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9 min
UN QUIJOTE ACTUAL
Reales |
25.03.21
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Sinopsis

Hoy en día todavía pervive el espíritu quijotesco en algunas personas, aunque por supuesto con un ropaje cultural muy diferente al de la época de Cervantes.

Fernando Pons que era un hombre de mediana edad; divorciado de su mujer desde hacía bastante tiempo, cuyos hijos ya mayores tenían sus propias vidas en otras regiones de la Península o en el extranjero, y por lo tanto él vivía solo en un piso que había heredado de sus padres que estaba ubicado en la calle Urgel de Barcelona, al examinar su trayectoria mundana se percató con disgusto que a pesar de disfrutar de una holgada situación económica, ésta había sido un desastre.

Lo cierto era que Fernando por mucho que se había esforzado en simpatizar con sus semejantes sea tanto con miembros de su familia como con otras personas que le salían al paso; sobre todo mostrándose comprensivo o siendo generoso con ellas haciéndoles toda suerte de favores cuando se lo solicitaban, al final siempre recibía la ingratitud como respuesta de la manera más hostil y grosera que cabe imaginar. Era como si con su positiva actitud pusiera en evidencia la mezquindad anímica de los demás.

Por eso, Fernando harto del ambiente en el que le había tocado vivir, puesto que no sabía a ciencia cierta si la culpa de que no encajara en la sociedad era únicamente de él o de quienes le rodeaban, cuando llegaba a su casa después de una aburrida jornada laboral se olvidaba de todo y sólo veía series de películas que emitían un canal privado de televisión. Pues la ficción se le antojaba que era mucho más fascinante que la insípida y prosaica realidad cotidiana que le abrumaba todos  los días. Con aquellas historias melodramáticas, de amores y de aventuras fantásticas contadas en imágenes Fernando se emocionaba; ora lloraba ora reía según  la trama de las mismas; aunque claro que cuando terminaba aquel maravilloso episodio de imaginación aquella gris realidad caía sobre él como un peso muerto difícil de sobrellevar.

De hecho, si Fernando de un modo gradual se distanciaba del mundo tangible era porque en el fondo de su alma temía entablar nuevas amistades con nadie porque tenía la convicción de que más pronto o más tarde le podían defraudar. Al principio cuando el hombre conocía a alguien la relación empezaba muy bien, pero siempre llegaba un punto en el que por alguna fatal eventualidad, ésta se deterioraba irremisiblemente y se esfumaba en el aire como un bubrbuja de jabón, cosa que él ya no estaba dispuesto a soportar.

Mas como por otro lado Fernando no podía dejar de ser un hombre sociable, las series de la televisión pronto alternaron con la comuniación con otras personas virtuales en las Redes Sociales de Internet en su ordenador. Fernando dialogaba con sujetos de cualquier rincón del planeta fuera de política o de cualquier otro tema; algunos de los cuales le atacaban sus ideas con una agresividad inusitada, pero en cambio con otros podía platicar sin ningún problema. Fernando comparó aquel espacio virtual con la entrada de unos grandes almacenes por la que transita un sinfin de variopinta fauna humana, que era algo tan real como la vida misma. Y a veces por las noches él no podía conciliar el sueño imaginando en cómo sería realmente tal o cual amigo o amiga virtual y qué tipo de vida llevaría. En más de una ocasión había idealizado a según quién sin duda llevado por la soledad que le embargaba.

Pero el salto definitivo de Fernando fue cuando un día se le estropeó el ordenador y al llevarlo al técnico para que se lo arreglara, éste que era un "mago" de la Informática le propuso a éste de instalarle en su domicilio un aparato de HOLOGRAMA, y nuestro hombre picado por la curiosidad enseguida estuvo de acuerdo en ello.

Como sabrán los amigos lectores el HOLOGRAMA es una técnica que haciendo uso de la iluminación mediante dos láser se consigue crear imágenes coloridas en tres dimensones y por tanto objetos de relieve.

El "mago" informático al apercibirse de la falta de compañía de su cliente, creo la figura holográfica de una bella y risueña mujer rubia, con el cabello corto y unos ojos azules, que bien podía ser un arquetipo onírico en la mente de Fernando, el cual la bautizó con el nombre de "Claudia".

Aquello era como vivir en un Paraíso artificial y Fernando se enganchó a la estupenda "Claudia" puesto que le contaba todo lo que pensaba y sentía, así como también le explicaba aspectos de su vida de la infancia que no había revelado a nadie.

- Mi padre me odiaba - le confesó él en un momento de debilidad.

- ¿Si? ¿Por qué?

- Porque no era tan materialista como él. No estaba hecho a su imágen y semejanza.

- Y lo pasaste mal. ¿Verdad?

