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7 min
Una mala elección
Suspense |
18.06.18
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Sinopsis

Recién duchado disfrutaba observando su cuerpo. Estaba muy bueno, y cuando ponía su media sonrisa de ligar se consideraba irresistible. Siempre el mismo ritual de poses frente al espejo. Primero realizaba una sucesión de guiños pectorales, después se ponía en escorzo, apretaba los glúteos y también los movía, elevando los cachetes al ritmo del reggaetón que salía de su móvil.

"¡Estoy para follarme!, exclamó en voz alta mientras se peinaba con los dedos untados en gomina. Hoy nenas os voy a hacer un favor, papá va a salir y pienso quemar la ciudad".

No tardó en aplicarse sus tres toques de desodorante; el último, bajo el slip, le hizo poner una mueca de escozor. Se ajustó el vaquero y,  tras abotonarse su camisa de la suerte, cerró la puerta en busca de la noche. Sin prisas echó a andar hacía el local que le había recomendado la recepcionista del motel:

"Son diez minutos a pie, le indicó señalándole la salida. Según salgas por esa puerta sigue todo recto hasta el Puente Mayor. Y justo antes de cruzarlo verás a la derecha una bifurcación. Toma la calle que discurre paralela al río. No tiene pérdida, seguro te sorprenderá, concluyó guiñándole un ojo...".

Madurita pero no estaba mal, y se le había insinuado descaradamente apoyando sus enormes tetas sobre el mostrador. Quizá cuando volviera,  si aún le quedaba algo de gasolina,  podría regalarle un ratito de su atención.

De camino al garito echó en falta su chaqueta de cuero, hacía más frío del esperado. Para entrar en calor apretó los brazos al cuerpo y continúo andando con la cabeza gacha. Aunque si la hubiera levantado, tampoco hubiera visto nada especial. Una ciudad más donde pasar unos días antes de proseguir su camino. La jornada había sido larga y muy poco provechosa. Mañana tocaba carretera y nuevo destino. De aquí no sacaría mucho más. Pero antes, como en cada una de sus paradas, tenía que probar un chochito de la zona. Eso no podía faltarle, ni su cuerpo ni su ego podían permitirse el lujo de no conseguir un nuevo trofeo. Y a decir verdad, hasta ahora, siempre que había salido de caza había acertado con el tiro.

Tal y como le habían indicado no tardó en localizar el antiguo puente. Pero allí no había ninguna bifurcación, solo un estrecho camino de tierra que se internaba en un jardín abandonado. Después de cerciorarse que era la única alternativa, decidió continuar. El sitio no debía de andar muy lejos, y la luna proyectaba la suficiente luz como para distinguir dónde ponía los pies sin miedo a matarse. Necesitaba un cigarrillo. Así que no tardó en encender uno, y antes de que le diera tiempo a apurarlo, acompañado únicamente por sus pensamientos, llegó a su destino.

Lo que tenía frente a él era una antigua casona de dos plantas. En su fachada un pequeño cartel ponía nombre al lugar: “Madame Bovary”. El sitio no era lo que esperaba. Quizá cuando preguntó por un garito para pasarlo “muuuy bien”, no se explicó con claridad. Joder aquello era muy distinto a los antros que frecuentaba, olía a antigualla. Aun así, se agarró al nombre. Lo de Madame le sonaba muy bien. Quiso imaginarse un montón de chicas bailando sin control entre luces de neón y decibelios a tope. Pero ni lo uno ni lo otro.

Aunque afuera no había nadie, el runrún que brotaba del interior le invitaba a pasar. Además, sentía curiosidad, tenía frío, y necesitaba imperiosamente echarse un trago. Así que, tras dar una última calada, puso su sonrisa de ligar y empujó, con la decisión del que se sabe guapo, la puerta que tenía ante él.

En el ambiente flotaba una suave melodía de saxo, percusión y piano ¿A quién cojones puede gustarle esto?, murmuró mientras escuchaba a una pareja hablar sobre el jazz y un tal Miles David. La música por lo visto era suya, y parecían disfrutarla, tamborileando con los dedos y siguiendo el ritmo con leves movimientos.

