, su rostro ahora si cambia radicalmente al encontrar otra cosa.

¿Hace cuánto que no revisas tu propio coche, maldito marrano? La has espantado. Y si, bueno, ella no sabe que ese revolver es de mentiras y no hace daño. Quiere bajarse, te mira con gesto amenazador, no te permite que le expliques nada aunque se lo pides por favor. De su boca ha salido un fuerte insulto y te has detenido, mira lo que tu estúpido juguete ha conseguido.

Se ha trabado la puerta, ella se altera más. Maldito imbécil, exclama ella, ábrela ahora o me pondré a gritar. Que se habrá creído, la recogiste a ella y al mocoso en un acto de caridad, nadie se burla de nuestro buen samaritano y menos una putita que no sabe lo que es un hombre de verdad. Todo se ha ido a la mierda, grita más fuerte y en tu cabeza todo parece transcurrir en cámara lenta.

Ha callado en seco cuando has empuñado el arma con la mirada fría, ha ahogado un grito al verte sonreír con lascivia. Por fin puedes acariciar su cuerpo que parece saber a miel. Lo siento niña, no hay donde correr. Tocas sus senos sin ningún pudor, el niño despierta y mira en una completa confusión. Te debates entre detenerte o no, el dial gira solo y el diablo te susurra una canción.

♪ Don't need reason, don't need rhyme

Ain't nothing I would rather do

Going down, party time

My friends are gonna be there too ♪

Una bofetada en la cara de la chica para que empieza la acción, amenazas con la pistola a ambos para su consternación. Una carcajada perversa escapa combinada con el aliento asqueroso que llevas a alcohol, le preguntas al niño si una vez ha visto a su madre haciendo el amor. Ella grita que estas completamente loco, esperas sin recibir ninguna respuesta afligida en ayuda uno del otro.

Te bajas la bragueta lentamente con emoción, le dices al dulce pequeñin que su mami le va a hacer una linda felación. Te has distraído tontamente, ni siquiera te has dado cuenta cuando ella ha salido rápidamente.  Ha logrado destrabar la puerta y salir corriendo la muy ramera, enciendes el auto con furia en pos de darle caza a esa perra traicionera.

No ha logrado avanzar lejos, te resulta fácil alcanzarla. Tienes los ojos inyectados en sangre y te dan ganas de matarla. Sorpresivamente ha roto uno de tus faros, grita que te alejes con media docena de piedras en las manos. El veneno de la rabia hincha todas tus venas, aprietas el timón, pones tercera y la arrollas sin mucha pena.

Que terrible destino, pobre niña. Eres un maldito psicópata, le has pasado las cuatro llantas por encima. Sales del auto, no te lo puedes creer. En efecto, está muerta y no tienes idea de que hacer. No puedes dejarla ahí, que sería de tu carrera actoral, arrastras torpemente su cuerpo hasta confundirlo en medio de un matorral.

Pones rápidamente el mustang en marcha, todo está oscuro y nadie te ha podido ver. Piensas y piensas en lo que deberías decir o hacer. Hay un teléfono en tu billetera, un número que podría fingir todo como un vulgar accidente en carretera. No está y el niño tampoco, la tiraste cuando movías al cadáver y no pensaste en el mocoso ni siquiera un poco.

Das media vuelta con la esperanza de encontrar al malnacido, juras que no vas a terminas tus días en una cárcel con el culo partido. Las tinieblas cierran cada vez más la noche,  a unos metros de tu crimen el motor descansa inerte de tu coche. Debiste echarle un vistazo antes de dejarte llevar, ahora estas en medio de la nada con posiblemente dos muertos con los que vas a tener que lidiar.

Inocente criaturita, donde no iba a estar sino a lado del cuerpo de su progenitora. Pasos más, pasos menos, te acercas al pequeño con una mirada calculadora. No está, se ha esfumado, te acercas al cadáver extrañado y un poco asustado. La mujer descansa igual como la habías dejado, salvo por las piernas que no están y los ojos arrancados.

Un repentino escalofrió recorre tu espina dorsal, hay algo más contigo escondido en ese sangriento matorral. El viento aúlla y en tu mente buscas una explicación, el ruido de demoniacos dientes masticando te llena de pavor. Te aproximas lentamente un par de metros con cautela, tu cara se desfigura de horror al contemplar la escena.

Chorros de sangre brotan con cada dentellada, te mira directo a los ojos y sonríe como si nada. Te habías preguntado porque ella no los había presentado, en ese momento y otro más importante lo habías ignorado. No habías podido arreglar su camioneta y de la nada había aparecido a su lado, se había subido antes que ella y había permanecido dándoles la espalda en al asiento trasero recostado.

¿A qué le temes, viejo hombre? No decías no tenerle miedo a nada. Sin embargo, corres y corres gritando como una colegiala. Es inútil huir, como una hiena canta divertida y se prepara para su festín. Saborea el momento, le perteneces. Te reclama y en una fracción de segundo se arroja tras tu espalda arrancándote la carne muchas veces.

Parece divertiste extendiendo tu sufrimiento,  deja que te arrastres a tu precioso mustang regalándote un último aliento. Sus ojos giran camaleónicamente, revienta tus órganos mientras te devora como una serpiente. No hay nada ya que impida el final, puedes escuchar débilmente la radio en medio de la oscuridad y te preguntas donde estás…  

♪ I'm on the highway to hell

On the highway to hell

Highway to hell

I'm on the highway to hell ♪

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