cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

14 min
UN ENCUENTRO DESPUÉS DEL ALBA
Reales |
10.02.20
  • 3
  • 0
  • 152
Sinopsis

Ya la mañana se hacía notar. Una ronda de hombres y mujeres estaba en el centro del parque, a su alrededor cientos de personas observaban aquello como un ritual. Dentro de aquel circulo una hermosa señorita meneaba sus caderas, en sus mano llevaba un paquete de velas encendidas que chorreaban el esperma dejándolo caer sobre su mano; seguida de ella, un joven caballero le coqueteaba al ritmo de la música, él llevaba un sombrero de caña flecha tejido a mano como lo hacían los primeros indígena de la región. Fue entonces, en ese preciso momento cuando Jack Morris empezaba a entender lo que aquellas personas hacían con tanta emoción desde hacía ya varias horas atrás, pues su cuerpo se estremecía con tal fuerza que no podía sostenerlo en pie. Una corriente recorría todo su ser; produciendo en él la usual experiencia de la “piel de gallina”. « Caramba. Esta gente si sabe lo que es gozar una fiesta». Se dijo así mismo.  Después gritó Sod! Son of bitch». Luego frunció el ceño, como gesto de desagrado al fuerte sonido que emitía un hombre de avanzada edad que estaba a su lado derecho. «Me imagino que éste debe ser el famoso “guapirreo” del que tanto me hablaba mi hermano Adam; ahora lo conozco; además he descubierto por mi cuenta otras cosas que escuché de sus labios.

Adam todo los años viajaba desde el norte de Kansas, donde tenía su cabaña, a esta zona tan alejada del mundo; la verdad no entiendo cómo pudo dar con este lugar, pero no importa porque ya lo encontró y se ha perdido en él; ahora mi trabajo es descubrir con exactitud todo lo acontecido a mi hermano Adam en este pueblo».  Siguió hablando Jack en su mente. Mientras su cabeza parecía un abanico giratorio. «Estas mujeres son realmente hermosísimas, ¡beautiful! ¡beautiful! ¡beautiful! Ahora sé porque Adam le gustaba venirse para éste lugar, me imagino que pensaba que esto era the paradise, porque así lo veo yo, como un paradise».

– Esta gente no han parado un minuto desde que toda esta locura empezó; parecen maquinas bailarinas, y por lo que veo esas máquinas trabajan con energía propia–. Le dijo al joven del hotel que lo había acompañado a la celebración en aquel acento extranjero, ese que el muchacho pudo entender con rapidez. 

« Que raza tan rara es ésta».  Volvió a pensar para sí. Luego soltó una carcajada al ver como se movía al ritmo de la gaita y los tambores el anciano que hace unos minutos se encontraba a su lado. El viejo estaba bailando con una de las mujeres más hermosa de fiesta.

– Se ve muy chistoso el veterano al bailar esa música, parece que no tuviera esa edad, es más yo no creo que pueda hacer lo que él está haciendo; pero después de todo, no lo hace nada mal–. Le volvió a decir al joven del hotel, quien aplaudía al viejo por su osadía.

– ¿Y… por qué no lo intenta usted míster Morris o es que le da miedo dejarse llevar por la música y su magia?

 – No, no es eso; solo qué creo que ustedes tienen sus costumbres y ellas les pertenece, y con respecto a eso pienso que esas cosas son únicamente de ustedes y de nadie más; el resto de las personas tenemos que conformarnos, y deleitarnos viendo cómo  viven y disfrutan con gran agrado ese fantástico universo que sus ancestros les dejaron.

– Si yo le dijera que eso no importa, que nuestras costumbres son también para el mundo; además, somos dadivosos con los demás, a nosotros no nos importa que ellos también disfruten de lo que tenemos–.  Le dice el muchacho mientras se rascaba las pelotas. Luego agrega. – Mire a su alrededor, si se da cuenta, en este parque están congregadas todas razas; la música y el baile es el único elemento de unión entre los pueblos–. Ambos siguen mirando al anciano bailar. – ¿Quiere saber algo?, está bien aunque no lo quiera se lo voy a  contar. Ve a esa hermosa mujer que está bailando con el anciano, bueno, dentro de unas horas terminara en la cama del viejo, ¿sabe por qué?, pues por la sencilla razón que este baile es cien por ciento de seducción, ve cómo la corteja, cómo la mira, cómo le sonríe… en fin esto es lo que nos hace sentir vivos.

«Mi hermano Adam desapareció el año pasado para esta misma fecha. El 28 de junio me llamó al celular para decirme que viajaría a Colombia para estar el día 30 en las famosos fiestas del Festival del Porro en San Pelayo-Córdoba, desde entonces no supe más de él. Yo le alerté que no lo hiciera porque para el país donde se dirigía se encontraba en una problemática socio-política muy densa y no quería que él se viera involucrado en una pelea absurda que ni los mismos contrincantes saben por qué están en guerra, pero bueno eso es algo que no me incumbe, allá ellos y sus problemas; lo que en realidad me interesa es encontrar a Adam cuésteme lo que me cueste».  Escribía Jack Morris en su diario.

