cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Una larga espera
Reflexiones |
29.08.16
  • 0
  • 0
  • 1282
Sinopsis

Vivir tal vez solo sea esperar

Mientras aguardaba a que llegase, en realidad solo aguardaba... Su llegada no era más que un pretexto, la excusa perfecta para hacer ver que aquello y, por "aquello" entiéndase mi existencia, tenía algún sentido.

Nunca llegó a producirse el encuentro. El invierno solía menguar mi paciencia, la grisura de los días así como el estrechamiento diurno exasperaban mis nervios hasta el punto que, de golpe y sin preaviso, comenzaba a vociferar y a lanzar todo lo que se interponía en mi camino al suelo.

Vivía solo en las alturas de un feo edificio ubicado en las afueras de la ciudad. Mis vecinos tenían miedo de mí. Acostumbraba a ver en sus ojos aquella mirada que mezcla la compasión y el recelo y que lo único que conseguía era hacerme sentir aun más desgraciado.

Mi piso lo conformaban apenas treinta metros cuadrados: una vieja cama con un raído y maloliente colchón de muelles y un armario de madera carcomida eran los únicos muebles que atesoraban sus sucias paredes. Ni un cuadro, ni siquiera una lámpara que colgase del techo y que me permitiera ver durante la noche, figuraban en el inventario de mi ajuar doméstico. Mi lámpara a menudo solo era una chispa gibosa en el firmamento que, como el aire por la ventana, colaba su luz y acariciaba mi ajado rostro al hacerse llena.

Como decía, creo que su llegada era el único motivo que me incitaba a seguir adelante. Coincidir con ella era un sueño que jamás vería cumplido pero que por lo menos me mantendría en el filo, justo donde acaba la cordura y comienza la carencia del juicio.  

Cuando se  espera demasiado, lo demás, es decir, todo lo que no tiene que ver con esa espera, pierde paulatinamente su interés; la cotidianidad se vuelve trivial: las manzanas que alguien dejó delicadamente en un frutero, la voz de una niña que le habla a su madre, el ladrido de un perro, el cielo, la música que suena en el algún lugar, los dedos de una mano que vemos a través de un cristal... Todo pierde poco a poco su esencia, no solo su capacidad de ser lo que es sino que también su peso, su color, su sonido, aunque en apariencia se trate de un objeto mudo, dilapida todo eso más todo lo que evoca. 

Vivía en un eterno "durante", un espacio baldío en el que los muertos, de acompañarme, se hubiesen jactado de habitarlo.

Solía asomarme por la ventana por si la veía llegar. En el fondo sabía que aquel ejercicio era absurdo, que mi anhelo y predisposición al encuentro no iba a ser el detonante de nada, que lo que fuese que tenía que suceder, sucedería con o sin mi beneplácito, porque no era yo quien ordenaba el universo. ¡Pero si ni si quiera era yo quien se asomaba por la ventana!

Los días de lluvia me mojaba la cabeza. Recuerdo esa sensación como la más verdadera de todas las que he sentido. El agua, dicen, es vida, el germen que atraviesa lo inane y lo devuelve vivo al mundo.

No voy a seguir contándoos mi no encuentro con ella, puesto que hacerlo sería lo más parecido a darle forma a lo que jamás ocurrió.

Un boceto es un empiece, una manera de construir, aunque sea en el recuerdo, o en el olvido, quién sabe, el imaginario que cada noche nos atormenta. Os podré hablar, si acaso, sobre la manera que tienen de besarse el biso y las amapolas cuando nadie les ve y también, si me dejáis, de las lluvias que traen a veces las nubes y que empapan el campo, y que reverdecen las montañas  igual que si un mar de trigo verde se desplomase sobre ellas. Os podré hablar del infinito y de cómo este se abre paso entre muros que se alzan para detener su avance, con la misma inocencia, que se dice algo solo por enmascarar el silencio.

Y así, sin que os deis cuenta, iré terminando, aunque para los más aviesos y concienzudos este será el verdadero principio. ¿Por qué esa tendencia en confundir lo primero con el comienzo?

A mi lado dormita una ardilla. Te deseo que tengas una plácida noche...  

 

 

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 145
  • 4.43
  • 465

Puedes visitar mi blog: http://puntoomuerto.blogspot.com.es/

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta