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42 min
Un Nuevo Comienzo - Capitulo 4
Amor |
15.02.16
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Sinopsis

Cuarta parte de Un Nuevo Comienzo - Contenido explicito para mayores de 18 años.

4- La Verdad.

 

 

 

 

Me invitó a sentarme y con gusto acepté, el se sentó en frente de mi y me tomó de la mano, tan pronto sentí su piel sobre la mía mi corazón comenzó a latir tan rápido que escuchaba un zumbido en mis oídos, mi cuello se comenzó a calentar y un dolor poco común invadió mi estomago.

 

- Adrián creo que me he esforzado por dejártelo claro y tú no lo quieres asimilar, comprender, o de plano ni siquiera te das cuenta.

- ¿Roberto de que hablas?

- Adrian me gustas mucho, ¡me encantas! Y ya no se como demostrártelo, como explicártelo, ¡intento hablarte pero tu me das el corton!...

- Pero Roberto…tu… no…eres…

- Bueno, ¿quieres que te lo demuestre?

 

Se acercó rápidamente a mi cara cerrando los ojos, ¡exactamente! Estaba por besarme, acerqué mi rostro, quería tocar esos labios carnosos con los míos, justo cuando sentía el calor de su rostro en toda mi cara, una pequeña y rápida ráfaga de aire rozo mi mejilla.

 

- ¡Haaa!

 

Roberto soltó un grito estruendoso.

 

- ¡No lo toques! ¡Adrián vete y espérame en el estacionamiento!

 

No comprendía por que Alejandro había herido la frente de Roberto con una piedra si se suponía estaba disfrutando inmensamente de la fiesta con Jocelyn. Roberto ya estaba sentado en el suelo viendo como la sangre le escurría de la frente hacia la nariz.

 

- ¡Que te pasa pendejo!

- ¡Te dije que no te metieras con él! ¡Te lo advertí! ¡Y lo hiciste!

 

Alejandro comenzó a patear a Roberto como si fuera un balón de futbol, tenía que intervenir rápidamente antes de que le desbaratara el cráneo con semejantes patadas, me acerqué para detenerlo como fuera posible, solo se me ocurrió tirarle de su brazo para que Roberto estuviera fuera de su alcance, era lo único que la fuerza y el coraje de Alejandro me permitían hacer.

 

- ¡Alejandro déjalo ya por favor!

- ¡Te dije que te fueras…!

- No me voy a ir si tu no lo dejas de golpear, mira como tiene la cara, ¡ya esta llena de sangre…!

- ¡Merece eso y más! ¡Escúchame gusano infeliz, te acercas de nuevo a él y comenzaras a ver como tu cara caí a pedazos…!

 

Le lanzó un escupitajo en el rostro como si fuera un pedazo de basura, me sostuvo de los brazos y me sacó a la fuerza por la parte de atrás.

 

- ¡Suéltame! ¿¡Bueno pero tu estas mal de la cabeza o que!? ¡Con que derecho… dime con que derecho le hiciste eso!

- ¡Dime tu qué derecho tenia él de hacerte lo que tramaba!

- ¡No se de que estas hablando!

- Si lo supe en cuanto te vi apunto de besarte con ese zopilote ¡Ven súbete al carro!

- ¡No voy a ir a ningún lado contigo! ¡Alejandro si hiciste eso por lo que paso el otro día en el vestidor te pido perdón pero no creo que Robe!…

- ¡Entonces nunca sabrás nada! ¡Nunca sabrás lo que tramaba! Por favor no quiero que te haga daño…

 

Sus venas de el cuello resaltadas por la furia se esfumaron entre su piel y su color rojo ardiente se difuminó para descubrir su color natural, sus ojos se inundaron de lagrimas pero no escapó ningún liquido de ellos.

 

- Sube al carro por favor…

- ¿Me explicaras porque le escupiste en la cara?... ¿porque se la dejaste ensangrentada?

- Solo si subes…

 

No sabia por que estaba accediendo ante tal invitación, aun que jamás había hablado con el seriamente, extrañamente el solo verlo me llenaba de confianza, no tenia mas opción, Alejandro desactivó la alarma de su carro y me abrió la puerta, me senté en su mullido asiento de copiloto y el rápidamente subió tras el volante, prendió el aire acondicionado el cual expedía un olor a nuevo por todo el interior, ya estaba sudando lo cual me encantaba admirar de su persona, veía como gotas de sudor corrían lentamente por su cuello como si trazaran un camino húmedo para finalizar entre su pecho, arrancó el carro y comenzó a conducir por la ciudad.

 

- ¿Y bien? ¿A donde me llevas? ¿Por fin me soltaras la verdad? O, ¿tengo que cumplirte otro capricho?

- Roberto quería destaparte…

- ¿Como?

- Si como me escuchaste… Roberto quería poner en evidencia que te gustan los hombres.

- Pero…tu como lo sabes…

 

 

- Porque nos contó su plan a mí y a todos mis amigos, ellos no quisieron seguir con lo planeado, por supuesto tampoco yo, y claro que le advertí que no lo intentara, cuando vi que bajabas las escaleras con esa cucaracha tuve que cumplir mi advertencia y mira como acabó.

 

Me sentía como un completo estúpido, un pobre idiota que había sido engañado, tenia ganas de meterle mis dos dedos por los ojos y empujárselos hasta que tocaran su cerebro, de haberlo sabido hubiera dejado que Alejandro le desfigurara la cara a patadas hasta que suplicara la peor de las muertes.

 

 

 

- De verdad te agradezco lo que hiciste, pero no te entiendo, pudiste haberme dicho que me fuera a mi casa, ¿me vas a llevar tú o qué? ¿porque me estas hablado? ¡Es más! ¿Porque hiciste eso por mí? Ya habíamos quedado en una cosa Alejandro.

 

- Me dijiste que te buscara cuando decidiera algo, bien pues he tomado mi decisión.