Ese día había llegado muy cansado por el largo viaje desde Kansas-Estado Unidos a Córdoba - Colombia. En el aeropuerto pidió un taxi y le dijo al taxista que lo llevara a Pelayo, en el camino Jack Morris observaba por la ventana del auto los hermosos paisajes de la región, su mirada se alejaba en el horizonte y lo único que podía pensar era en su hermano Adam, a la vez se preguntaba por qué él no se había comunicado más con ellos en Kansas, desconcertado no sabía dar respuesta a todos aquellos interrogantes que pasaban por su mente como ráfagas.  Al llegar al pueblo el taxista le pregunta hacía donde lo dejaría, pero él no sabía, nunca antes había estado en éste lugar, así que le sugiere una opción de destino al conductor. Al llegar al hotel la camisa estaba empapada de sudor, Jack Morris traspiraba como nunca antes lo había hecho, aparte de eso el rostro le brillaba como si le hubiesen untado alguna sustancia grasosa. Míster Morris estaba desesperado por quitarse la ropa y quedarse en pelotas. « ¡Por Dios!  Éste lugar es un infierno, que calor tan insoportable hace en este maldito pueblo, no sé cómo viven acá con semejante bochorno». Pensaba mientras se pasaba su pañuelo por el rostro y cuello. Luego se acerca a la recepción para registrarse en el hotel.

– Tome la llave de su habitación, y espere al botones para que le indique dónde queda; y de paso le ayude con el equipaje. ¡Ah! Miré ya llegó.

 – Sígame y le indico dónde queda su habitación–.  Le dice el muchacho. Luego le pregunta. – ¿Viene para el festival?

– Yes –. Le responde sin mirarlo al rostro.

 – mmm, es una buena opción, ya verá que no se arrepentirá. Si no tiene chica para el alba, yo le puedo conseguir una, es más tengo unas amiguitas bien hermosas–. El muchacho lo mira de reojo y le agrega con picardía. – Y de paso, si tiene tiempo le puedo cotizar a María Casquito–. Le concluye escondiendo su risa.

– ¡Shut up boy! –. le dice Jack Morris al muchacho mirándolo a los ojos, luego sigue mirando al frente y le agrega en español pero en ese acento enredado que tienen los gringos. – Después hablamos de eso, y… de tu tal María Casquito, espero que esté tan hermosa como tú dices. Ahora sólo quiero descansar.

Al llegar al cuarto del hotel Jack Morris le da una buena propina al botones, después le dice que si era tan amable de llevarlo al pueblo más tarde, que quería dar una vuelta por él para conocerlo. Luego se quita la ropa y se da un buen baño para refrescarse de aquel endemoniado calor. 

Míster Morris continúa escribiendo en su diario.

« Son las seis de la tarde del  29 de junio, mañana por la mañana empiezan el famoso Festival del Porro en éste pueblo, si mi hermano está vivo es muy probable que mañana me lo encuentre, si no lo encuentro mejor ni pienso  en lo que le habrá ocurrido. Pero después de todo tengo que ser optimista, mamá siempre me decía que debía ser optimista como ella, que a pesar de ver lo contrario siempre le veía el lado bueno de las cosas.

« Dentro de un momento el botones del hotel me llevará a dar una vuelta por el pueblo para irme familiarizando con él». Tocan a la puerta. « Ese debe de ser el muchacho. Se nota que es cumplido con sus cosas. Ahora debo irme; más tarde regreso.

« San Pelayo es un pueblo pequeño, pero agradable, su habitantes son gentiles. El botones me hizo un recorrido por todo el lugar, parece que las fiestas ya están por dar inicio; cientos de autos están llegando desde muchas partes, rostros extraños vi por todo el lugar, negros, blancos, amarillos, indios pero no vi el de mi hermano Adam, ese malnacido en qué momento se le ocurrió perderse.  Aunque no es de extrañarse, toda su vida se ha perdido, la primera vez fue en aquel centro comercial cuando tenía ocho años, mamá estaba como loca buscándolo por todas partes, yo la veía y trataba de darle animo hasta que por fin apareció; estaba en la sección de video juegos, a partir de entonces su afición es causarnos dolores de cabeza con sus desapariciones fugases. Yo  dejara que hiciera lo que se le diera la gana pero recuerdo la promesa que le hice a mamá antes de ella morir, promesa que me ha costado mucho porque es más difícil de lo que me imaginé, ese juramento es velar por el bienestar de Adam hasta que muera, creo que mi vieja siempre lo prefirió a él, pues era el consentido, pero a la vez la oveja negra que causa dolores de cabeza; aún así es mi hermano y ante todo la sangre prima ante cualquier circunstancia.

