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10 min
Un héroe anónimo
Ciencia Ficción |
27.01.16
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Sinopsis

Nuevo relato un tanto raro, a ver si les gusta jaja.


 

Un héroe anónimo.

 

Hay muchos hombres que a lo largo de la historia de la humanidad fueron reivindicados, idolatrados y adorados. Muchos de estos eran políticos, reyes o conquistadores, que, más allá de causar numerosas muertes, poco aportaron a la raza humana. Los profetas, por ejemplo, dieron vida a numerosas religiones, ellos tenían la voz de Dios y tuvieron la gentileza de comunicar aquellas sabias palabras. En otra rama se encuentran los científicos y pensadores, que usaron su ingenio para conocer un poco más sobre el comportamiento de tan complejo universo. Otros fueron artistas, que gracias a su excéntrica mirada de la vida, pudieron acercarse a la belleza.

En fin todas estas estupendas personas no son nada comparado conmigo. Se preguntarán quién soy yo, y el porqué de mi importancia. Si bien no soy famoso, ni ingenioso, ni nada que pueda sobresalir de la media de la población, soy el verdadero salvador de la humanidad. Soy un héroe anónimo. No porque no quiera ser reconocido, sino porque al relatar mi historia me tildarían de loco, y aquello no es algo muy alentador.   

Pero aun así, me veo obligado a contarles lo que tuve que pasar para salvar a la tierra de una furiosa destrucción. Todos los habitantes de la tierra me tendrían que estar agradecido, incluyendo ustedes.

Soy un hombre de lo más común. Mediocre en todos los ámbitos. Me encontraba tomando una cerveza en el sofá, mirando una de esas películas de acción de poca calidad. Estaba por dormirme a causa del aburrimiento provocado por la película, cuando, de repente, observo unas luces brillantes desde mi ventana. Me asomé para mirar de cerca de qué se trataba. Lo que había al pie de mi piso no era otra cosa más que una contundente nave extraterrestre, que hasta tenía forma de platillo. No pude dejar de asombrarme de la exactitud que manejaban los creadores de las películas de ciencia ficción de clase B. Sin previo aviso e interrumpiendo mi banal pensamiento, la nave lanzó un flash e hizo que perdiera el conocimiento.

Desperté en un lugar muy extraño. Cuando mi visión fue capaz de distinguir parte de la realidad, divisé a dos extraterrestres. Yo estaba extrañado, confundido, asustado, y todo lo que se les pueda ocurrir. Los seres de otro mundo ignoraron por completo mi conmoción, y empezaron a hablarme en un perfecto español, como si aquello se tratara de algo absolutamente normal. Me explicaron amable y simplemente en qué situación me encontraba y que debía hacer. Paso a intentar resumir sus palabras.

Ellos eran una poderosa civilización extraterrestre ubicada a más de 240000 años luz de la tierra, y no tenían nada mejor que hacer que ir por los sistemas planetarios de diversas galaxias y hacer un juego con las distintas formas de vida que se hallaban por el camino. Este curioso juego consistía en tomar a un ejemplar promedio de cada especie y someterlo a un interrogatorio de cultura general. Se iban a hacer preguntas sobre los conocimientos logrados de cada civilización. Dependiendo del resultado de este pequeño examen, el planeta sería destruido o salvado. El test constaba de diez preguntas, y para salir victorioso no se podía fallar en ninguna respuesta.

Yo seguía como en una especie de sueño, sin llegar a creer todo lo que estaba sucediendo. Una vez terminada la charla, los alienígenas me dijeron que me preparara, que en cinco minutos iba a salir al campo de juego. Ignoraba a qué se referían, pero hice un esfuerzo por tratar de recordar los pequeños conocimientos que tenía sobre cultura general.

