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6 min
UN HOMBRE DOMESTICADO
Varios |
04.06.18
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Sinopsis

Cuando los hombres se comportan como verdaderas fieras.

                                               UN HOMBRE DOMESTICADO

Desde el comienzo nos fue difícil entender por qué Jamat, nuestra sobrina más querida, se había dedicado a domesticar un hombre. Claro que sabíamos que en otros lugares se hacía. Incluso se había llegado a aceptar y ser bien visto entre la gente del país; pero es verdad también que debido a las consecuencias se había convertido en algo muy peligroso. Tal vez demasiado. Por eso, cuando nos enteramos que Jamat se había conseguido uno no faltó quienes quisimos verlo con nuestros propios ojos.

Mandamos una mensajera a nuestra hermana, y nos dijo que nos lo permitiría, siempre y cuando supiéramos comportarnos.

Nos invitó esa tarde, a la hora que la niña volvía del educatorio para poder esperarla, y estuvimos conversando acerca de las precauciones que había que tener con él. Pues si bien está domesticado no hay que olvidar que es una especie que puede resultar agresiva si se ve expuesta a peligros o amenazas.

 Por lo que nos recomendó mucha calma.

Después de un rato lo vimos llegar a través de la ventana. Era grande y terrible, de aspecto salvaje a pesar de haber sido criado en ciudades desde pequeño, según supimos. Las personas que caminaban frente a él, se apartaban al verlo, aun cuando la joven había tomado la precaución de traerlo de la mano; pero no parecía que sus débiles brazos pudieran contener un espécimen tan temperamental. Son tantas las cosas que se han dicho de ellos últimamente, que ya nadie puede saber bien qué pensar. Tal vez no sean todos así, pero basta que unos cuantos hayan llegado a los extremos para que la mala fama los persiga a todos. Sin embargo el hombre no parecía darse cuenta de nada. Caminaba tranquilamente como si fuera natural que las comunitarias se apartaran de su camino, o se escondieran en las casas, llevándose a sus hijas, e incluso que se quedaran viéndolo tras las cortinas, como nosotras.

Jamat tampoco parecía inquieta, aunque no sé exactamente que sentimiento o emoción debió poseerla en ese momento.

Las que sí temblábamos junto a la puerta éramos nosotras, y no faltó alguna de nuestras hermanas menores que se arrepintió de verse encerrada con un hombre vivo dentro de una casa; pero ya era inevitable. Creo que todas teníamos el corazón congelado cuando el hombre entró acompañada de la hija de nuestra hermana mayor y se acomodó en un sofá cercano, moviendo suavemente una pierna. Nuestro nerviosismo había ascendido varios puntos al ver que el hombre no estaba sujeto con nada sino que se movía con toda libertad, pues es costumbre de la familia dejarlo libre mientras está adentro, y no quisieron faltar esta vez a la normalidad.

Nosotras tratábamos de fingir una conversación; pero era difícil hacerlo viéndolo bostezar mientras estiraba sus fuertes brazos. Por requerimiento nuestro, nuestra hermana mayor pidió a su hija que se acercara  a calmar nuestros nervios.

Le mostramos nuestra inquietud, pero ella solo sonreía susurrando:

No hace nada. Está bien domesticado.

 Sin embargo ninguna de nosotras confiaba lo suficiente como para calmarse, así que para dar fe de lo que decía, ella misma pidió con voz muy dulce que nos preparara algo.

 Asombradas vimos que el hombre obedecía sin muestras de agresividad. Lavó unos vasos, preparó unas bebidas, y nos las trajo delicadamente en una bandeja. Nuestro asombro creció cuando nuestra sobrina dejó caer un poco del refresco y pidió dulcemente que lo limpiara. Entonces pudimos ver al hombre acercarse con un trapo y frotar el líquido para después llevárselo a exprimir. Cuando volvió ella lo atrajo hacia sí, y le acarició  el cuello y la mejilla diciendo: “Buen chico”,  besándolo con felicidad.

