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11 min
UN SEÑOR DE BARCELONA
Históricos |
20.09.21
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Sinopsis

Un paseo por la Barcelona histórica a tavés de un personaje que existió. Un relato dedicado a mi amiga Serena, a la estupenda Ana Pirela, que aunque no es de esta ciudad, sí que la visitó una vez, y a los buenos autores de esta página.

¿Cómo iba yo a imaginar que mi elegante amigo Leopoldo Puget con el que me hallaba aquella tarde al calor de un dorado y amable sol de otoño en la terraza de un bar tomando una cerveza en el Ensanche barcelonés fuese un descendiente directo de un carismático "señor de Barcelona" llamado Rafael Puget que había inmortalizado el escritor catalán Josep Pla en un libro anecdótico en el que también se narran los recuerdos de las guerras carlistas; así como se describe el ambiente de la Ciudad Condal de finales del siglo XlX y principios del XX?

- No se puede negar que tú has heredado este estilo tan peculiar de tu antepasado - le dije yo a mi amigo Leopoldo.

- Bueno, bueno, no será para tanto - respondió él con una falsa modestia.

- Sí, sí que lo es. Al igual que existe el prototipo del "gentelman" londinense o el "bonvivan" parisino con sus características específicas que son genuinas del lugar en el que se vive, también se da "el señor de Barcelona". Estoy casi seguro que en la mayoría de las ciudades del mundo siempre hay el típico personaje que forma parte del paisaje urbano como es en este caso - insistí yo.

- Ya pero ahora todo ha cambiado. En la actualidad la gente se ha vuelto más prosaica y parece que estos sujetos están en vías de extinción como los dinosaurios.

- No del todo. Ya te he dicho que tú aunque de una manera inconsciente perteneces a este tipo de personas. ¿Tu familia no te ha contado lo que hacía este antepasado tuyo? -inquirí con curiosidad.

-Apenas me ha dicho nada. Ya sabes que con mi famila hablo muy poco del pasado.

-¡Ni del pasado, ni casi del presente! - dije yo riendo-. Sois tremendamente introvertidos y reservados. Para que lo sepas, parece ser que este Rafael Puget solía frecuentar algunos emblemáticos establecimientos de su época que había en las Ramblas como eran el Café Suizo, el Continental o el Colón, que eran lugares en los que él se reunía con sus amigos para tomar unas copas o para almorzar y cenar. Y en algunos de ellos se celebraban tertulias de todo tipo que duraban hasta altas horas de la madrugada que bien podían ser sobre política, literatura o de otras Artes. Y en todas estas tertulias no faltaba el miembro que tenía la voz cantante, que era quien animaba al grupo, el cual era un auténtico Cicerone; era un sujeto enamorado de la palabra y de la dialéctica que hablaba con gran elocuencia y sabía de todos los temas. Uno de estos cicerones era el célebre pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol. Por otra parte tu pariente Rafael Puget asistía al Ateneo barcelonés que siempre ha sido el templo de las letras catalanas de donde han salido grandes escritores, ya que él se sentía muy vinculado a la cultura de esta ciudad; y por supuesto iba a menudo al teatro el Liceo.

- Sí, esto me consta. Mi pariente sabía vivir muy bien - convino mi amigo Leopoldo-. Sé que también había ido algunas veces al Palacio de la Música con su amigo y biográfo Josep Pla.

- En efecto. Pero a Josep Pla no le gustaba en absoluto el Palacio de la Música, porque era de estilo Modernista. Pues él ya pertenecía al movimiento Novecentista, que era lo opuesto a esta primera tendencia cultural. Si el Modernismo creaba una estética en el Arte con adornos exhuberantes  naturalistas y simbólicos exaltando a la emotividad humana por encima de todo, el Novecentismo liderado por el escritor Eugenio D´Ors que estaba muy relacionado con la política, se decantaba por el Clasicismo basado en una estética más sencilla en la que predominaban las  líneas rectas, y apostaba por el racionalismo. Con el Novecentismo se identificaron el poeta Juan Ramon Giménez, el filósofo José Ortega y Gasset y otros tantos intelectuales; y yo no tengo ninguna duda que este movimiento cultural configura bastante la manera de ser del ciudadano barcelonés. Por eso Josep Pla decía que la decoración del Palacio de la Música distraía al público del concierto en sí.

- Comprendo. No existe el lenguaje único.

- Sabrás que en la época de este personaje existía el burgués industrial que estaba abonado con su familia en el Liceo donde acudían a ver ópera, y tenían un palco de propiedad. En los entreactos los señores industriales que no sólo buscaban enriquecerse sino que se preocupaban de fomentar una cultura catalana bajo la influencia de la francesa, se reunían en la "Sala de los Fumadores" que era el sitio en el que se cerraban los grandes negocios. Se cuenta que en uno de estos entreactos había un empresario que miraba con unos primáticos a un palco determinado y le comentó a su espoa:

"- Mira Enriqueta. Aquella joven tan guapa que está en el lado derecho de aquel palco, es la "querida" de nuestro amigo Amadeo Roquetas.

"¿Ah si? Pues a mí me gusta más la nuestra. La amante que tú tienes - le respondió la señora Enriqueta con toda la naturalidad del mundo.

- ¡Hay que ver! jajaja - rió Leopoldo-.En aquel tiempo la mayoría de los señores industriales tenían a sus amantes. Ellos sentían un gran respeto por la institución familiar; y podían querer a sus legítimas mujeres; pero a la vez tenían a sus "queridas" con las que daban rienda suelta a sus fantasías eróticas; cosa que con sus santas y puritanas esposas no lo podían hacer - dijo mi amigo jocosamente-. Por supuesto que esto ellas lo sabían, pero hacían la vista gorda, porque así las dejaban en paz por las noches. Estos hombres decían que sus esposas eran la Catedral mientras que las otras fémnas eran las ermitas.

-Un "señor de Barcelona" como Rafael Puget acostumbraba a dambular un domingo al mediodía por el señorial Paseo de Gracia mezclándose con las innumerables familias que vivían en aquella zona, las cuales iban engalanadas con sus mejores indumentarias, acompañadas por sus nodrizas con los cochecitos y sus bebés - proseguí con mi disertación-. El propósito de aquella gente era tanto observar a los demás viandantes, como exhibirse ante los mismos. Pero también Rafael Puget podía llegar hasta las Ramblas de las Flores donde junto a la fuente de Canaleta había unos urinarios públicos y algo más abajo frante al Mercado de la Boquería había unos barracones en los que estaban unos escribas que por un módico precio se dedicaban a redactar las cartas de mucha gente que tenía a sus allegados en tierras lejanas, puesto que en aquel entonces el analfabetismo se extendía como una mancha de aceite en la población. Luego Rafael Puget podía cruzar la Plaza Cataluña para regresar a su hogar que era un amplio descampado en la que en un extremo de la misma donde ahora está el CORTE INGLÉS, había un lujoso hotel que albergaba a las altas personalidades del momento.

- Oh, no sabía nada de esto - se sorprendió mi interlocutor.

- Sí. Este "señor de Barcelona" era esencialmente un hombre de un temperamento moderado; algo seco en el trato, y muy autosuficiente de la idiosincrasia de su ciudad. Para él el saber guardar las formas, el sentido de la estética tanto en su apariencia exterior como con la relación con sus semejantes era algo primordial. "No hay que ser sólo elegante, sino que también hay que parecerlo" - decía- Por eso que era un sujeto afable, pero sin pasarse de la raya; sin ninguna vehemencia, dado que rozaba el estoicismo. Y como era un hombre muy pragmático, ante un conflicto familiar siempre estaba dispuesto a negociar, a dialogar, para conservar la honorbilidad de los suyos. Pero odiaba a la demgogia de los políticos que a su juicio perjudicaba a sus intereses. Yo estoy convencido que el autosuficiente y placido talante de dichos hombres se debía al clima templado que se enseñorea en este rincón del planeta.

- Pues yo me identifico bastante con la manera de ser de este "señor de Barcelona" - dijo mi amigo Leopoldo.

- ¡Claro, ya te lo he dicho! Porque es fácil que tengas.los genes de tu antepasado Rafael Puget. Sin embargo este "señor de Barcelona" también podía ser un redomado egoísta con los derechos de los trabajadores de su empresa, porque de acuerdo con el Manifieto Comunista pensaba que éstos le querían arrebatar sus posesiones de las que dependía su prestigio social. Para el hombre burgués de la época de tu pariente, la clase obrera era sólo un medio para seguir produciendo, pero como a personas que realmente eran los ignoraban por completo. Se daba el caso que como la gente del campo había emigrado a la ciudad para trabajar en la industria por lo que sobraba mano de obra barata, si algún operario era despedido de la fábrica, al no haber ninguna Seguridad Social, éste estaba condenado a sufrir la más abyecta miseria. Y por eso como ya sabes se producían terribles atentados anarquistas en cualquier lugar, causando un sinnúmero de víctimas inocentes. Pero si por un lado estallaban las bombas de los revolucionarios, por el otro lado la patronal contrataba a sicarios que asesinaban a tiros en plena calle a muchos sindicalistas obreros. Barcelona en aquellos años se parecía a una de aquella poblaciones del viejo Oeste americano, en la que sólo imperaba le ley del revólver.