Transcurrieron los cinco minutos y llegaron dos seres enormes que habrán medido unos cuatro metros. Me agarraron por los brazos y me arrastraron por una serie de interminables túneles. Me sentía en una especie de coliseo romano. Llegamos a la arena y me soltaron bruscamente desde lo alto. La multitud, juraría que eran millones, vociferó un grito que por poco me aturde. Todos estaban extasiados por mi presencia. Me condujeron a un asiento justo en el medio del anfiteatro. Me senté. Por otra puerta, salió un extraterrestre muy bajito, como de un metro. Estaba encorvado, parecía viejo y su andar era lento. Los espectadores gritaron nuevamente como forma de recibimiento. Llegó hacia el medio de la pista y me saludó cordialmente.

El reto empezaba. El anciano me preguntó lo que era la primera pregunta.

  • 1) ¿Quién escribió el libro “Rayuela”?

La pregunta estaba hecha. Todo el público aguardó en silencio. Yo respiré aliviado ya que estaba seguro de la respuesta.

-Julio Cortázar- contesté sin titubear.

El viejo hizo una pausa típica de los programas de televisión de la tierra, se ve que eso iba más allá del género humano. Después del debido suspenso, el viejo dio a conocer que la respuesta era correcta. El público explotó tal como lo habría hecho una multitud de aficionados tras un gol en la final de un mundial. No tenía claro si estaban a mi favor, o por el contrario, y al igual que los romanos con sus gladiadores, disfrutaban de la desgracia ajena. Tal grito hizo inclinarme a pensar que mi triunfo era su triunfo, y me dio cierta confianza.

El viejo prosiguió con la ceremonia y pasó a la segunda pregunta.

  • 2) ¿En qué año empezó la segunda guerra mundial?

 

Aquella pregunta era relativamente fácil, como digo no era muy culto, pero la segunda guerra mundial era un tema muy influyente para la humanidad. En cambio, la primera pregunta para la gran mayoría del mundo podría costar. Había tenido suerte de ser argentino. Dudaba si aquello era pura casualidad, como me dieron a entender los alienígenas, o si las preguntas eran armadas solo para mí, dependiendo mi contexto. Decidí no seguir pensando en ello y concentrarme en contestar correctamente.

“1939” acerté nuevamente.

La próxima pregunta fue:

 

  • 3) ¿De qué nacionalidad era Mozart?

 

No soy un gran amante de la música clásica, pero sabía no sé de dónde, que Mozart era austríaco. Estaba en lo cierto y avancé a la cuarta pregunta.

 

  • 4) ¿Quién ganó el torneo de Wimbledon 1995?

 

Ya me estaba poniendo un poco confuso. Las preguntas parecían hechas para mí, como si yo mismo las hubiera formulado para mi conveniencia. En efecto, la final de aquel torneo la vi con un amigo que era fanático de tenis. Me acuerdo bien porque murió ese mismo año a manos de un cáncer. Pete Sampras le había ganado al alemán Boris Becker en cuatro sets. Seguía adelante en mi camino.

 

  • 5) ¿Cuál es la capital de Corea del Sur?

 

Una vez más el deporte me había salvado. Las olimpiadas de Seúl 1988 me proporcionaban la información necesaria para responder nuevamente de forma correcta.

 

  • 6) ¿Qué científico formuló las tres leyes del movimiento?

 

También sabía aquella repuesta. Había dado las leyes de Newton en la secundaria, y las conocía bien por encima, pero estaba en condiciones de responder y acercarme más hacia mi objetivo.

 

  • 7) ¿Quién es el director de la trilogía de Apu?

 

Veía muchas películas, y vi aquella gran trilogía del director indio Ray. Fue una de las pocas películas indias que vi en mi vida y probablemente era la más famosa y aclamada por la crítica de aquel país. Al ser de la india y por el parecido de la situación, no pude dejar de pensar en ¿Quién quiere ser millonario? El protagonista también sabía las respuestas por pura casualidad tal como yo, aunque mi objetivo era infinitamente más importante que el de él. De mí dependía todo el mundo, no me había dado cuenta de la responsabilidad que tenía.

Me dio un cierto temor ya que no me acordaba del nombre de pila del director, pero decidí decir solo el apellido. Según el veredicto del viejo enano la respuesta fue correcta y avancé a la siguiente etapa. Los extraterrestres no eran tan exigentes.

 

  • 8) ¿Quién es el autor de la alegoría de la caverna?

 

Tenía un amigo filósofo que se cansaba de mencionar aquella alegoría, por lo cual sabía con certeza que Platón era el autor. Di mi respuesta, pero ya estaba convenciéndome de que todo aquello se trataba de alguna cámara oculta. Aunque aquella percepción quedó totalmente descartada al mirar a los millones de seres de distintas galaxias que se encontraban en las gradas del anfiteatro. El público no paraba de gritar, parecían desquiciados. El anciano me dio acceso a la penúltima pregunta.

 

  • 9) ¿De qué banda es la canción “The end”?

 

Soy un gran fanático de The Doors. Y aquella pregunta se encontraba muy cerca del fin. Pensé en el buen gusto de aquellos alienígenas seleccionando a The Doors dentro del temario de preguntas. Aquello me alegró, el buen arte trasciende todo tipo de fronteras. Contesté bien a la pregunta. Ya me sentía ganador. La última pregunta no iba a ser más que un trámite, una cuestión de protocolo.

 

  • 10) ¿A qué país pertenece esta bandera?

 

Aquello me desconcertó decididamente. No sabía a qué bandera se refería siquiera. Y si no respondía a aquella pregunta todo el camino recorrido habría sido en vano. Me asusté. Miré al viejo a los ojos. Él, que parecía ser un gran erudito y sabiendo qué necesitaba, me señaló una pantalla gigante. Ahí estaba la bandera. Efectivamente no conocía a qué país pertenecía. Tenía tres franjas horizontales: negro, blanco y verde. Y a la izquierda, un triángulo rojo con una estrella en el medio. Pude deducir que se trataba de un país de medio oriente, por sus distintivos colores. Reducía la cantidad de países en gran cantidad, pero estaba seguro que no sabría la respuesta, iba a fallar. Pasó un tiempo que pareció una eternidad, ayudado por el contundente silencio de las millones de almas expectantes. Iba a arriesgar diciendo que aquella bandera pertenecía a Emiratos Árabes Unidos, resignado y consciente de mi derrota, tan solo para dar fin a semejante martirio. Pero justo en aquel momento, cuando estaba moviendo ya la boca para contestar, miro a un humano en el medio de la multitud. Estaba sonriendo. En él tendría que estar la señal que esperaba y me diera la preciada respuesta. Lo miré de arriba abajo. No veía una mínima pista. Revisé otra vez al sujeto, y ahora sí, lo veía claramente, la iluminación había llegado. Vestía con la camiseta número 23 de los Chicago Bulls. Michael Jordan. Mi cabeza mezcló al basquetbolista y lo relacionó con un país de Oriente. Tan extravagante combinación no daba otra cosa que la respuesta:

 

-¡JORDANIA!- grité saltando de la silla.


Sabía que había salvado a la humanidad y estaba muy feliz por semejante logro. La muchedumbre invadió la arena ferozmente, alzándome y tirándome hacia el aire con devoción. No vi más al viejo, pero es probable que haya muerto aplastado por tal invasión. Los millones de extraterrestres festejaban con una alegría infinitamente superior a la de los tristes humanos. Todos aclamaban el nombre del héroe anónimo.

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  • muy bueno... entonces en el espacio Jordan sigue teniendo sus seguidores despues de haber ganado en space jam jajajaja
    ¿gracias a su excéntrica mirada de la vida? supongo que querías decir: gracias a su excéntrica forma de verla vida. "Todo empezó en mi apartamento. Soy un hombre de lo más común. Mediocre en todos los ámbitos. Me encontraba..." Caotico: saltas de un tema a otro. Me asomó para mirar: asomé. Al llegar a"contundente y bien distinguible nave extraterrestre" perdí las ganas de leer. Cuando lo corrijas, si es que lo corriges, ya terminaré de la lectura. Tienes tablas, pero te falta paciencia.
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24 años. Me gusta leer, ver películas clásicas, escuchar música, los deportes, viajar, etc.

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