 

Frenó el carro, de la guantera tomó una gran llave color dorado con un aro en la parte de arriba y un cristal en medio, bajó del carro y caminó hacia un enorme cancel color negro el cual apenas se veía por la obscuridad de la noche, metió la llave en la cerradura de en medio y tardó unos minutos en abrir los dos grandes portones de par en par, subió de nuevo al carro y avanzó, inmediatamente entramos a un camino empedrado que estaba cubierto por un túnel formado de sauces llorones, entre las ramas de estos colgaban peculiares lámparas en forma de estrellas hechas del mismo material que el cancel, apenas iluminaban aquel senderó con los pequeños rayos de luz que escapaban de ellas, empapando las pequeñas piedras del camino de chispas luminosas, sentí como el frio húmedo penetraba en cada poro de mi rostro  cuando el vidrio del carro se abrió lentamente y el sonido de los grillos se hacía notar cada vez más, poco a poco de entre la obscuridad varias luces fueron formando una casa color blanca, tenía dos pisos pero solo el de arriba estaba iluminado, una pequeña terraza en el exterior y varias ventanas de gran tamaño, que a través del cristal presumían una escalera de madera a la segunda planta, en realidad parecía estar hecha de cristal, una hermosa casa de cristal con algunos muros color blanco y varias plantas alrededor.

 

Apagó el motor, salió del auto y abrió mi puerta, esperaba una explicación por lo menos de nuestra ubicación, pero simplemente tomó mi mano, nunca me hubiera esperado eso de él, me tomó por sorpresa pero por supuesto no le negué la petición, mi piel sentía la agonía de tocar la suya, pero aquel tacto entre los dos me encantaba, me guió hacia la entrada y frente a nosotros encontramos una gran puerta de madera rustica de color café obscuro con algunos otros adornos en herrería, cuando la abrió todo en el interior estaba bañado por la obscuridad y apenas veía las siluetas de unos muebles, cuando prendió la luz mis ojos se iluminaron, si la fachada de la casa era hermosa, por dentro lo era aun mas, lo primero que admiraron mis ojos fue el piso en desnivel en donde residía una sala de piel color blanco y sobre el piso de madera un gran tapete afelpado del mismo color, combinaban a la perfección con una gran chimenea hecha de rocas pulidas de diferentes tonos, de frente había un comedor para 7 personas color café obscuro y un candelabro mediano con gotas de cristal se encontraba inmóvil colgando sobre la mesa; justo en la esquina descansaba solitario un piano que inmediatamente llamó mi atención, era lo único que estaba cubierto en toda la casa, la sabana llevaba ya tiempo cubriéndolo pues una delgada capa de polvo podía notarse incluso a la distancia donde yo me encontraba,  justo en frente de mi hacia al fondo había una cocina con todo integrado era pequeña pero tenía justo lo necesario, todo el piso estaba bellamente cubierto por duela de madera.

 

- Este lugar es todo lo que me queda de mi madre, cuando mi papá muera tendré que quedarme aquí, pero no lo quiero hacer solo.

 

 Me quedé mudo y con la boca seca, tomó de nuevo mi mano y me llevó hacia una puerta de cristal de tras de la mesa del comedor, la abrió y salimos al exterior, comenzamos a caminar cuando de pronto me di cuenta que aun mi mano estaba cubierta por la suya, en verdad estaba fresco y el aroma a naturaleza era radiante, realmente delicioso, a lo lejos amenazaban varios relámpagos, seguro llovía al otro lado de la ciudad, aun a si deleitaba mi vista con las cientos de estrellas que había en lo alto y me di cuenta de cuan bien las ocultan las luces de la ciudad. El cielo se fue ocultando de mi vista tras las hojas y ramas de los arboles que estaban por venir, juntos atravesamos por una gran arboleda escuchando el canto de las lechuzas y las bestias de la noche, de entre los árboles se filtraba la luz de la luna, ese lugar era realmente hermoso, después un gran valle lleno de pasto y flores se abrió ante mis ojos.

 

- No mires por favor.

 

De nuevo sentí sus manos ásperas, pero esta vez sobre mi rostro tapándome los ojos. Puso sus labios junto a mi oreja.

 

- Este lugar solo lo quiero compartir contigo.

 

 

Mi inconsciente no entendía el porque me encontraba ahí, solo a su lado prácticamente en medio de la nada, sin embargo mi alma se había impregnado de una ciega confianza desde el momento en el que lo vi, al tocarme mi alma sabía que con nadie en el mundo estaría más seguro que a su lado. Abrí mis parpados sorprendiéndome en verdad, era un lugar que te dejaba sin palabras, en medio del valle había pequeño y cristalino estanque con pequeños pinos recién plantados en su circunferencia; un pequeño puente de madera lo cruzaba y llegaba a una especie de isla forrada de pasto justo en el centro del estanque, los grandes cúmulos de estrellas brillantes y blancas como perlas seguían engalanando el cielo y la gran luna llena hacia inútil cualquier luz artificial, conforme avanzábamos por la hierba húmeda y espesa podía sentir como se humedecían las partes bajas de mi pantalón, el aire era tan frió que sentía como las microscópicas gotas de roció chocaban contra las partes de mi cara que ahora estaban húmedas y heladas.

 

- Vamos… camina con cuidado.

 

Me tomó de la cintura y me guío por el pequeño puente de madera hasta llegar al montículo de césped en medio del agua.

 

- Ven sentémonos aquí. – Me invitó.

Tras unos torpes momentos de acomodo comenzó a hablarme como si hubiéramos dejado una conversación pendiente hace unos minutos.

 

- El día que fuiste y te metiste a los vestidores me dijiste algo ¿recuerdas?  Que no te buscara hasta que tomara una decisión, no pude dormir, casi no comía pero al fin opté por la decisión según creo yo, es la adecuada, decidí dejar todo a un lado, es sorprendente cuan pueden afectarte las palabras y lo que piensan los demás de tu persona, pero también en estos meses me ha sorprendido a un mas, cuanto puedes llegar a desear y a amar a un hombre, ese hombre eres tu Adrian, mi comportamiento voluble e irracional que te he presentado en estas semanas ni yo lo he podido controlar, pues no ha sido fácil darme cuenta que estoy profundamente enamorado de ti, estoy completamente dispuesto a ignorar todo y a todos con tal de no amanecer sin ti una mañana mas, para mí fue difícil de asimilar pero es lo que mi corazón me dicta y manda, creo que debo de obedecerle pues los sentimientos que se conectan con el, y cuando son sinceros, nunca tienen un lado erróneo, me gustas mucho, quiero compartir contigo cada momento especial en tu vida. Más si mis sentimientos causantes de esta agonía te ofenden, estoy dispuesto a retirarlos por lo menos de mi conciencia, ya que se han vuelto impenetrables en mi mente.

 

- Alejandro se que no es algo fácil de aclarar y menos cuando tienes a todas las mujeres de la escuela sobre de ti, a esta edad tenemos muchas dudas acerca de nuestros gustos, pero me temo que pediré que reserves, e incluso resguardes tus sentimientos hacia mí, ya que son bien correspondidos, tu agonía concluye esta noche Alejandro, pues yo siento lo mismo por ti, te amo…

 

Se quedó pensativo por un momento, viendo como las amenazantes nubes obscuras se acercaban hacia nosotros, el silencio que tanto odiaba se hacía más incomodo por el timbrido de los insectos, por su expresión en el rostro sabía que había desertado todo lo dicho unos segundos atrás, seria más fácil salir de la escena en ese momento, era hora de cruzar el puente yo solo, cuando me quise poner de píe me tomó del brazo y me detuvo, no alcancé a pararme bien así que me quedé hincado, él se hincó frente a mí, sus dedos se abrieron paso entre mi cabello, recargó casi a la fuerza mi cabeza en su hombro y me susurro al oído.

 

- Si congeniamos tanto en nuestros pensamientos como en nuestros sentimientos, ¿porque huyes?

- ¿No se te hace una estupidez? – Pregunté rogando no me diera una respuesta positiva.-

- Si me preguntas… ¡amarte es una estupidez maravillosa! Oye…debo mencionarte, siempre me metes en problemas...

- Yo nunca te he pedido que me rescates, ¿Porque siempre llegas justo en el momento preciso?...

- Tal vez…porque soy tu ángel de la guarda.

 

Ya en ese momento nuestros cuerpos temblaban, tomó con sus grandes manos mi rostro y lo acercó al suyo, sentí sus labios tibios como dos almohadones de plumas mezclándose con los míos, tenía su carne por toda mi boca, estaba completamente aturdido, sentía como su calor se desprendía de él y como le temblaban las manos, su respiración chocaba contra la mía, y ahora nos estorbaba, bajó sus manos por mi espalda hasta tomarme firmemente los glúteos acercándome y apretándome más contra su pelvis, me dejó sentir tremendo bulto que ya estaba totalmente despierto y caliente, de pronto sentí una gota de agua correr por mi mejilla, los dos despegamos los labios y volteamos hacia el cielo, nos miramos y volvimos a unir nuestras bocas mientras la lluvia densa e intensa hacia de nosotros dos cuerpos totalmente empapados e irradiando fuego, el cielo estrellado se había ido, pero la hermosa y grande luna aun nos seguía vigilando.

 

Su respiración comenzó a hacerse dura, agitada y rápida, ahora sabia hacia donde iba a parar todo eso, estaba a punto de experimentar el placer de estar con otra persona, de probar otra piel totalmente ajena, el placer de que otra persona te disfrute y haga de tu cuerpo su mera voluntad, la ropa le comenzó a estorbar, me apartó rápidamente y se sacó la camisa lo más rápido que pudo dejando ver su hermoso torso mojándose por la lluvia y las gotas de agua corriendo y esparciéndose por su cuerpo, cuando miré su cintura noté que la herida de aquel día ya estaba cicatrizando, curiosamente los dos arcos rojos que había visto sobre la camisa ese día, habían tomado la forma de un corazón. Notó que veía la curiosa figura, tomó mis dos manos y la adrenalina llegó hasta mi cabeza, envolví sus manos con las mías y noté el efecto que la temperatura y el agua hacían de nosotros.

 

- Cada gota que caí a la tierra en este momento…significa cuanto te deseo.- Me dijo con esa única voz en la tierra que había sido capaz de enamorarme al instante.-

- Desearía ser esas gotas que escurren por todo tu cuerpo, así podría saborearte en un solo aliento.

 

 

 Llevó una de mis manos a la herida que ya estaba a punto de convertirse en una permanente cicatriz, la cubrí  con el mayor cuidado que pude, quedaría de esa forma para siempre.

 

- ¿Lo vez? La prueba de que estoy loco por ti…

- Tus manos están heladas…

- Pero mi corazón está ardiendo.

 

 

Comenzó a besarme lentamente el cuello, sentía su lengua caliente y húmeda rozando por mi piel, bajé mi mano de su herida a su gran bulto que estaba a punto de reventar el pantalón, esforzándome por mantener el momento, con suavidad lo desabroché pero su excitación no me lo permitió, me aventó contra el empapado pasto y se sacó rápidamente los pantalones, después tomó la base de los míos y los saco tan rápido y fácil como si tuvieran mantequilla, se acostó encima de mí, con su peso me sentía completamente pegado al suelo incluso me costaba respirar pero eso de alguna forma me gustaba más, lo sentía como si estuviera unido a mi, lo sentía dentro de mi, comencé a aspirar su delicioso aroma, entre mis piernas sentí su gran y caliente rifle, el cual ya se había salido de su bóxer, se sentía gordo y jugoso por el agua que lo había mojado,  comencé a explorar con mis manos toda su resbalosa y frondosa espalda mientras sentía su dura respiración contra mi oído, le bajé todo el bóxer deslizando mis manos por sus voluminosas húmedas y redondas nalgas, precipitadamente tomó mis brazos y los clavo en el suelo con tal fuerza y rapidez que sus manos parecían clavos sobre mis dos muñecas, bajó por mi pecho y abdomen guiándose con su lengua, a pesar de la lluvia y el sudor sentía como dejaba la estela de su elixir por mi cuerpo, bajó mis bóxer y sin previo aviso se metió todo mi amigo en su boca asiéndome retorcer como un gusano, mi falo danzaba con su lengua dentro de su caliente boca, tomé un puñado de pasto como pude  y lo apreté con firmeza, después de un buen rato de placer indescriptible, me liberó, lo agarré de entre sus brazos y lo subí hacia mí, nos hincamos de nuevo sin despegar nuestras bocas, sostuve su cabeza con firmeza y la voltee hacia arriba dejándome para mi todo su hermoso cuello que de nuevo estaba marcado como un mapa por esas hermosas y dilatadas venas, repasé todas y cada una de ellas con mis labios haciendo que empezaran a brotarle gotas de sudor, bajé a su marcado pecho que parecían dos grandes almohadas de piel, mi lengua era como un carro que debía seguir un camino, ese camino estaba marcado por sus músculos, disfruté todo su abdomen y cada centímetro de su vientre igualmente marcado por varias venas que palpitaban por la excitación bajo mi lengua, tuve cuidado al llegar a su V ya que recordemos, allí estaba la  prueba de que el estaba loco por mí.

 

Mientras disfrutaba de esa parte tomé su pene con toda mi mano y lo empecé a masajear, lentamente fui bajando mas hasta llegar al premio, lo toqué con la punta de mi lengua, después con mis labios y después lo metí todo en mi boca, Alejandro emitió un gemido grave pero suave, solo como su voz melodiosa lo podría hacer, tomó mi nuca y con sus manos comenzó a hacer presión sobre ella una y otra vez, la lluvia ya había terminado pero las gotas de agua aun seguían corriendo por todo su abdomen, algunas secándose  por el calor de su cuerpo; me tomó la cabeza y me subió para mirarme a los ojos, sin decir una palabra comenzó a acorralarme para acostarme de nuevo, metió su lengua en mi boca y comenzó a besarme nuevamente, abrió un poco mis piernas colocó

su rifle suavemente en medio de ellas y el repentino y brusco empuje de su cadera hizo que mis músculos se contrajeran y que mis uñas se encajaran en su espalda, sentía una barra ardiendo por todo mi interior, lo podía sentir detrás de mi abdomen, era muy doloroso pero no quería que terminara nunca, con mis piernas sentía como sus húmedos glúteos se contraían cada vez que empujaba para introducir más su pene dentro de mi, después de cierto tiempo el dolor ardiente dio paso a un placer in explicable su respiración ahora era como el bufar de un toro apunto de atacar, su cuerpo sudoroso y caliente resbalaba fácilmente contra el mío, las gotas de sudor que brotaban de su cuello se deslizaban hacia el mío y algunas terminaban a los costados de mis labios, ahora estaba impregnado de él, su aroma trabajaba para permanecer en mi, puso sus dos manos en la hierba y la apretó encerrándolas en un puño, comenzó a empujar mas y mas fuerte sin control, mi única reacción fue pellizcar aun mas fuerte su espalda, una sensación de gran cosquilleo me comenzó a invadir desde los dedos de mis pies, un cosquilleo placentero que conquistó hasta mi último cabello, hasta mi última célula, hizo gritar cada poro en mi piel de puro placer, sentí como su manguera regaba por todo mi interior un jugo caliente y espeso, esta vez no lo pude evitar, los dos emitimos un gran y ruidoso suspiro de placer.

 

Terminamos acostados en la hierba húmeda sin hacer nada, el seguía arriba de mi jadeando como un perro sediento, repitiéndome te amo susurrándome al oído, se acostó al lado de mi y me jaló un poco para acostarme en su pecho, los dos allí en medio de ese estanque y debajo del cielo limpio y estrellado con esa luna tan radiante nos quedamos profundamente dormidos por varias horas.

 

 

 

 El ruido de los grillos me despertó, abrí los ojos y lo primero que vi fue la cara de mi ángel contemplándome como un padre a su bebe pequeño.

 

- ¿Que te pasa…?

Me esbozó su hermosa sonrisa.

- ¿Ya viste lo que te traje?

 

Me senté para ver mi sorpresa, eran cientos de luciérnagas que volaban alrededor de nosotros. Parecía que las estrellas habían bajado a platicarnos, la espesa neblina cubría el agua como un manto blanco alrededor de nosotros.

 

- ¿Crees que vinieron a celebrar?

- ¿A celebrar qué?

- Que te ya te tengo a mi lado.

- Ósea que, como… tú y yo ya somos…

- haa… ¡a ver Adrián párate!

 

Estábamos frente a frente tomados de la mano cuando comenzó a gritar como un loco desatado.

 

- ¡Ante esta noche tan hermosa! ¡Ante nuestras amigas las estrellas que han bajado para conocer nuestro amor! ¡Te pido Adrián que formes parte de mi vida! ¡Quiero ser quien te cuide! ¡Quiero ser la persona con quien compartas los buenos momentos!, ¡Quiero que estés a mi lado! Quiero ser parte de tu vida…quiero ser tu novio…Adrián… ¿quieres ser mi novio?...

 

Sentía que mis pies se despegaban del suelo y que la cabeza me daba vueltas, el tiempo se detuvo y con mucho cuidado de no quebrar mi voz mis labios formaron la palabra:

 

                                                                  SI

 

- ¡SI si si!! Alejandro quiero ser tu…

 

Antes de terminar la frase me interrumpió con un apasionado beso, pasó sus manos por mis glúteos y le respondí abriendo las piernas y entrelazándolas por detrás de su espalda, me levantó como un niño pequeño abrazándome con su impresionante fuerza, esta vez la gota  que sentí no fue de la lluvia, eran sus lagrimas que corrían por su rostro y chocaban contra mis mejillas.

