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4 min
Funeral
Reales |
31.05.16
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Sinopsis

ARTURO conocía a los personajes, más no, el parentesco entre ellos.

Cuando Arturo regresó al pueblo, abordó al moto-taxista de confianza, con  nombre sin tocayo… Farnecio, quien le comentó que su abuelita estaba muy delicada de salud pues en la mañana la habían trasladado a la capital en donde estaba en cuidados intensivos; pero no sería la única mala noticia que recibiría de sus amigos y allegados en aquel lugar, de regreso a casa, después de hacer varias visitas, pasó frente a  la residencia del viejo y tradicional sobandero conocido como “el 80”; estaba en la puerta y después de saludarle le comentó que estaba preocupado porque su única hermana estaba en la capital muy mal, en cuidados intensivos; y al llegar a casa su compañera le comento que, la abuelita del técnico electrónico, también con un nombre sin tocayo, Aicardo, la habían trasladado a la capital porque había sufrido un ataque cardiaco y se encontraba en cuidados intensivos;  antes de retirarse a descansar elevó plegarias por la salud de las abuelitas de Farnecio y Aicardo lo mismo que la hermana del 80, al día siguiente cuando se dirigía a pagar los servicios se encontró con Cecilio un viejo conocido que solo viene al pueblo los sábados, día de mercado; por ello le extrañó que se encontrara allí un martes, la razón; tenía a su suegra en la capital hospitalizada y en cuidados intensivos; viajaba, con la esperanza de encontrarla recuperada, además acompañar a su esposa que se encontraba allí hacia varios días; para Arturo era el comienzo de una extraña epidemia si pudiera llamarse así, que exterminaría las señoras de más de 80 años en aquel lugar.

Los próximos días a parte de orar por la salud de las abuelas, la hermana y la suegra de sus amigos, pasaba por donde estos a indagar como había amanecido la enferma, para lo cual la respuesta era la misma, no había evolución y se mantenía estable, solo que había superado la crisis y se encontraba fuera de la unidad de cuidados intensivos.

Pasaron los días en idénticas condiciones, a la espera de un desenlace triste pues cada uno resaltaba la avanzada edad y el hecho de permanecer tantos días hospitalizada; aquella mañana, Arturo pasó como es su costumbre a saludar a Teresita la propietaria de la droguería tradicional en el centro del pueblo, quien le comentó que había fallecido la abuelita de Carlos Andrés un celador de la empresa en donde trabaja su hermana menor; y ella había sido comisionada para en representación de la hermana, asistir al sepelio que sería en las horas de la tarde; pidiéndole a Arturo le acompañara a la iglesia  lo cual este aceptó y acordó con ella encontrarse allí a la hora del funeral, durante el almuerzo le comenta a su compañera que asistiría al funeral de la abuelita del celador de la empresa en donde trabajaba la hermana de Teresita a lo que ella le repuso, vaya acostumbrándose porque como andan las cosas en estos días se vienen los funerales de las abuelitas, hermana y suegra de sus otros amigos, fue entonces cuando tomó en serio lo de la epidemia; pero muy pronto esta sentencia quedaría sin piso, porque después de unos minutos en la iglesia esperando que llegara el cadáver de la abuelita de Carlos Andrés, este apareció cargado  no solo por Carlos Andrés, sino que  Aicardo, Farnecio y Cecilio,   y a unos pasos atrás escoltándole y acongojado el 80; al preguntarle a Teresita que relación tenían los cargadores con Ana Ligia la difunta, me contestó: - Cecilio es el padre de Aicardo, Farnecio y Carlos Andrés a su vez cuñado del 80 y por tanto yerno de Ana Ligia.

Para Arturo era increíble que esto le hubiese sucedido en una población tan pequeña y en donde supuestamente todos se conocían, además fue la oportunidad de conocer a los demás miembros de esta familia reconocida en la región; mientras el cotejo fúnebre desplazaba a Ana Ligia a su última morada, reflexionaba de cómo era la primera vez en su larga vida, había elevado plegarias por diferentes personas, sin imaginar fuesen el mismo ser …

Carcacol

Leer más: v.ht/carcacol

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