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14 min
Un Lugar Bajo el Sol.
Ciencia Ficción |
17.02.14
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Sinopsis

Al final, el autor de su salvación había sido él mismo...

       --¡Tú mucho bueno, Itoó! --dijo la joven pescadora, y tomándole la cara                           entre las manos, como otras veces, se extasió examinando sus ojos celestes.

        --¡Itoó... ven a pescar, hombre!  ¡Después nos daremos un atracón!                               --llamó el hermano de Dendea, desde las rocas de los bajíos costeros.                                         Víctor, con la atlética Dendea a su lado, alzó la vista de cara al sol                         joven y crepitante. Allá arriba, evolucionaban algunos pterodáctilos. Pensó                         que en realidad, parecía un buen lugar bajo el sol para vivir.   

     .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

       Víctor Montes dejó de teclear en su máquina y fue a la cocina, a preparar el mate.

       --Un buen lugar bajo el sol --pensó con ironía--; qué más quisiera yo: Solo, sin trabajo y sin amigos, llevándome mal con mis pocos parientes, viviendo de un resto de ahorros, y escribiendo pavadas que nadie va a leer y que no podré publicar jamás. Sin tener un lugar en esta hipócrita y miserable sociedad.

       Recordó las palabras de su hermano mayor, cuando veraneaban en la costa: --Vos tenés que afirmar los pies sobre la tierra. Tenés que ser más realista. No podés seguir pecando de inocente, como un caído del catre, con cuarenta y cinco años que tenés --seguía machacón--. Largá esos libros de ciencia-ficción que siempre leés y te hacen andar   volando, viejo. No sos un pajarito, pero parecés un pajarón.                                                

       Remontó la memoria de aquel verano, aquella noche en la casa de la playa, cuando comenzó el fenómeno.

        Encaramado sobre un cedro del jardín, miraba un nido de palomas. Entonces se le dio vuelta el planeta. Quedó colgado hacia arriba de la punta del árbol, con los pies apuntando hacia las estrellas.

        Víctor había mirado hacia lo alto. Vio el suelo, el jardín de la casa con sus luces amarillentas. Todo invertido, cabeza abajo. A sus pies, pudo ver el cielo estrellado. Junto al pie derecho parpadeaba la Cruz del Sur. Se le salió una zapatilla, que cayó dando vueltas hasta perderse entre las estrellas. Aferró con fuerza las ramitas que crujían. Podían romperse, y él caería para siempre.

        --¡¡ Danieeel... agarrameee... que me caigooo !! --vociferó como un energúmeno.

        Su hermano había arrimado una escalera, renegando por su ocurrencia de hacer pruebas de circo, mientras subía y lo tomaba por las muñecas.

        El prodigio se anuló. Víctor cayó sobre su hermano. ambos voltearon la escalera desplomándose con estrépito, entre ramas quebradas y gruesas palabrotas.

        Desde entonces, Víctor Montes siempre sentía vértigo al estar a cielo abierto. Le parecía que podía caerse hacia arriba. Se le ocurrió que sería una buena forma de abandonar este mundo hostil, sin lugar para él. Claro que no llegaría muy lejos. A cierta altura la descompresión lo haría estallar como un globo, si antes no moría de frío. Aunque a decir verdad, ¿aquello le había pasado en serio o estaba enloqueciendo?

        Se fue a dormir, hundido en el bochorno estival.

        Hacia las dos de la madrugada despertó, con un canto de cascada por sobre la estridencia de los grillos. Identificó el tanque de agua rebalsando. Sacudiendo el sopor, subió al techo para trabar el émbolo de la sisterna. Mientras lo hacía, miró las estrellas y sintió vértigo. Los grillos cantaban tan fuerte que desprendían un fino polvo de casas y árboles.

        --¿Qué pasaría --pensó--, si ahora me caigo hacia arriba?

        Luego lo invadió la somnolencia. Con cuidado descendió y entró en la casa... y mientras se alejaba de la Tierra, soñó que se metía entre las cobijas y entraba en otra historia...

    .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

        Volvió en sí para hallarse, con terror, flotando en medio del espacio estrellado. Nada alrededor. Apenas vestido con prendas de verano, y la atroz sensación de caída libre hacia las estrellas. A sus espaldas, un gran creciente azulado que podía ser la Tierra, iba achicándose de forma notable, para terminar confundiéndose con el foco solar.

