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6 min
Un juego muy macabro
Suspense |
06.06.13
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  • 8
  • 1530
Sinopsis

¿Qué pasaría si la ficción superase a la realidad?

     Abrió los ojos totalmente desconcertado. Un fuerte dolor de cabeza fue lo único que sintió al despertar mientras examinaba a su alrededor. Las gotas de sudor ya habían traspasado la barrera de las cejas y luchaban con sus pestañas por querer invadir aquellos grandes ojos marrones. Se vio sentado en una silla acolchada maniatado de brazos y piernas con una cuerda blanca como la leche. El pañuelo que le apretaba la boca aún tenía restos del fuerte aroma que dejó impregnado el cloroformo. Carlos miró a un lado y al otro buscando alternativas mientras trataba de calmar el pulso acelerado de su corazón. Se encontraba en una habitación frente a la ventana de lo que parecía ser una vieja pensión. El ángulo de giro solamente le mostraba una mesita de roble totalmente vacía y al otro lado, una vieja lámpara de pie junto a una estantería en la que pudo ver un cutter amarillo con el filo oxidado. Pensó en cómo había llegado allí y analizó fugazmente sus recuerdos pero nada le vino. Me habrán secuestrado, pensó mientras trataba de acercarse al mueble dando pequeños saltos con la silla.

Miró al frente a través del palmo que dejaba la cortina en la ventana, y vio correr a alguien de capa oscura por el tejado mirando hacia su posición. Se quedó perplejo un instante y dejó de saltar fijándose en aquel extraño hombre. Llevaba una gran mochila a cuestas y una gran capucha le tapaba todo el rostro. El hombre se detuvo y se arrodilló a abrir la bolsa. Carlos no entendía nada de aquella situación pero puso anteción en el extraño sin saber por qué. Al ver sacar el enorme rifle de la bolsa, Carlos comenzó a gemir y saltar descontrolado. Gritó con todas sus fuerzas pero sabía que lo peor estaba por venir. El hombre comenzó a armar a toda prisa el enorme fusil de precisión, primero anclando una larguísima mira telescópica y luego el apoyo en forma de uve. Carlos no quiso seguir presenciando aquél espectáculo y con todas sus fuerzas se dejó caer hacia la derecha golpeándose con el mueble. El impacto fue tremendamente duro y casi le cuesta perder la consciencia pero el cutter cayó cerca de sus manos y aquello le dio el filo de esperanza para poder huir de aquel lugar.

Con los nervios y la mala posición de su mano, Carlos se desgarró parte de la muñeca ignorando los signos de dolor pero el cutter estaba cortando la cuerda. Apretó más de la cuenta y el filo entró demasiado en su carne notando el frío de la hoja en su interior. Gritó con todas su fuerzas mirando al techo cuando vio la luz roja de un láser invadiendo la habitación en su busca. El francotirador, pensó. Dos impactos seguidos en forma de silbidos agujerearon el cristal de la ventana. Alguien lo quería matar y decidió cortar aquella cuerda de una vez con decisión. Con una mano liberada, empapada en sangre, el resto fue más fácil. Primero liberó su otra mano, luego el asqueroso pañuelo que le impedía respirar y finalmente las piernas. Envolvió su muñeca con el pañuelo para taponar las heridas y se incorporó lentamente para poder mirar desde la esquina de la cortina. El francotirador corría de nuevo en la dirección por la que había venido.

Carlos no se lo pensó y salió de aquella habitación. Corría por el suelo enmoquetado del pasillo y pudo ver las puertas numeradas sabiendo que aquello era una especie de hotel. No había luz ni indicios de que allí hubiera alguien. Corrió en busca de las escaleras y pudo leer el cartel que ponía Séptimo piso. El ascensor ni siquiera respondió al fuerte golpe que le dio. Una pequeña luz de emergencia en cada rellano guiaba a Carlos mientras bajaba a toda prisa. Al llegar al vestíbulo vio que aquel lugar estaba cerrado desde hacía mucho tiempo. Entró al bar totalmente a oscuras y buscó alguna otra salida. El ritmo del corazón lo iba a matar y se arrodilló para respirar y pensar objetivamente. Piensa Carlos, si es un hotel tiene que tener salida por atrás ¡La cocina!. Echó de nuevo a correr y por fin encontró la puerta de emergencia de la cocina que daba a un callejón presidido por dos grandes containers de basura. La luz del día le cegó por momentos y se apoyó en uno de los containers a recuperarse. El muelle de la puerta de la cocina hizo sus tareas y cerró la puerta que solamente podía abrirse desde el interior. Carlos respiró profundamente cuando vio aparecer de nuevo al hombre de la capa negra caminando hacia él.