- Sí... Esto también les ha ocurrido a muchos chicos de mi generación.

Realmente aquella "dama" lo escuchaba sin interrumpirlo, sin llevarle la contraria como le había hecho su verdadera mujer humana. Pero lo más emocionante de todo era que Fernando que en el aspecto erótico era un redomado fetichista, quiso que "Claudia" se exhibiera semidenuda con unos zapatos de tacón alto, ya que consideraba que aquella clase de calzado era el elemento más genuino de la feminidad que cabía imaginar. Esto venía a cuento porque cuando Fernando era un adolescente vio a una mujer muy parecida a "Claudia" que era una amiga de su madre que al estar sentada en un sillón de su casa con unos zapatos de tacón alto en un descuido que tuvo ella abrió sus piernas enseñando sus recios muslos hasta sus braguitas, dando lugar a que el chico tuviese una señora erección.

Como es de suponer "Claudia" complació a su dueño sin discusión alguna que para eso ella era un ser virtual, por lo que Fernando de un modo onanista disfrutó en grado sumo.

De subito Fernando sintió que a tenor de aquel trato tan complaciente que le otorgaba la singular "Claudia", se estaba enamorando de ella. Pero enseguida reprimía sus sentimientos ante la evidencia de que ella no era más que una ilusión mientras que él era un ser de carne y hueso; y aquella insólita situación le hacía reflexionar: "¿Era el amor más un ideal, una quimera animada por la necesidad sexual que una realidad?" No todo el mundo sabía definir lo que era el amor.

Para Fernando al igual que para la mayoría de la gente los lunes eran el día más antipático de la semana porque era cuando se tenía que enfrentarse con el rutinario trabajo; con la vida práctica si no se quería tener estrecheces económicas.

Sin embargo hubo un lunes lluvioso en el que un compañero de oficina llamado Matías le confesó a Fernando a la hora del descanso con una sonrisa:

- ¿Sabes? Ahora estoy releyendo EL QUIJOTE.

- ¡Uf...! Sí que tienes humor- le respondió Fernando-. Yo lo leí de pequeño en la Escuela, y lo que vi es que este personaje es un loco, un inadaptado de su tiempo que se alejaba de la realidad tal cual es porque ésta no le gustaba en absoluto; no se sentía cómodo en ella.

- Eso me parece a mí - corroboró Matías.

- Sí.Al leer lo libros de caballerías se le va la "olla" confunde a los consabidos molinos de viento con unos gigantes, del mismo modo como se enamora de Dulcinea que según él es es una bella y delicada mujer cuando ésto sólo está en su cabeza. Pero es que la forma de estar escrita esta novela es muy antigua; está desfasada porque es de un castellano del siglo XVl que hoy en día se hace muy difícil de entender, ya que el lenguaje como todas las cosas de la vida cambia constantemente, y ya nadie se expresa como Cervantes.

- Esto es verdad. Este libro se hace difícil de entender. Pero si no te dejas enredar por la manera de hablar de aquella época y te adentras en la psicología de los personajes verás que se trata de una obra bien real, y el espíritu del Quijote sigue vigente hoy en día - respondió el compañero de fatigas de Fernando.

-¡Bah, bah...! No digas disparates, hombre - le dijo Fernando en un tono grandilocuente.

- No disparato. Fíjate en ti. Evidentemente tú ya no lees libros de caballerías como se hacía en aquel siglo, pero te has enganchado a unos relatos virtuales a través de la imágen que te hacen vivir una realidad paralela que también te alejan de la realidad de la calle, porque al igual que al Quijote ésta no te satisface. Y esta tal "Claudia" holográfica de la que me hablaste un día, es asimismo tu Dulcinea actual - le replicó Matías-. Pero si tanto te encierras en tu mundo imaginario ¿quién te socorrerá cuando lo necesites? Porque esta fea realidad que no rechazas también tiene su lado bueno que hay que saber ver y valorar, y por mucho que la evadas siempre te saldrá al paso con rotundidad como los molinos de viento cuando tiran a Quijote al suelo al enfrentarse con ellos. En cuanto a tu "Claudia", llegará el día en que te cansarás y te aburrirás de su trato fácil porque los humanos necesitamos la discusión con otras personas que estimulan a nuestra actividad mental. Claro que no eres tú solo quien está así de desequilibrado. Actualmente hay bastante gente que trata de huir de la incertidumbre social, adquiriendo una postura frívola, insensible como si de una coraza de protección se tratara ante los indisolubles problemas que hay de toda índole. Pero esto no soluciona nada.

Fernando no supo que responder a su compañero de oficina y a pesar de que sabía que éste tenía razón, él siguió aferrado al holograma de "Claudia", hasta que como era de esperar pronto lo dejó de lado y ya no supo por donde tirar.

 

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