        Cuando pudo pensar, se preguntó cómo respiraba, y sentía aire a su alrededor. Nada de temperaturas extremas. Imaginó que estaba encapsulado en una burbuja.

        Aterrado, contempló el panorama, con brazos extendidos y manos abiertas, en cómica parodia de super-héroe atravesando el cosmos.

        Su planeta natal se redujo, perdiéndose de vista junto al sol, que ya sólo era una estrella brillante. Las constelaciones conocidas se distorsionaron, como enjoyada escritura demoníaca. Lo puntos estelares más brillantes ya sobrenadaban unos sobre otros. A su frente, los astros abigarrados viraron a un color verde azulado, y después violáceo. Detrás suyo el fuego estelar se volvió cobrizo, tornando al rojo sangre. Efecto Doppler. Su mente azorada recordó el concepto. Todo era ondas de luz comprimidas al frente y la misma ondulación distendida a sus espaldas.

        Los cuerpos solares se precipitaron raudos hacia él, pasando a su alrededor como segmentos luminosos. Algunos globos ígneos se desplazaban tan cerca que abarcaban la mitad de su campo visual. Semejantes a embriones y seres amiboidales de tamaño cósmico, discurrían fluctuantes y temblorosos, como si fueran a rozarlo.

       Víctor Montes procuró atenuar su angustia, con la idea que en forma prodigiosa, dejaba atrás el planeta y la sociedad que lo excluía.

       Sin embargo, el pánico y el vértigo lo atenaceaban. Transido de horror, vio  crecer al frente un negro agujero, vacío de luz estelar. La misma lóbrega boca sideral se formó hacia su región de origen.

       No pensó que la luz ya no le llegaba como radiación visible. La negrura hórrida creció hasta casi unirse en una sola bóveda. En su burbuja de aire el hombre cubrió su rostro y se estremeció; lloró con amargura, atravesado de salvajes añoranzas, por una vida y un mundo que jamás había tenido. Se sintió solo frente a la muerte, frente a la nada, y la nada lo invadió.

     .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

       Recuperó el sentido. Se encontró contenido en un cuenco inconmensurable, cálido, mullido, como cuando allá lejos dormía en brazos de su madre. Sintió la paz completa. Escuchó, percibió el tono absoluto. Estuvo al borde de palpar la presencia de la totalidad.

       En torno suyo se extendía una inmensa faja formada por billones de luces en hileras parpadeantes, como ventanillas de trenes, dispuestas unas sobre otras hacia arriba y hacia abajo hasta el infinito.

       --¿Dónde estoy? --se preguntó en voz baja.

       --EN EL CENTRO DEL TODO --se formaron los conceptos dentro de su mente.

       --¿Quién habló... quién está ahí? --titubeó, sintiendo que una presencia lo rodeaba.

       --YO --reverberó el mensaje en el centro de su cerebro.

       --¿Quién es "yo"? --insistió el hombre.

       --YO SOY TÚ --estalló la idea en su cráneo, como cuando se habla bostezando.

       --¿Cómo que "yo soy tú"? ¿Tú eres yo?

       --YO SOY TÚ, SÓLO QUE YO SÉ TODO, Y TÚ NO SABES NADA --retembló la abstracción en su cabeza.

       --¿Tú eres Dios, el... Padre Eterno? --aventuró temblando.

       --NO. Y ÉSO NO IMPORTA AHORA.

       --¿Estoy muerto?

       --TU CUERPO ESTÄ VIVO, Y ESTÄS AQUÏ.

       --¿Para qué estoy aquí, contigo?

       --PARA DECIR QUÉ QUIERES.

       --¿No lo sabes tú?

       --LO SÉ, PERO TÚ DEBES DECIRLO.

       --¿Qué quiero...? --quedó un instante en suspenso--. Un lugar bajo el sol --dijo, sin darse cuenta.

       --SEÑÁLALO --ordenó la presencia.

       --Que lo señale... ¿cómo... dónde? --farfulló Víctor Montes.

       --A TU DERECHA ESTÁ TU PRESENTE. A TU ESPALDA TU PASADO. A TU IZQUIERDA Y AL FRENTE TU FUTURO. HACIA ARRIBA Y HACIA ABAJO LA INFINIDAD DE UNIVERSOS ALTERNATIVOS.