 

 

 

 

 

 

 

Ya eran las 5 de la mañana y Alejandro apenas me dejaba en la puerta de mi casa, gracias a dios en la casa de sus padres tenía secadora si no, no tendría como explicarle a los míos la ropa empapada, le di  un beso en sus deliciosos labios para despedirme y él me lo regreso en la frente.

 

- Gracias amor. Nos vemos en un rato.

 

Sentí un tremendo orgullo cuando me dijo eso, tenía que poner en práctica mis clases de teatro si quería salvarme el pellejo.

 

- ¿Porque a esta hora? ¿se puso buena la fiesta no? ¿Quién era el del carro? No es el mismo en el que te fuiste.

 

- Papá lo siento llegué a esta hora porque Roberto se puso muy ebrio y como él nos recogió casi a todos pues Alejandro nos hizo el favor de llevarnos a cada uno de nosotros, no volverá a pasar.

 

- Pues te diría vete a dormir pero a esta hora mejor vete a bañar y a ponerte el uniforme no te dejare faltar a la escuela.

 

En verdad mi papá había reaccionado mas que bien a mi retardo,- si tan solo supiera donde estaba- pensé burlándome en mi mente, mi mamá se encontraba profundamente dormida en su habitación y pensé que verla allí entre las sabanas me daría ganas de imitarla tan solo por 5 minutos ¡pero no! Quería verlo de nuevo quería sentirlo de nuevo, me quité la ropa y me metí a bañar, mi piel a un olía a él, no quería quitarme ese perfume, pero el jabón y el agua hicieron que desapareciera, mientras sentía el agua caer aun no podía creer lo que me había pasado, sentía un ardor cálido donde nunca lo había sentido, creo que eso era suficiente prueba para mí de que esa noche había perdido la inocencia o la virginidad, no sé cómo se podría llamar en el caso de los hombres.

 

Cuando salí de la bañera me sequé muy bien con la toalla y recogí mi ropa del piso, cuando levanté mi  pantalón café escuché la caída de un objeto metálico, era la llave dorada que abría aquel hermoso cancel, en el aro de la parte superior tenia amarrado con un listón rojo un papel doblado en cuatro partes, rápidamente lo abrí para leer el contenido.

 

Hola Adrián, cuando leas esto ya habré tomado mi decisión, difícil pero supongo que es la correcta y segura, decidí estar junto a ti, decidí amarte. Esta llave es especial para mí, tan especial como tu corazón, mi mamá me dio dos llaves poco antes de fallecer, me dijo que la casa era para mí y el amor de mi  vida cuando mi papá también estuviera junto a ella, esta casa fue la primera que los dos compraron, en esta casa me vieron crecer y me amaron como a nadie. Sabes amor mío… a mi papá ya no le falta mucho y es por eso que te doy una de estas llaves, porque quiero compartirla contigo, quiero ofrecerte mi corazón, quiero ofrecerte mi amor, quiero albergar conmigo a mi más preciado tesoro, TÚ.

 

Mi boca de nuevo se quedó seca y una lagrima rodó por mi mejilla, doblé de nuevo el papel y lo guardé entre las páginas de un libro, pero no podía dejar esa llave tan especial guardada por allí así que utilice el listón rojo y me puse la llave como un collar, por suerte este era largo y la llave se ocultaba perfectamente debajo de mi camisa, con algunos trabajos bajé las escaleras, pues recordemos, mi inocencia ya no estaba, mi papá ya me esperaba con las llaves del carro en la mano.

 

 

 

 

- ¿Y como estuvo la fiesta?

 

- Pues al principio fue especial y hermoso, después fue horrible y decepcionante en verdad, pero después fue lo mas espectacular y apasionante que haya vivido en mi vida… - Recargué mi cabeza en el vidrio de la ventana -

 

- No pues de verdad que ya no entiendo a los jóvenes de ahora.

 

-  Si papá y creo que menos a mí, créeme.

 - ¡Demonios! ¡Que había soltado mi boca! -

 

- ¿A si? ¿Y como esta eso?

 

- Yo me lo busqué -

 

-  Pues no se, siento que a veces no me toleras y no me tomas muy en cuenta.  - ¡¿Que pendejadas estaba diciendo?! –

- Pues a veces hijo, si me desesperas y tengo dudas de ti,  pero pues eres mi hijo.- Ósea eso fue un: ¿ya qué? –

-  Pues sí, y pues tu eres mi papá…

- ¿Tienes dinero?

- No, no quise despertar a mi mamá se veía muy cómoda dormida.

- Bueno… toma.

- Gracias nos vemos al rato.

- ¿A qué hora sales?

- No te apures creo que me iré con amigos.

- Este bien.

 

 

Como siempre fui de los primeros en llegar y aún no había nadie en la escuela, desde las ventanas los salones se veían obscuros y tenebrosos, nunca me había gustado ver una escuela vacía.

 

- chh…chhh…adonde vas…

 

Estaba recargado en su carro con una pose que a pesar del frio del ambiente, me derretía.

 

-  Pues a donde conocí al amor de mi vida.

-  A si pues donde esta para partirle su madre.

-  ¿Necesitas un zape para conocerlo?

-  Sabes que solo bromeo…

 

Me tomó por la cintura y me pegó a él bruscamente.

 

- Alejandro ¡no!

- ¿Que tiene?  ¡Si no hay nadie!

- Una: estamos a mitad de la calle, Dos: No es cualquier calle, la escuela está justo en frente de nosotros y 3: ¿No prefieres hacerlo arriba del carro? ¡Así todos…! ¡Tendrían una vista mejor!.

- Esta bien… vamos a dentro.

