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4 min
Una enfermedad llamada tiempo
Reales |
09.07.13
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Sinopsis

Gran Stuk. Inspiras.

Una enfermedad llamada tiempo

De pequeño, cada vez que pensaba en la muerte, un miedo atroz invadía mi mente. Miedo a lo desconocido, miedo a la soledad, miedo a la existencia. El mero hecho de pensar en ello producía mi desmayo inmediato, como si fuese un mecanismo de defensa mandado por mi cerebro para que dejase de sufrir. Mis padres, preocupados, acudieron en busca de ayuda.
                                                               ...

Madre me envió a hablar con el cura del pueblo, el cual alegaba que no le debía tener miedo a la muerte, ya que tras esta nos esperaba el paraíso, un jardín del Edén rebosante de paz y tranquilidad.

Los médicos y psicólogos a los que me envío padre en cambio, discrepaban. Manifestaban que nuestro cerebro, que es narrativo, tiende inevitablemente a inventar historias que justifiquen nuestros comportamientos o que respondan a lo que no sabemos. Esto explicaría nuestra creencia en el “Más Allá”. Trataban de convencerme diciendo que la estimulación de los lóbulos parietal y temporal son los responsables de que alucinemos, o de los viajes astrales, e incluso de que podamos escuchar una voz externa la cual podemos identificar (Dios, por ejemplo).


Sin embargo, no fueron nis los curas, ni los médicos, ni los psicólogos quienes fueron capaces de diagnosticar mi "enfermedad". Tampoco mis padres. Fue mi abuelo.

Aquel abuelo viudo que vivía en un séptimo piso sin ascensor y que hacía milagros siquiera para poder salir de casa. Aquel a quien en los últimos años la soledad lo había consumido completamente, hasta quedar casi irreconocible. Sí, aquel.

El día que fui a visitar a mi abuelo, lo encontré más pálido de lo normal; más cansado, más ausente, más muerto. Estaba mirando hacia una esquina al lado de la ventana constantemente, sin apartar la vista, así que decidí sentarme a su lado y preguntarle que era lo que observaba.

- Abuelo, ¿Qué estás mirando?

- Oh hijo mío, tu no podrías verlo, aún eres muy joven para notar su presencia. Yo sin embargo, he consumido demasiada vida, ya deshecho y decrépito, tengo los pulmones oxidados, y ya va siendo hora de que pague lo robado.

En ese momento quedé petrificado, creyendo haber intuído a lo que se refería mi abuelo. La misma muerte en persona, posada en aquella esquina de la habitación, nos miraba con una sonrisa gélida que penetraba hasta mis huesos. Creía haber intuído.

-Es... ¿Es la muerte, abuelo? - pregunté asustado.

- Riéndose - ¿Qué?  jajajaja, ¿La muerte dices? - Seguía riendo a pesar de mi asombro - No hijo mío, no. No es la muerte quien ha venido a por mi alma. Es el tiempo. Hijo escúchame bien. La gente vive con miedo, miedo a la muerte, miedo al dolor, miedo a la soledad. ¿Y qué pasa con el tiempo? El tiempo es de lo que en verdad nos escondemos. El tiempo arrasa con todo. No es el dolor, no es la muerte, no son las armas, no es el dinero, no es la codicia ¡es el tiempo el que lo acaba consumiendo todo!

Recuerdo perfectamente las palabras, tan nítidas como el día en que los escuché. También recuerdo que segundos despues se levantó de su sillón y se me acercó al oído, susurrándome con su último aliento dos palabras que nunca olvidaré. Palabras, que me cambiaron la vida, y mi concepto de ella. Después, se desplomó contra el suelo, provocando el sonido seco de un cuerpo frío e inerte. Tras aquello no recuerdo nada más, tan solo que desperté en mi habitación empapado en sudor. Al parecer, me había desmayado.
                                                                

                                                          

 

 

 

 

PD:


El tiempo, queridos amigos, lo maneja todo a su antojo. Llegará el día en el que todos nosotros dejaremos de existir. El tiempo vuela, igual que las palabras, pero lo escrito siempre permanece. Escribe tu historia, deja tu legado. No permitas que tus historias queden encerradas en tu mente para toda la eternidad. Ninguna historia es meritoria de quedar atrapada en una tumba.

                                                                    ...

-Tempus fugit.
-¡Paf!

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  • Las palabras del abuelo son claramente lo mejor, lo que da contenido al relato. Con mucha sencillez el personaje explica algo tan profundo y delicado como es nuestra relación con el tiempo. Me ha gustado mucho, saludos
    ¿Tempus fugit? ¡Carpe diem! El abuelo sí diagnosticó, pero no curó (sería demasiado). El relato está muy bien en general, aunque me parece que se dan detalles impertinentes (en sentido literal) del abuelo (que vivía en un séptimo sin ascensor, que no recibía visitas...) Saludos.
    La muerte también es uno de los temas que me obsesionan y lo que más me preocupa es que con cada segundo me acerco más y más a ella. Tempus fugit? Tienes toda la razón. El padre Cronos devora a todos sus hijos y el misterio del "más allá" se responderá ante nosotros de una manera o de otra
  • Gran Stuk. Inspiras.

    -En una discoteca, cerca de los altavoces, ya pueden decirte que eres feísimo, que tú asientes con la cabeza y sonríes.

    En 2012 superó el millar en un mismo año.

    Alguna vez escuché que en la guerra solo unos cuantos pierden o ganan. En general, todos pierden.

    Me encantaría que aportaseis cualquier sueño, por muy estúpido que sea, así también nos divertimos. Cuidaos y Feliz Año Nuevo.

    Noviembre ha sido un mes lleno de sentimientos para mí. Démosle un adiós. “¿Puedes oírnos? Estamos tocando un Requiem para ti” Fue el comienzo de una noche de tormenta, feroz y empapada de sangre, pero de alguna manera triste por abrumadora mayoría.

    No hace falta una imagen. Supongo que todos os lo podéis imaginar.

    Sentido?

    ¿Buen día? Hoy no Ted, hoy no.

    Y te pones a pensar, y piensas. Y recuerdas la insignificancia de las cosas.

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