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8 min
Un Trueno
Varios |
03.09.19
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Sinopsis

Sobre las 23, 30 sentí un ruido algo intenso, muy breve, al que resté importancia. Sin embargo, deduje que no era un disparo, ni una bomba de estruendo, pero no supe a qué atribuirlo y tampoco me ocupé de indagar, al menos en ese momento.

El 24 de noviembre de 2016 fue una noche calurosa, despejada. En esos días la humedad nos tenía a todos algo aletargados, pero no tanto. Mucha gente aprovechó el respiro que nos dio el frío y salió a correr, trotar o caminar.

Algunas personas se duermen temprano debido a que al día siguiente deben madrugar para ir a trabajar o estudiar. No es mi caso. Así que a las once de la noche estaba terminando de freír unas papas para cenar, las milanesas estaban prontas, así como la ensalada de verduras. Mientras cenamos en familia miramos algo en la televisión.

Sobre las 23, 30 sentí un ruido algo intenso, muy breve, al que resté importancia. Sin embargo, deduje que no era un disparo, ni una bomba de estruendo, pero no supe a qué atribuirlo y tampoco me ocupé de indagar, al menos en ese momento.

Terminamos de cenar y sobre las cero horas alguien tocó a la puerta. Al mismo tiempo mi hija bajaba precipitadamente las escaleras preguntando: "¿Ustedes escucharon algo hace media hora? En las redes –continuó– todo el mundo está comentando que sintieron un temblor, otros, que además escucharon un ruido, o dos consecutivos, pero de escasa duración". Quien tocaba a la puerta era una amiga y vecina que entró preguntando lo mismo y comentando sobre que el tema que se divulgaba en la red.

Consideré que era temprano y seguimos viendo una película. Inicié, ahora sí, una prolongada búsqueda y exhaustiva en la Internet, sobre los comentarios de la gente, la declaración del gobierno y de una científica, según lo señalado en el último informativo, poco antes de la media noche. En la breve presentación del informativo último una científica señaló que un equipo de guardia de un centro de investigación percibió el temblor en la propia oficina, y estaba al tanto que el sismógrafo, instalado en una zona de la ciudad, había registrado algo. En plena madrugada se disponían a dirigirse al centro donde está instalado el aparato en cuestión.

A la mañana siguiente, la vida siguió su curso habitual. En los medios se reflejaba brevemente lo manifestado por las personas, lo que habían percibido, sus opiniones. La postura del gobierno buscó ser cauta. Se confirmó que el sismógrafo registró un temblor de magnitud 2.3 grados en la escala de Rietcher. La causa... seguía sin conocerse. Un estudioso chileno dio una versión distinta de los acontecimientos y ocupaba un espacio menor en los detalles brindados por los medios. Lo único que se repetía fue: "Estamos estudiando el caso, estamos estudiando..."

 

Alguien de la NASA supo del tema apenas minutos después de que se alertara en las redes sociales; pero él se enteró por otro canal. Era un experto en temas de fenómenos atmosféricos y conocedor e investigador en otros campos, por fuera del sistema. Se contactó con colegas, y todos dirigieron la atención en lo que sucedió en ese país del sur. Un reducido grupo de personalidades influyentes del servicio militar y de inteligencia del país del norte buscaron las imágenes satelitales de las coordenadas y en el tiempo que se produjeron lo que se indicaba como un trueno y un temblor.

Se combinaron las imágenes de tres satélites que barren la zona en momentos consecutivos, e incluso una de la Estación Espacial Internacional (conocida como ISS, por sus siglas en inglés). Se modificó las velocidades de las filmaciones y, de la superposición de toda la información se llegó a una conclusión. Tenía relación con lo que sugirió un investigador chileno. Nadie lo contacto.

La semana continuó y hubo muchas versiones del asunto, bromas surgieron desde los primeros minutos que se percibió el extraño ruido que llamamos trueno. Pero se fue generando tanta información que concluyó en ruido, se banalizó el tema y pronto se olvidó el asunto, como ocurre casi siempre con lo que es noticia.

Un joven difundió un par de fotografías y todo el mundo le tomó el pelo, lo ridiculizó. Los medios no lo entrevistaron. Se llamó a silencio. Así como apareció, se esfumó. Sin embargo, su IP fue plenamente identificada, y dos agentes del gobierno del norte lo visitaron, un par de minutos pasadas las 1600. La imagen del poblado, de la casa donde vive aparece en Google Maps. Está casi aislada de otras viviendas, extensas llanuras lo rodean y un pequeño monte de eucaliptos lo aleja, un poco más, de la población urbana.