- Ay, sí que es verdad. Esperemos que una situación así no se vuelva a repetir - expresó Leopoldo impresionado.

- Esperemos. Mas si ha existido el "señor de Barcelona", también hay que recordar a la mujer genuinamente barcelonesa como lo fue una modelo publicitaria de los años 60 llamada Teresa Gimpera, que era una dama muy guapa, con mucho ángel y con una elegancia innata; casi parisina; aunque con un aire un tanto glacial, la cual  contribuyó a darle un renovado y evolucionado aire cultural a nuestra ciudad. Yo he conocido a varias mujeres de este mismo estilo.

- Sí, pero en los tiempos en los que todo cambia con suma rapidez, y en los que triunfa el más soez populismo este tipo de personas como Rafael Puget o Teresa Gimpera ya nunca más volverán a darse - se lamentó mi amigo Leopoldo-. Ya lo dijo el filósofo Heráclito. Uno ya no puede volverse a bañar en las mismas aguas de un río.

- Ciertamente, tú por ejemplo ya no puedes ser del todo  cómo era tu antepasado, porque evidentemente él pertenecía a un contexto histórico que no es el nuestro. Rafael Puget había ido con sus amigos a presenciar una ejecución al garrote vil de un delicuente en la cárcel Modelo, y seguidamente se había ido a hacer una suculenta comilona a un buen restaurante para autoafirmarse en su instinto vital. Esto hoy en día es impensable y lo rechazamos de plano porque a pesar de todo, las cosas evolucionan. Pero sí que es bueno mantener una cierta manera de ser del "señor de Barcelona" porque éste forma parte del espíritu de la ciudad.

- Ah,  eso sí.

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  • Esta historia me hace recordar los libros que leí hace tiempo sobre investigadores privados en la Barcelona de los años 50 y 60 muy bueno
    Francesc, te agradezco la dedicatoria especialmente en esta historia, que me ha encantado leer desde el inicio hasta el final, pues he paseado por nuestra ciudad y su ambiente con tus palabras. Un abrazo.
    Explicito, evocador de valores históricos y baluarte de una gran ciudad y sus volores..cuales aun por descubrir..cuales aun por recorrer para todo quien no la visitó. saludos
    Saludos Francesc..,"El Señor de Barcelona", ya lo aclaró abajo el estimado Eleachege " señor en el viejo sentido"...Personaje, hombres o mujeres, que al igual existen en casi todas las ciudades en diferentes paises, tomando en cuenta la estructura social de otrora, que exponen la faceta cultural, costumbres y vida del entorno, calando en el imaginario colectivo. Excelente narrativa. Gracias por la deferencia. Un abrazo y feliz día!!
    "El «señor de Barcelona» —señor en el viejo sentido— es don Rafael Puget (1873-1951), natural de Manlleu y persona de larga vida, conocimientos y experiencias. De la mano de Josep Pla, Puget lleva al lector casi podría decirse le arrastra a través de la historia de Cataluña, de sus gentes y sus formas de vida a partir de la última guerra carlista… " Así comienza el libro El señor de Barcelona, de Josep Pla. Un anecdotario de la Barcelona de finales del siglo XIX que protagoniza el catalan de ascendencia francesa Rafael Puget de Pérez-Cabrero. Excelente reseña, francesc
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    Un paseo por la Barcelona histórica a tavés de un personaje que existió. Un relato dedicado a mi amiga Serena, a la estupenda Ana Pirela, que aunque no es de esta ciudad, sí que la visitó una vez, y a los buenos autores de esta página.

    Es un relato que ha nacido a raíz del conocimiento que he tenido un padre que ha roto con sus descendientes.

    La mala situación de las mujeres de Afganistán, aunque ahora haya empeorado, no es de ahora sino que viene de lejos.

    Un hombre común se casa con una convencional mujer, pero ésta le hace dar un insospechado vuelco en su vida. Esta es una historia basada en hechos reales; pero aviso para que no hayan confusiones que el protagonista de la misma no soy yo.

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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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