Ya no había mochila. Carlos se rindió por completo quedando arrodillado a su merced. El hombre caminaba con decisión portando una enorme pistola automática que fue levantando mientras se acercaba. Carlos le miraba al rostro pero no pudo ver nada. Se fijó en sus botas y pensó que podría tratarse de algún ex militar. El hombre se detuvo frente a él. Del cielo empezó a escucharse un repetido chasquido y Carlos trató de analizar aquél sonido. Le recordó al ruido que emiten los teclados de los ordenadores cuando alguien está escribiendo. Un fuerte aroma a tabaco y una canción que no supo conocer le siguieron. El hombre encapuchado permaneció inmóvil. Carlos no sabía que hacer cuando escuchó una voz que no entendió de dónde venía:

— Hola Carlos. No te preocupes, no te va a pasar nada — dijo la extraña voz

— ¿Quién coño eres? ¿qué queréis de mi? — Carlos lloraba con rabia e impotencia

— Verás, digamos que soy tu Dios — la voz empezó a reir a carcajadas. El ruido de las teclas y el humo cada vez eran más presentes en la cabeza de Carlos.

— ¿Quién es este capullo de negro? ¿dónde narices estás tú? ¿y qué es ese maldito ruido? — Carlos perdió los papeles levantando la voz con la cara desencajada.

— Yo soy el autor Carlos. Yo te he creado igual que he creado al capullo de negro. Estoy en mi habitación fumando y escribiendo este relato y ¿sabes qué? hoy no te voy a matar. Hoy hace un día espléndido para matar a ningún personaje. Yo soy tu Dios Carlos, yo soy tu Dios —

 

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  • Muchas gracias Aaron!!! Ojalá en drásticas situaciones apareciera nuestro propio autor diciéndonos: tranquilo, no te va a pasar nada. Me alegra que te sorprendiera!! Un saludo
    Me he restregado las manos al leer el título. Es increíble como haces de la confusión la herramienta principal, me he sentido confundido hasta que me he dado cuenta (poniéndome en la situación del personaje) en la que estaba maniatado y que, por casualidad, me salva un golpe contra el armario... ¡Menos mal! Y el final me parece de lo menos "apropiado" para este tipo de relatos, por eso me parece Genial. Ya me esperaba un final o una conversación Tarantinesca, pero me gusta más así. No me lo habría esperado nunca. Genial. Aunque ya se podría sospechar desde lo del cútex, que no estaría por arte de magia, apostaría lo que quieras a que al final muere de tétanos. Mira que que estuviera oxidado!
    Me alegra que te sorprendiera ender, quería reflejar la podibilidad de que nuestra vida fuera obra de algún autor. El día que lo escribí estaba de buenas y Carlos salió bien parado. En algún otro día de bajón le hubiera pegado un tiro desde el inicio. Juegos de dioses ;) un saludo J.L. Y gracias como siempre
    Me pillaste, no lo esperaba para nada, muy bueno el recurso de enfrentar al autor con el personaje, me gustó mucho y me dejó una sonrisa al finalizar.
    Muchas gracias por seguirme J.M. Anoto tu sugerencia. Me alegra que te haya gustado, un saludo!!!
    Un final desbordante de originalidad, el autor irrumpe en el relato como un elefante sin frenos y lo trastorna; pienso que Carlos y el Francotirador de negro querrían poder decirle un par de cosas a Dios. Hay un delicioso cuento de la tradición oral de los pueblos ribereños del río Niger (el libro lo he reseñado en esta web) en el que los habitantes de una aldea, disgustados porque de cuando en cuando fallecía algún vecino, lo que resultaba muy triste, decidieron en asamblea ir a ver a Dios para discutir el tema. Felicidades.
    Muchas gracias a los dos, sois mis fieles seguidores!!! ;)
    Original relato amigo. Que duro es, en este caso, ser una marioneta, un personaje sin vida propia, pero que siente y padece. Me gustó el final. Saludos
  • Llegaron, evolucionaron y se apoderaron de nosotros

    Fresco, apetitoso, con un toque de dolor y una pizca de amargura

    Cuando el amor nos enseña su cara más amarga

    ¿Qué pasaría si la ficción superase a la realidad?

    Bueno, habrá que estrenarse en esta nueva modalidad del #YoCreo. Espero que os guste ...

    Inspirado en una historia real

    A veces somos almas encadenadas a un mismo destino

    La dedicatoria más dificil de escribir

    Una particular versión de la gran alevoría de Platón

    Esta es la primera vez que me atrevo con la poesía, así que pido piedad :)

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Soy alguien que compone canciones e intenta escribir.

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