       --¿Cómo voy a saber cuál es? --pensó el hombre, mirando la abigarrada muchedumbre de puntos luminosos; y sin saber por qué, se fijó en una lucesita anaranjada--. ¡ Ése es !      --exclamó.

       --ALLÁ IRÁS --manifestó el tañido, en mitad de su encéfalo.

       --¡Pero espera! ¿por qué haces ésto por mí?

       --TÚ LO HACES...  TU VIDA EN LA TIERRA YA NO TIENE OBJETO... PERO DEBES CUMPLIR TU DESTINO... VIVIR TU TIEMPO.

        Hubo una voltereta multicolor, y Víctor Montes se encontró cayendo hacia un inmenso mar azul, con el viento azotándolo.

        El golpe contra el agua lo dejó maltrecho. Sintió que braceaba, exhausto, tragando un líquido salobre. --Tantas vueltas para morir ahogado --atinó a pensar con ironía.

        Dos pares de brazos lo arrancaron del agua con fuerza irresistible. Se sintió lanzado al fondo de algo así como una piragua.

        Abrió los ojos a un cielo azul ecuatorial. Percibió la arena cálida bajo su cuerpo. Dos rostros amables lo contemplaban.

     .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

        En poco tiempo Victor Montes aprendió el idioma de la tribu de pescadores. Ellos lo cuidaron y alimentaron hasta que se repuso.

        Abrigaba la idea de que se hallaba de nuevo en la Tierra, en algún lugar de Oceanía, hasta que con un sobresalto vio las manos y pies de sus salvadores, con siete dedos.

        Fue irrefutable que no estaba en la Tierra, cuando presenció la sincronía celeste de cuatro grandes lunas en el firmamento.

        La fuerte y esbelta muchacha pescadora y su hermano mayor, los que lo habían sacado del mar, le enseñaron a cazar peces con venablos. Víctor, a su vez, les introdujo la idea de la pesca con redes de fibra vegetal, y con mucha paciencia fabricó varias ballestas para lanzar virotes de madera dura. La bella pescadora no se le despegaba, y se convirtió en experta en la confección y manejo de las ballestas.

        En el mediodía inmóvil, la playa se extendía siseante, bordeada de acantilados. Detrás, el denso bosque verde oscuro, y más allá las montañas azules.

     .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

        Víctor, sentado en la playa frente al mar de intenso azul, examinó el guano de ave traído por Dendea. --Muy bien... perfecto --gruñó complacido. La muchacha se pegó a su costado --¿Itoó? --dijo, como ella lo llamaba. --¿Estiercol bueno, Itoó?--, preguntó, mirándolo con sus ojos amarillos.

        --¡Estiercol muy bueno, Dendea! -- exclamó Víctor contento --, allá, tras las rocas, se lo pondremos a las plantas de nueces. Habrá muchas frutas y nos llenaremos la panza, ya verás.

        --¡Tú mucho bueno, Itoó! --dijo la joven pescadora, y tomándole la cara entre las manos, como otras veces, se extasió examinando sus ojos celestes.

        --¡Itoó... ven a pescar, hombre!  ¡Después nos daremos un atracón! --llamó el hermano mayor de Dendeea, desde las rocas de los bajíos costeros.

        Víctor, con la atlética Dendea a su lado, alzó la vista de cara al sol joven y crepitante. Allá arriba, evolucionaban algunos pterodáctilos. Pensó que en realidad, parecía un buen lugar bajo el sol para vivir.

        Víctor Montes dio un respingo, asombrado. --¡Yo estaba escribiendo todo ésto, allá en la Tierra--, se percató.

        Caminó con Dendea hacia los bajíos costeros. Levantó los ojos casi lagrimeantes al azul profundo, en muda interrogación.

        --ELLOS SON TU GENTE --se alzó el tañido en su cerebro--, AYÚDALOS, VÍCTOR MONTES... Y ELLOS TE SALVARÄN LA VIDA.

        Dendea y Víctor fueron a reunirse con el hermano.

        Esa noche comieron pescado hasta hartarse.

    .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

        En el planeta Tierra, una pequeña ciudad al sur de las pampas suramericanas, contenía aún la casa de Víctor Montes. La vivienda fue abierta y revisada por los parientes. No encontraron a nadie.

                                                  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                           

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nacido 1943-estudio de dibujo ar tístico e historietas, retratista y ca ricaturista trashumante 2000/0l-afincado 2002- 1985 estudios de biología- escritura desde 1972.

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