El hombre se dejaba hacer, y cerraba perezosamente los ojos como complacido por el premio. Era obvio que las caricias de su dueña lo satisfacían; pero a pesar de esa docilidad ninguna de nosotras tuvo el valor suficiente como para tocarlo.

Nuestra obligada valentía llegó solo al extremo de dejarnos dar un beso de despedida en la mejilla teniendo  a Jamat y Xaugina cerca, y algunas pocas nos atrevimos, en el colmo de la temeridad, a tocarlo con la punta de los dedos. Pero nada más.

La piel se nos había erizado; pero al final nos fuimos aliviadas y diciéndonos que a pesar de los peligros había sido una gran experiencia. Sobre todo ahora que las noticias sobre ataques a las domesticadoras  han llegado a poner su crianza en entredicho.

Siempre se habían dado en otros lugares; pero nunca ninguna de las nuestras había sido encontrada enterrada en el patio de su casa con toda la intención de borrar sus huellas como ha sucedido en los últimos tiempos. Al comienzo se pensó que podían ser casos aislados ya que si se les trataba bien y se les mantenía en buenas condiciones, no significarían ningún peligro. Pero después de tantos asesinatos la opinión general es que es una especie imposible de domesticar, incluso si son criados desde pequeños, ya que solo es cuestión de tiempo para que enloquezcan y ataquen a sus dueñas cuando  estas intentan abandonarlos o los quieran cambiar por ejemplares mejores.

Esta ha sido la razón por la que Jamat piensa en deshacerse de su hombre dejándolo en libertad; pero teme que pueda ser víctima de un ataque si lo intenta, pues la mayoría de los casos se da cuando el animal se siente abandonado por su dueña.  Ha pensado incluso cederlo a una de sus amigas activistas, entre ellas mi hija; pero la Diosa me libre de tener una criatura tan peligrosa cerca.  Creo que una tarde ya ha sido demasiado para una experiencia de ese tipo.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Muy bueno. Me gustan sus historias
    Muy bueno e interesante la idea....aunque si los domesticados después sería aburrido..ja ja
    Gracias, Carlos, igual que tú, yo también creo que los cambios en la mentalidad y en la sociedad se están dando demasiado lentos, y espero que no sigan dejando tantas victimas. Sigue escribiendo, creo que vas por buen camino. Un abrazo.
    La violencia machista l la llevamos enterrada en la eduación y los genes. Aparte nuestra evolucióna un nivel espiritual correcto es demasiad lenta. Gracias por tu comentario. Muy buen y relexivo relato. Saludos
    Muchas gracias, muchachos. Yo sé que son muy generosos; pero me gustaría que este texto llegara realmente a personas que necesitaran cambiar y reflexionar. Desgraciadamente este tipo de hombres no lee y mucho menos escribe. De todas maneras una pequeña luz de esperanza me obliga a intentar decírselo: "No te conviertas en fiera, y no dejes que una mujer te convierta en fiera. Tu vida vale más que eso". Un abrazo a todos. Nos leemos.
    En efecto una especie creo que nunca será domesticado un saludo
    Qué grande me escribe y que diferente. Barbaro texto que tendré que leer una segunda vez
    Ojalá haga reflexionar a algunos hombres, amigo Chus. En mi país, y en muchas partes del mundo en general se están cometiendo tantos asesinatos a mujeres que ya da vergüenza que no nos miren como fieras. Algunos canallas nos están haciendo quedar muy mal. Saludos. Nos leemos.
    Un excelente texto Omar, muy bien llevado que permite al lector múltiples reflexiones
    Muchas gracias, Gustavo. Muchas gracias, Carlos. Y sí, Carlos, tienes razón. Nunca había caído en cuenta de esa homofónía, a pesar de que he enseñado este tema algunas veces. Lo voy poner como un ejemplo si vuelvo a enseñarlo. Gracias por el dato. Ya lo corregí. Un abrazo.
  • Qué pasaría si en en futuro ser gay, transexual y lesbiana fuera lo natural y ser heterosexual prohibido?

    A veces pasa.

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