El joven estaba en su casa cuando llegaron los dos agentes, consultores de la embajada. Iban acompañados de dos policías en un auto particular. La casa estuvo vigilada desde la madrugada. Se filtró la idea de que estaban ante la presencia de un importante narcotraficante que había cambiado de identidad. Se montó el operativo secreto que concluyó en el expediente número XXI 16/11/24 Suramérica Coordenadas...

El individuo vivía solo. Habitaba la casa desde hacía un año. Por única compañía tenía un perro cimarrón. Esa noche – según contó a los agentes – estaba tomando unas cervezas a la hora en cuestión. "Disfruto de la soledad del campo" −explicó. Estaba ideal para fotografiar estrellas fugaces. Tenía más de una en su haber. Esa noche registró varias imágenes, pero dos de ellas le parecieron las más relevantes y nítidas que fueron las que publicó en su cuenta de Twitter. Era la primera vez que publicaba algo, aunque la cuenta estaba activa desde hacía más de seis meses. Sería también la última.

Los agentes lo entrevistaron a solas. Le contaron que eran parte de una investigación importante y que su cuenta sería desactivada por motivos de seguridad. Le preguntaron qué más vio o escuchó. El relato fue increíble y hasta descabellado para cualquiera no entendido; pero no para los agentes. Sin embargo, buscaron, en principio al menos, convencerlo que era imposible creer lo que relataba. "Divulgar esas imágenes podría causar alarma innecesaria en la población civil. Él podría ser víctima de hostilidades innecesarias al difundir eso que creyó ver –le dijeron.

Por su seguridad el joven debía acompañarlos. La conversación con los agentes había sido en total privacidad, por ende, los policías estaban al margen de los datos logrados. Lo trasladaron a una oficina de la capital, primero, luego a otra, y así hasta que los policías perdieron el rastro del individuo que quedó en manos de los agentes.

El desconcertado muchacho mencionó que escuchó un trueno. Su perro fue el primero en oírlo y comenzó a ladrar extrañamente.  Esto hizo que tomara su máquina y apuntara en dirección hacia donde ladraba el can, un punto del firmamento donde, también él, escuchó lo que creyó era un trueno, aunque la noche estaba despejada. Seguidamente vio unas luces en formación que estaban suspendidas a las que fotografió. Eso duró escasos dos minutos que le parecieron "eternos", agregó. "Pude capturar más de 30 imágenes pues tenía preparada la cámara para registro en modo continuo. Aunque compartí solo dos".

La cámara de fotografías, la notebook y varios pendrives que tenía fueron confiscados por los agentes, cuando lo llevaron. Se le informó varias horas después que pocas personas habían visto realmente lo que vio y fotografió y que necesitaban negarlo por razones de seguridad. Sería trasladado a otra zona, a otro país con identificación falsa. Le darían trabajo como fotógrafo en medio del amazonas donde viviría por un año acompañado de científicos de la naturaleza y con un sueldo importante. No le dieron otra opción.

Las imágenes correspondían exactamente a una similar tomada desde uno de los satélites. En el momento que se escuchó eso similar a un trueno, se materializaron una serie de naves en formación, por un lado, y otra de mayor tamaño por otro. Las pequeñas desaparecieron en dirección al suelo, en una zona que vista desde el satélite tiene un par de lagos y a la que le rodean unas formaciones circulares de gran tamaño. Quizás no perceptibles desde la superficie.

El tema se fue perdiendo de la atención de los medios y al joven nadie extrañó porque no tenía vínculos cercanos, ni conocía comerciantes que le vendieran algo, pues se proveía de cosas en la capital. Del trueno al poco tiempo se dejo de hablar y sólo quedó registrado en el expediente secreto número XXI 16/11/24.            

Walter Hugo Rotela G.

Pedro Buda

2016

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Me considero un escritor pues parte de mis días están dedicados a esa actividad. Crear o recrear situaciones y personajes es un trabajo que disfruto realizar. Firmo como Pedro Buda. También produzco el programa "Página en Blanco", escuchalo en Ivoox.

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