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6 min
Un día de estos
Terror |
24.10.19
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Sinopsis

Crítica social

Estuvo bien mientras duró. Al final había llegado a una conclusión. El peor enemigo que se puede tener es uno mismo. El problema es que se había dado cuenta de ello
demasiado tarde.


            -Olvídate de tu ascenso. No puedes decirle a la General Manager de nuestro mejor cliente que es una “puta zorra” y que apesta a perfume.
            -Ella me insultó en voz alta delante de todo el mundo. Se lo merecía.
            -Claro. Te insultó porque le acababas de tirar los informes a la cara.
            -Mira, no voy a discutir. Siempre estás del mismo lado –le dijo a su jefe. Me voy a
casa.
           

             Ese día se fue a casa sin haber terminado su jornada laboral. No avisó a su mujer. Quería darle una sorpresa. Llevaban 25 años casados y un mal día en el trabajo no justificaba que se olvidara de sus bodas de plata. Pasó por la floristería, aparcó el coche en el garaje y llamó al timbre. Era raro. Hoy no tenía Pilates. Debía estar en casa. Sin embargo no contestaba. Pensó que le podía haber pasado algo. Ya está… ¡¡el gas!! Era muy despistada. Seguro que se lo había vuelto a dejar abierto. Abrió rápidamente la puerta y entró en el piso.
            -Cariño, ya estoy en casa, yujuuuu!!!! -De repente notó un agudísimo zumbido en la cabeza. Le acababan de pegar con una llave inglesa. Cayó desplomado.
            Al abrir los ojos notó un dolor horrible en la nuca. Se dio cuenta de que estaba desnudo y tumbado boca abajo en la cama. Alguien le había atado de pies y manos a los
extremos. Pero no era la cabeza lo único que le dolía… Alguien le había metido las flores por el culo. El ramo aparecía enhiesto entre sus nalgas componiendo un cuadro grotesco. Se sentía como el pavo relleno de Navidad a punto de ser servido. No respiraba bien, así que trató de girar su cuello hacia un lado.
            -Hombre, si se ha despertado la bella durmiente. –Era su mujer a la que veía. Estaba de rodillas sobre la alfombra y tenía una vela encendida en las manos. No entendía absolutamente nada.
            -Hola, hola !!!!! – notó una voz de hombre del otro lado. A pesar del dolor, consiguió girar su cuello 180 º hacia el lado opuesto. También de rodillas y con una grapadora de oficina en sus manos se encontraba su mejor amigo-. ¿Te preguntarás que hago yo aquí? Pues verás, resulta que recientemente he descubierto que me la pegabas con mi mujer. Mi mejor amigo, ¡¡tirándose a mi mujer!! Y bueno, no es que se trate de un desliz precisamente. Venía sospechándolo desde hacía tiempo. Así que contraté a un investigador privado y me trajo estas fotos. –Se las tiró a la cara. –A tu mujer tampoco le gustaron demasiado.
            -Bueno, verás. Eh… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡AGHHHHHHHHHHH!!!!!!!!! – Su mujer le estaba echando cera hirviendo en la base del ramo.
            -Así cuando se enfríe se sujetaran mejor –le dijo.
            -Por favor, perdóname. Ha sido una mala racha. Jamás volveré a hacerte daño.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡UAAAHHHHHHHHHH!!!!!!! –Su mejor amigo le estaba grapando las fotos en la espalda.
            -Os lo juro. Os compensaré… ¡¡¡¡Pero dejad de torturarme!!!!!
            -Ni lo sueñes – Su esposa le golpeó de nuevo con la llave inglesa.
           

             Cuando despertó seguía desnudo y atado de pies y manos pero esta vez yacía boca arriba. Ya no había nadie en la habitación. Estaba a oscuras salvo por la ténue luz de la vela que habían dejado sobre la mesilla al lado de un vaso de agua. Presa del pánico, empezó a  agitar sus extremidades para intentar zafarse de las ligaduras. Una de sus muñecas estaba atada por una cuerda que habían dejado con una mayor holgura. “Lo habrán dejado así para que alcance a beber del vaso”- pensó. La suficiente holgura como para estirar su cuello hasta la vela. Con su boca la asió por su base y se inclinó sobre su brazo derecho quemando la ligadura. Nofue lo único que quemó. Reprimió el grito para evitar ser oído. Una vez liberado, se levantó de la cama y  abrió el armario. Sacó el bate de béisbol.


            Era noche cerrada. El marido cornudo y la esposa despechada estaban en la terraza brindando con champagne por la consumación de su venganza. Ella reía mientras él le contaba cómo había drogado a su mujer y la había enterrado viva en su jardín dentro de una caja de almacenaje de una obra reciente. A su lado, había dejado una linterna junto con las fotos de los encuentros sexuales que había tenido con su amante.
            -Seguro que, al despertar, se encontró con una sorpresa de las grandes.
            -Ya lo creo- respondió él-. Dentro de la caja también coloqué una mini-cámara por
lo que pude disfrutar en directo de todo su llanto y sufrimiento. Sus ganas de vivir me sobrecogieron, créeme. Se quedó sin uñas rascando desesperadamente en el techo de la caja. Tal afán hizo que se consumiese antes de tiempo el poco aire del que disponía. Finalmente, su corazón se colapsó sin remedio.
            -Yo había pensado que acabáramos con el cabrón de forma más prosaica. 
            -¿A qué te refieres?
            La mujer señaló unas enormes tijeras de podar que había junto a una maceta.
            -Hola, hola !!!!! – Ambos se giraron al unísono. Los dientes de él salieron volando
por los aires.
            -¡¡No, por favor!! –Los sesos de ella se desparramaron por la terraza y empezó a
gotear sangre desde las macetas hacia la calle.
            Un vecino que todas las noches pasaba por debajo paseando a su perro se quejó
amargamente.
            -¡¡Estoy hasta los huevos de que todas la noches me empapen cuando riegan!! –Cogió su móvil y llamó al 092.
 
                                                             FIN

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