 

Abrió la puerta del salón con una patada y encendió la luz, me cargó hasta el escritorio de los maestros y me sentó enzima. Pegó su frente con la mía dejándome saborear su aliento.

 

- ¿Leíste la nota?

 

Metí mi mano en mi camisa y saqué la llave.

 

- Por eso falté ayer – me declaró quebrando su voz - llevé a mi papá al hospital, Adrian los doctores le calculan menos de un mes.

 

Tomé su rostro y con mis dedos difuminé sus lágrimas.

 

- Alex cuando venimos a este mundo lo único que tenemos seguro es la muerte, tus padres te estarán cuidando desde haya y yo estaré aquí contigo pase lo que pase, no estarás solo.

- Lo sé amor pero no quiero entender, no puedo, por que mis papás me dejaron tan rápido… Bueno… ¡haber ya!, no me gusta desperdiciar estos momentos contigo, pronto llegaran todos y tendremos que fingir hasta la salida, y la verdad no se si podré.

 

Una sonrisa preocupada salió de su boca.

 

- Pues tendremos que trabajar juntos para lograrlo… y ya déjame, bájame antes de que entre alguien.

 

Al quererme bajar del escritorio este se vino conmigo y me tropecé, para mi suerte Alejandro me atrapó con sus brazos como aquella vez en el salón de teatro, mis ojos se volvieron a clavar con los suyos y el tiempo se volvió a detener.

 

- Ahora si no te me escapas…por cierto te quería pedir perdón.

- ¿Por qué?

- Por empujar la silla contra ti para que cayeras en mis brazos el día que te dio el “calambre”…

- Ósea que aquel día que me ayudaste a levantarme de la silla ¿tu la empujaste contra mi?

- A si es… ¡que me demanden! Soy culpable.., ¿me perdonas?

- Si, te perdono por a verme dado ese momento tan esplendido…

 

De nuevo acercó sus labios y me dio uno de sus deliciosos besos, hasta que lo aparté de mí.

 

-¡Ya! Entiende que nos pueden ver… en que quedamos…

-Esta bien…está bien…volvamos al trabajo.

 

Creí que seria difícil fingir, pero entre clases Alejandro me arrojaba notas o me las mandaba a mi mesa banco con alguno de sus amigos, Roberto llegó hasta la segunda hora y todos soltaron una risotada cuando esto sucedió, ya que venia con lentes obscuros, toda la cara moreteada, y el labio y la ceja casi partidas por la mitad, tomó su mesa banco y la puso a la esquina de el salón sin dirigirle la palabra a nadie; en parte me sentía culpable, pero él se lo había buscado.

 

- ¡¿Roberto pero que te paso?!

- Pues ya ve maestra lo que hace el amor…

 

Alejandro arrugó en su puño la nota que me estaba escribiendo.

 

- Ay no… ustedes los jóvenes arreglan todo a golpes.

 

El sueño me empezó a llegar así que decidí ir al baño a lavarme la cara, cuando el agua tocó mi rostro, noté como una sombra entraba.

 

- ¿Pudo hablar contigo?

- Tú y yo no tenemos nada mas que hablar, ¿no te da pena dirigirme la palabra? ¡Sin vergüenza descarado de mierda! ¡Quítate!

 

- Lo sé, lo sé, te quiero pedir perdón,  la verdad que no se qué estaba haciendo wey, nunca debí de haber jugado contigo.

 

- Aja si ¿eso lo dices después de la amenaza de Alejandro? ¿O después de la putiza que te puso? No seas cobarde, ¡quítate!

 

- No, lo decidí cuando me di cuenta de lo que en verdad eras y de que en verdad eres mas especial de lo que me imaginaba, yo y solo yo tengo la culpa de lo que pasó.

- O que bien no te daré un Oscar por eso ¡ahora quítate…! Déjame pasar.

 

Me tomó con fuerza de la cintura y me acorraló a un cubículo azotando y cerrando la puerta de fierro.

 

- No te voy a dejar pasar hasta que me aceptes las disculpas.

 

¡Ya vasta! No lo podía tener mas enfrente de mi y menos tan cerca.

 

- ¡Esta bien! ¡Esta bien! ¡Te perdono! ¡¿Ya!?

- Gracias, por favor no le digas a Alejandro que hice esto, pero no me puedo quedar con la duda.

 

De pronto sentí mi espalda peganda en la pared y mi boca dentro de la suya, sentía la textura de sus labios hinchados y el sabor  metal de su sangre, por alguna extraña razón temía lastimarlo con el movimiento de mis labios.

- ¡Pero qué te pasa! ¡Quítate!

Salí despavorido del baño y con mis piernas temblando.

 

 

 

 

- ¿No tienes hambre?

 

Karla se puso a analizar mi cara.

 

- ¡Si es tu favorito! Pizza, lo único bueno que hacen aquí.

- Pues si,  haa… hay algo que no les he contado.

- ¿Tiene que ver con tu desaparición ayer? Ni te despediste, solo desapareciste. -Betty me reclamó.

 

- Pues también tiene que ver el por qué Roberto llegó con la cara así.

 

Las dos casi se enciman a la mesa de la cafetería cuando dije esto ultimo.

 

- ¡Pues cuéntanos!

- Bueno pues, por favor por favor tienen que ser muy discretas si no no se lo que pasaría.

- ¡Si! ¡Pero ya dinos que paso!

- Alejandro y yo somos mas que amigos -lo dije lo más rápido que pude- Alejandro y yo somo…novios…

- ¡Que!

Betty abrió aún más los ojos.

- Eso dije…

- ¡O por dios, O por dios! ¿Adrian es en serio?

- Si Karla es en serio.

- ¿Pero él? No entiendo… como es que…

- Lo sé Betty, me contó que ni él sabe cómo se enamoró de mí.

- ¡Ósea que ya tenemos cuñado!

- Pues…

- No pues si… ya vi por que te esta viendo como que tiene más hambre de ti, que de su comida.