« El botones me dijo que la fiesta iniciaba con la vista del alba, eso es aproximadamente a las cinco de la mañana por lo que, ya es hora de irme a dormir, pero sé que no lograré pegar los ojos en toda la noche. Esa sensación de ansiedad es angustiante, ahora comprendo lo que sintió mamá aquella vez en el centro comercial cuando Adam se perdió por primera vez.  Ese desgraciado me las va a pagar cuando lo encuentre». 

Acostado sobre la cama,  mirando hacia el techo Jack Morris observaba girar el abanico. No sabe cuántas horas pasó desde que dejó de escribir y se tendió en el lecho del descanso. Sus ojos estaban como poseídos, el gringo no pestañeaba ni un minuto, el sonido de las manecillas del reloj se escuchaba en la lejanía, de pronto, tocan la puerta. Era el botones que venía a buscar a su turista para llevarlo a la inauguración del festival.

– Adelante –. Dijo Jack sin dejar de mirar el abanico.

– Míster ya es hora de irnos, vamos a llegar tarde a lo mejor de la fiesta.

– Está bien, ya me cambio y nos vamos

La luna estaba muy clara, pero el cielo amenazaba con una fuerte lluvia, aunque callera, nada de eso iba a estropear lo que con minúsculos detalles había planeado los habitantes de San Pelayo todo un año para gozarlo en una semana. Pero eso no iba a ser la piedra de tropiezo para ellos e incluso para los visitantes. Mientras iban caminando Jack Morris  y el botones observan a la distancia la silueta desgastada de algo que parecía humano, de pronto, la sombra se hace visible, lo que ven es a un hombre que venía sacando de su mochila un clarinete. El hombre  empieza a tocar el instrumento.

– Muchacho, ¿Quién es ese hombre?

– he… pues es…  ese hombre es una leyenda viva de San Pelayo.

– ¿What?

– Si, así como lo escuchó. Su nombre es Elio Francisco Ramos, más conocido es su época como “Pitosolo”.

 – ¿What? Repeats please.

– Su nombre es “Pitosolo”. Él es un fantasma.

– ¿Un qué? You are crazy. Los fantasmas no existen–.  Le dijo extrañado Morris.

– Cuando estuvo vivo tocó en una banda muy prestigiosa del pueblo e incluso del departamento–. El botones le empezó a comentar la leyenda de aquel hombre con un tono místico. – Pero ya no más explicaciones y haga silencio, no sea que le pase como al gringo del año pasado que se desapareció después que vio a “Pitosolo”. Dicen que  él se lo llevó para el más allá.

– ¿Qué gringo era? Y ¿Cómo era? Te ordeno que me digas. Please. Please–.  Morris se altera.

– No se míster, acá llega muchos extranjeros y sobre todo ustedes los gringo se parecen muchos, y pues… cada año llegan varios como usted.   

«Dios, esto no puede estar pasando, ojala y el gringo de la historia que cuenta este muchacho no sea mi hermano Adam».  Pensaba Jack Morris. Mientras veía esfumarse a “Pitosolo” en el éter de la atmósfera. A pesar de todo Jack no perdía las esperanzas de encontrar a su hermano Adam en la inauguración de la fiesta.

« Estos días que pasé en aquel pueblo fueron inolvidables».  Escribía Jack Morris en su diario, pero esta vez  no lo hacía en el cuarto de hotel, sino varios  kilómetros sobre el nivel de mar rumbo a Kansas. « Adam no quiso venir conmigo, el desgraciado me lo encontré después que el alba se terminó bebiendo cerveza con una mujer muy linda, me la presentó y me dijo que ella era la reencarnación de María Varilla, una mujer famosa de esa región que incluso la canción himno de ese festival lleva su nombre, pero su verdadero nombre es María de los Ángeles López García pero por su gran parecido físico y sobre todo en la forma de bailar la apodaron la reencarnación de María Varilla. Adam prefirió quedarse con aquella mujer, que por cierto es tan bella como las otras. El gran cabrón se enamoró. Pero hay algo que no comprendo, por lo que veo todas las mujeres de Pelayo se llaman María, como la que me iba a presentar el botones del hotel, si la memoria no me traiciona escuche al muchacho decirme que se apellida Casquito, ¡ja! Que apellido tan raro es ese. Ya comprendo, la esencia está en el nombre, María». Terminó  de escribir y cerró el cuaderno.  

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 58
  • 4.58
  • 69

KARLOZ MAGNUS es el seudónimo utilizado por Carlos Mario Mesa Mejía, quien nació el 26 de agosto de 1986 en Montería-Córdoba, Colombia. Estudió sus estudios escolares en la Normal Superior de Montería, luego estudió un pre-grado en Licenciatura en Educación Básica Humanidades Lengua Castellana en la Universidad de Córdoba - Colombia y después de esto realizó con la Fundación Universitaria Católica del Norte sus estudios de Maestría en Educación. Actualmente se desempeña como Tutor Docente y a escribir un poco de literatura en sus tiempos libres.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta