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2 min
Un maniquí en la piscina 3 y4
Suspense |
19.04.17
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Sinopsis

El sueño continúa.

 3

https://youtu.be/u7K72X4eo_s

 

Nut

 

4

 

La luz de cobre se apoya en mi espalda, la tarde envejece. Continúas agitándote en sueños; algo murmuras, aunque lo que más me extraña es que tengas los ojos abiertos, fijos en mí. Vuelvo a dormirme. El tiempo pasa. El rumor de las olas crece. Ahora intranquilo, nos amenaza. Mi sueño se rompe. Ya despierto, me enfrento al rugido del mar y a tu mirada acosada puesta sobre muros de agua moteadas de sombras, que, si la imaginación no me engaña, tal vez sean algo más que sombras. Las olas se alzan enormes y aumentan mientras se aproximan a la orilla. Corro detrás de ti hacia murallones de rocas que oscuros nos cierran el camino. La luz se muere. El cielo es por fin tinta. Penachos de nubes combaten entre remolinos de plomo. Comienza a llover. Gotas de acero golpean fofas pero con fuerza como pedazos de carne en la arena que ya es ceniza. El mar nos persigue entre alaridos. Estamos acorralados. Nos pegamos a la piedra al pie del acantilado, esperando a que las masas de agua nos engullan. Me coges de la mano y tiras de mí hacia una abertura apenas iluminada en la roca que tú sólo vislumbras. Es una puerta. Atravesamos el umbral con el aliento enloquecido retumbando en el pecho. El tumulto de ruidos se cierra de golpe a nuestra espalda. El silencio se devora a sí mismo y resulta aún más aprensivo. Únicamente el entrecortado e intermitente siseo de la interminable hilera de barras de neón se alterna con su mutismo. Un pasadizo eternamente recto se aleja más allá de la vista. Empotradas en sus paredes nos tropezamos con estancias mal iluminadas. En la más cercana distingo en la penumbra la silueta de varios maniquíes. Creo que sus cuerpos se mueven levemente y escucho el roce viscoso de sus cuerpos. No sabemos si regresar al ruido y al mar o continuar por el sendero. Con una mirada recíproca que lo dice todo, nos decidimos por el infinito. Pero jamás abandonamos la luz del pasadizo y apenas nos atrevemos a mirar de reojo cuando pasamos de largo las estancias oscuras....

 

 

Gabriel

 

 

 

 

 

 

 

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