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6 min
UN ERROR CÓSMICO 1
Ciencia Ficción |
09.11.20
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Sinopsis

Este relato está inspirado en un hecho real que conocí personalmente, a partir del cual yo he elaborado esta historia que en su día la publiqué en una revista.

José Luis González que era un oficinista de una Gestora de mediana edad y divorciado de su mujer, se hallaba en aquella hora de la noche del mes de julio del año 1989 en la sala de estar del apartamento de su hijo Carlos que estaba ubicado en una urbanización de Torredembara que era una loalidad de la provincia de Tarragona, leyendo un libro cuando de súbito frente a él surgió como de la nada una figura espectral en forma de humanoide que estaba en cuclillas. A continuación dicha figura se incorporó y José Luis a pesar del estupor que le embargaba pudo comprobar que se trataba de un ente que medía casi dos metros de altura y parecía que vestía una escafandra plateada.

Seguidamente ambos sujetos se contemplaron mutuamente con gran asombro preguntándose qué diablos significaba aquella insólita situación; pues era evidente que también para aquel humanoide que venía no se sabía de dónde, quizás de algún lejano lugar del universo, José Luis fuese una criatura tan extraña como él en nuestro mundo ya que cabía la posibilidad que aquel cruce de civilizaciones fuera un error cósmico de imprevisibles consecuencias.

Al momento, con la misma facilidad con que aquel ente apareció, se desmaterializó como por arte de magia dejando sumido al rutinario oficinista en un estado de agitación.

Como es de imaginar José Luis salió de aquella estancia pidiendo auxilio, por lo que su hijo temiendo que el hombre habría sufrido algún tipo de alteración de la conciencia a causa de una bajada de la tensión arterial que le hubiese provocado una alucinación, no tuvo más remedio que llevarlo a un Centro Médico para que le recetaran algún medicamento que le solucionase el problema.

José Luis contó entrecortaadamente al facultativo lo que le había sucedido, mas éste pareció no inmutarse demasiado.

Sin embargo a media mañana del siguiente día se personó en el apartamento del hijo de aquel oficinista un miltar de alta graduación del Ejército del Aire el cual  anunció que deseaba hablar en privado con el señor que había tenido aquella experiencia tan singular.

- Me llamo Benito Fernández, y soy un familiar del médico que le atendió ayer - se presentó el militar-. Verá. Vengo a notificarle con el permiso de mis superiores, que lo que usted vio anoche no fue ninguna alucinación sino que fue algo bien real, y no es usted el único caso.

- ¿Ah no? Entonces según ustedes ¿qué fue lo que yo vi?

- Parece ser que de vez en cuando estamos siendo visitados por algún OVNI que tal vez proceda de algún planeta desconocido.

-¡Ande hombre! Yo no creo en estas cosas! - exclamó José Luis con un descarado esceptismo.

-¡ Hablo en serio! - atajó el militar-. Precisamente en esta zona han habido varios avistamientos de este tipo de naves; además algunos aviones de nuestro Ejército han sido perseguidos por ellas. Por otra parte es absurdo pensar que con la de miles de galaxias que hay en el universo que nuestro planeta sea el único que esté habitado.

- Ya comprendo - respondió José Luis sin saber a dónde quería llegar aquel sujeto.

-... Claro que también es verdad que hay mucha fantasía en torno a este tema, que sirve para alimentar el protagonismo de un colectivo que compense otras carencia vitales o afectivas, la cual siempre está en función de la cultura de cada época - prosiguió Benito-. En un pasado estos visitantes eran ángeles o la Virgen. Pero por supuesto esto es una simple creencia sin ninguna base real, consistente. No obstante sí que existe un considerable porcentaje de casos que son ciertos.

- Bueno. ¿Y cómo se explica que ellos vengan aquí? ¿Qué les podemos importar nosotros? - inquirió José Luis cada vez más soprendido.

-La verdad es que todavía no lo sabemos. Se trataría de una civilzación que supiese utilizar un tipo de energía subatómica como un potente carburante para sus naves, la cual les permitiría viajar por el espacio-tiempo a la velocidad de la luz que es a 300.000 km. por segundo, en función de que el espacio, debido a la atracción gravitacional de las galaxias, éste se encogiera formando unas arrugas cósmicas que sirviesen de puentes dimensionales permitiendo que dichas naves viajaran acortando distancias hasta llegar a nuestro planeta.

- Sí, vale. Eso está muy bien - dijo el oficinista sin haber comprendido del todo aquella explicación tan cientifista-.Pero es que lo que yo vi fue como un ser fantasmagórico. ¿Cómo es eso?

- Esto tendría que ver con un experimento llamado teletransportación. Se habla de que hay objetos que se pueden desplazar de un lugar a otro sin que nadie los toque físicamente gracias a una técnica muy especial. Por el momento en nuestros laboratorios ésto se puede conseguir mediante unos complejos aparatos llamados teletransportadores con simples partículas elementales; es decir con fotones (paquetes de luz). Por lo visto estos visitantes tienen la capacidad de manipular sus cuerpos espectrales compuestos por estas capas de luz para desplazarse sin ningún problema a cualquier parte, mientras que sus cuerpos físicos, tangibles pueden permanecer en la nave. - explicó el militar muy serio-. Es muy posible que estos visitantes tuvieran algo que ver con nuestra evolución humana.

- ¿Si? No me diga. Pues a juzgar por el egoísmo de los humanos que se enzarzan en interminables conflictos  de todas clases, esta supuesta evolución moral impulsada por estos seres tan superiores no ha dado muy buenos resutados, porque por ahora ésta no se nota en absoluto,- dijo José Luis con sarcasmo.

- Bien. Yo tengo órdenes de pedirle a usted que por favor no divulgue nada a nadie de lo que vio y trate de olvidar este asunto.

José Luis González prometió acatar lo que se le pedía sin mucha convicción, y el militar con un sobrio saludo se fue de aquella vivienda.

Mas el oficinista no podía olvidar aquella fantástica experiencia que le llevaba a asumir una nueva visión de la vida más cósmica, que contrastaba con los simples y localistas esquemas tadicionales de sus semejantes. Pero ese estar por encima de los demás; de no poder compartir los anhelos existenciales de sus congeneres también le condenaba a la más irremisible soledad, puesto que tanto sus viejas amistades como su familia consideraban que el oficinsta se había dejado vencer por las ensoñaciones extraterestres y se olvidaba de las obligaciones más mundanas.

Así que José Luis para sentirse comprendido y apoyado  al menos por una parte de la sociedad, entró en contacto con una emisora de Radio que emitía un programa dedicado a temas ufulógicos, que concedía la palabra a varios colaboradores del mismo.

En una ocasión le tocó el turno de hablar por vía telefónica a un posible testigo del fenómeno OVNI que parecía sincero.

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