- ¿Pero… porque Roberto llego así?

 

Ese era un punto que no quería tocar, me recordaba que era un idiota, pero eran mis mejores amigas.

 

- Pues Roberto me quería sacar la sopa de que me gustaban los hombres.

- ¡Es el peor de los malditos!

- Entonces supongo que Alejandro se enteró de su plan. – Aseguró Betty.

- Por eso llego hoy utilizando esos lentes. – Le respondí.

- Eso y mucho más se merece.

- Pero…acaba de pasar algo. – Continúe.

- ¡Ay Adrian! ¡No me digas que después de lo que quería hacerte Roberto te sigue gustando!

- Supongo que yo a él sí.

- ¿Que? No, no, no, Adrian te estas confundiendo cuando te gusta una persona no le haces…

-¡Me acaba de dar un beso!

 

Ahora mis amigas estuvieron por subirse a la mesa de la emoción.

 

- ¡A ver qué!

 

- ¡Si! Fue hace un momento en el baño, se me ocurrió irme a lavar la cara cuando entró el para ofrecerme disculpas, y solo me dijo “perdón pero no me puedo quedar con esta duda’’ y me plantó un beso.

- Adrian pero si Alejandro se entera.

- ¡No! ¡No Ana no quiero meterlo en más problemas!

- Bueno supongo que hoy tampoco te iras con nosotros… - Dijo Karla.

 

 

 

El timbre sonó, era hora de entrar a la clase de danza, mis amigas y yo llegamos puntuales al salón, tan puntuales que aun no había nadie, platicábamos como de costumbre recargados en la barra de madera esperando a que el profesor entrara. Nuestra paz fue interrumpida cuando Jocelyn entró con su escuadrón, una de sus amigas ayudándole a acomodar la mochila y las otras tres atraídas hacia los espejos como imanes, como si con solo ver su reflejo su falta de belleza se arreglaría.

 

- Mmm… para adornar el momento ¿ya vieron quien entró? – Nos anunció Ana discretamente.

- ¡Esa pendeja! De verdad que yo no sé cómo pasara el año. – Betty se apresuró a decir algo que estaba en la mente de la mayoría del salón.

- Betty te aseguro que más de uno piensa lo mismo que tú, pero no hay nada que una buena mordida al director no pueda arreglar. – Dije.

- Pues será una buena mordida en los huevos…

 

Dijó Betty con tono cómico, para nuestra desgracia la ausencia de gente en ese gran salón había hecho que nuestra conversación fuera escuchada. Cuando nos dimos cuenta ella ya había escuchado todo junto con su sequito.

 

Se acercó a nosotros con ese contoneo en la cadera con el que solo las perras y las putas cuentan. Se paró en frente de Betty y empezó a escupir su veneno.

 

- Si me crees tan puta como para mamarle los huevos al director, porque no me presentas a tu papá, ¿Tal vez no le cobre…?

 

- ¡Con mi papá no te metas hija de la chingada!

 

Betty se fue en sima de Jocelyn, haciendo que esta pegara un grito o más bien un chillido.

 

La tomó de la cabeza y la arrojó hacia uno de los cristales del salón provocando que se quebrara en pedazos acompañado de un ligero temblor en toda la duela y un tremendo ruido que seguro se escuchó por toda la escuela, Betty le metió las manos en el cabello y la comenzó a sacudir como queriéndole zafar la cabeza, la verdad era un espectáculo gustoso de ver. Alejandro y sus amigos llegaron al salón y se metieron para separarlas mientras las dos se gritaban de cosas.

 

- ¡Te lo advertí pendeja! ¡Te dije que te iba a partir tu madre si seguías!

- Betty no sé de qué me hablas… ¡yo nunca les he faltado al respeto de ninguna manera, no entiendo porque me atacaste…!

 

Seguro su hipocresía se debía a que el profesor de danza ya había entrado al salón junto con todos nuestros demás compañeros.

 

- ¡No te hagas, maricona! ¡Si le vas a entrar éntrale!

- ¡A ver ya! ¡Las dos a la dirección! ¡Rápido!

 

El maestro por fin interrumpió.

 

Después de un rato de esperar al profesor, entró de nuevo dando órdenes por los aires como acostumbraba.

 

- Muy bien todos con las parejas que ya les he asignado anteriormente por favor, espero esta vez no tenga ningún problema Alejandro.

 

Karla soltó una risotada entre dientes.

 

- Claro que no maestro.

 

El verlo de nuevo caminando hacia mí con el atuendo de danza me encantaba, todo se le pegaba y todo se le notaba, lastima para las chavas, ahora era sólo mío.

 

- Bien hagan el calentamiento de siempre mientras voy a la dirección para ver que pasa con sus compañeras.

 

Los dos nos sentamos, tomó mis manos suavemente abrimos los pies, los juntamos y uno comenzó a tirar dél otro para estirar.

 

- ¿No te encanta?

Me preguntó con su hermosa sonrrisa.

- ¡Que!

- Esto, estar tu y yo aquí en frente de todos sin temor a tocarnos.

- Algún día podremos gozar de eso sin meter de pretexto la clase de danza. ¿No no te encanta?

- ¡Que! – Me respondió con extraña alegría-

- Que a pesar de que tus manos son tan ásperas como rocas, las siento como las mejillas de un ángel.

 

- Lo mismo diría de tus glúteos, solo que estos parecen de ángel todo el tiempo. ¡Esta bien! Cambiare de tema solo porque te pusiste rojo como una cereza.

- Bueno es que no es algo que todos me digan.

- Pues si pero te aseguro que más de uno lo piensa, y lastima ya eres sólo mío.

¿Te vas a ir… con tus amigos? Es que quería llevarte a tu casa.

- O… para que.

- Quiero hablar contigo sobre un asunto que tengo y pues… ¿es lo que los novios hacen no?

- Pues… si…pero no sé, con mi papá…

- ¡A ver ya! Tómense de la barra.

 

El maestro interrumpió entrando con las dos chicas por detrás y con cara de enojadas, por los espejos se lanzaban miradas de rabia.

 

- ¿Betty que pasó?

- Te cuento mas tarde…

 

La clase fue un completo orgasmo para mi, ver su cuerpo sudando me encantaba y mas cuando bailando me volteaba a ver con su carita de pícaro.

 

 

- ¡La clase termino! Pueden retirarse.

 

-¡Ven vamos a bañarnos!

 

Alejandro me jaló por el pasillo de los vestidores de hombres hasta las regaderas, nos encerramos en un cubículo y me pegó contra la pared al mismo tiempo que repasaba mi cuello con su nariz.

 

- Me encanta como hueles…

 

Comenzó a quitarme la camisa y después las mallas, el ya estaba completamente desnudo, abrió el agua caliente de la regadera y comenzó a secar mi sudor con su lengua.

 

- ¡No Alejandro aquí no!

- Por favor ya no soporto… ve como me la pones…

 

Me subió en él como un bebe, ya no sabia si era la temperatura del agua o de la situación lo que hacia que sudáramos a borbotones, me dejé llevar por sus labios unos momentos pero después reflexioné.

 

- Alejandro no, es muy arriesgado ¡entiende…!.

- Esta bien…nunca te obligaría a nada que no quisieras hacer…

- Gracias.

 

Apagó la regadera y nos quedamos por varios minutos viéndonos a los ojos y compartiendo nuestro calor en aquel cubículo tan pequeño. Un portazo interrumpió nuestra concentración, se escuchaba como si alguien llorara desconsoladamente, me asomé por arriba del cubículo y para mi sorpresa era Roberto que lloraba en una banca junto a los casilleros.

 

- ¿¡Es Roberto, ahora que!? ¡Te dije!

- Espérame…

 

Se puso una toalla en la cintura y me aparto, salió del cubículo como si hubiese terminado de bañarse. Roberto rápidamente se secó las lágrimas he hizo como si nada, Alejandro  se puso a peinarse en el lavabo para perder tiempo.

 

- Espero estés contento.-Dijo Roberto.

- ¿Por la putiza que te metí?, Si.

 

- No por haberme robado a Adrian.

 

Alejandro se volteo rápidamente y se fue caminando contra él para levantarlo y presionarlo del cuello.

 

- ¡Te exijo que no te atrevas a pronunciar su nombre!

- ¿Por qué? ¿Te gusta?

 

Alejandro lo levantó y lo arrojó contra los casilleros, provocando un tremendo estruendo que me hizo sobresaltar dentro del cubículo.

 

-¡Y a ti que te importa quien me gusta y quien no!, no es tu vida, es la mía, no te afecta en lo ab…

- ¡Si si me afecta!, Alejandro me di cuenta de que Adrián me gusta.

 

Alejandro emitió una irónica y ruidosa risa.

 

- ¡No me hagas reír pendejo! Cuando una persona te gusta en verdad no planeas una contienda para descubrir sus más ¡íntimos! secretos, ¿o tu papá hizo eso con tu madre? Ya te dije no te le acerques olvídate de él, lo lastimaste demasiado, dale gracias que me prohibió que te tocara si no ya no tendrías cara, maldito gusano pestilente, ¡lárgate de aquí!

 

Roberto salió corriendo despavorido de los vestidores, creo que definitivamente no le diría nada a Alejandro acerca del beso.

 

 

 

Llegamos justo para la ultima clase de el día, para nuestra sorpresa la profesora de matemáticas no fue, así que cada quien hizo lo que quiso dentro  del salón.

 

- A ver ya cuéntame que pasó en la dirección. – Le pregunté a Betty mientras jalaba una silla para sentarme junto a ella.

 

- Pues mira, llegamos y empezó a decir sus sartas de estupideces, dijo que ella nunca nos había dicho ni hecho nada como para que yo reaccionara así, que nosotros empezamos a criticarla y que todo lo que ella nos dijo era solo un invento mío para justificar mi reacción.

- ¡¿Y?! ¿Que le dijiste al director? - Preguntó Karla con inquietud.

- Que Jocelyn era una niña engreída, presumida, creída, mal educada y que lo que yo decía era verdad.

-¿Y qué más?

- Pues a mi me pusieron un reporte lo tendrán que firmar mis papás, pero citarán a los papás de Jocelyn, y entre las dos tendremos que pagar el espejo roto.

- Auchhh… 7 años de mala suerte…

- No Ana la mala o la buena suerte la traes desde la cuna.

- ¿Y bueno que harán para este fin de semana? – Preguntó Karla, el tema comenzaba a tornarse pesado.

- Pues no se… - Respondí para ayudarle a cambiar de tema. Aunque no tenía idea de lo que haría.

 

- Seguro que ¡Muchas cosas!... -Karla soltó una risa traviesa.-

-Pues no, esas Muchas cosas ya las tuvimos…

- ¡Por dios!

-Y que tal es para… tu ya sabes…

- Tan placentero como cuando te tomas una tasa de chocolate caliente en un día lluvioso y observas como las gotas resbalan sobre un cristal.

-Wooow… con la profundidad de tu respuesta debió de haber sido esplendido haciendo su trabajo.

- Ana, ¡cogimos como los mismos dioses!

 

La última clase terminó y todos comenzaron a irse a sus casas, yo ya sabía para donde tenía que dirigirme, caminé hacia la salida de la escuela y de nuevo allí estaba, recargado en su carro color negro esperándome, me arrebató la mochila de mis hombros y me abrió la puerta.

 

 

 

- Bien, por fin salimos ¿sobre qué es de lo que me querías hablar?

Me daba miedo preguntar eso de nuevo.

Me ofreció su mano y dejó la otra en el volante, con gusto acepté la invitación y lo tomé de la mano.

 

- Adrián decidí contarle lo nuestro a mi papá.

                                 

 

 

 

 

 

                                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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