Apoyado en la barra pudo apreciar lo extraño de ese bar de copas. Hasta dónde alcanzaba a ver distinguía libros por todas partes. La gente leía o charlaba bajo los escasos   puntos de luz que rompían la oscuridad.   Una   oscuridad densa que se desparramaba por el local impidiéndole poner límites a sus dimensiones, aunque por el bullicio y movimiento que percibía le pareció muy grande.  Salió fuera un momento, confirmó el nombre del letrero, “Madame Bovary” y, tras fumarse otro cigarrillo, volvió a entrar. Tampoco parecía tener otras opciones.

De nuevo en la barra puso su sonrisa irresistible para ganarse el favor de una de las camareras, la más joven. No estaba nada mal. Ese mechón de pelo lila tipo manga le atraía casi tanto como sus pechos, que parecían levitar bajo su breve camiseta. Atendía a unos y otros sin prestarle aparente atención.   Tendría que alargar la pose. "Un, dos, tres, cuatro, cinco…", contó despacio y nada, como si no estuviera allí. Aquel tugurio empezaba a irritarle.

Por fin la guapa camarera se acercó para preguntarle que le apetecía. Necesitaba una copa, así que pidió un doble de lo más fuerte que tuvieran. Al rato volvió, pero para su sorpresa lo hizo con una gran taza de café entre las manos y dos galletitas de jengibre, que por lo visto le daban un puntito ciertamente picante a la infusión.

“No puede ser, me están tomando el pelo en esta mierda de pueblucho”, murmuró sin poder creer lo que le estaba pasando.

Se levantó dispuesto a largarse sin pagar, pero antes alguien le retuvo tomándole de la muñeca. Un pivón digno de su mejor fantasía, le sonreía:

- Qué tal, veo que eres nuevo por aquí, y mis amigos y yo nos preguntábamos si…, ya sabes..., si quieres unirte a nosotros para pasar un buen rato.

La cosa se enderezaba. Él era poco de orgías. Le gustaba disfrutar solo de sus conquistas, pero la chica lo merecía. Sí..., ¿por qué no?, aceptaba, ese culito respingón no se merecía otra respuesta:

-Ok guapa -respondió con su sonrisa de ligar-, soy todo tuyo.

-Genial nos faltaba uno más para nuestro juego especial. Hoy va sobre la “Generación del 27”, ya sabes Alberti, Lorca, Vicente Alexandre... Pregunta respuesta, si ganas no me olvidarás nunca, y si pierdes... pues mueres -dijo sin abandonar su oscura y perturbadora mirada-. Claro que un chico tan listo como tú no tendrá problemas en salir airoso.

Generación del 27, Lorca, muerte...Todo aquello le sonaba a chino, no podía ser. Sin duda se trataba de un mal sueño, pensó, mientras una misteriosa fuerza le arrastraba irremisiblemente al interior del local. Quiso huir, gritar, pero no podía, era como un dócil corderito directo al matadero. “Yo solo quería echar un polvo...”, fue lo único que le salió por la boca en ese momento.

Al errar las tres preguntas del juego, al tiempo que escuchaba el percutor de un arma junto a su cabeza, pudo oír la voz de su mamá repitiéndole machaconamente: 

“Niño estudia, estudia, utiliza tu linda cabecita para algo más que lucirla, o algún día te pesará, como a mí, no haber estudiado”... :)

Chus Luvi, 2018

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  • Jajaja Qué bueno el final no me lo esperaba. Una historia de suspense muy divertida
    Es un honor Sebastían que te hayas acordado de este pequeño relato, y acepto gustoso que se de a conocer en otros portales. Maiamora gracias por tu amable comentario, es un placer y un estímulo para seguir publicando
    Sebastián tull, un autor de esta web, a elegido este relato para que sea publicado en una página de Facebook titulada: Comunidad de tusrelatos. Si estas interesado en que se publique deja un comentario en el relato que publiqué titulado: Invitación 2.0 En el podrás ver la petición de Sebastián. Saludos.
    Me fascinó el giro que tuvo la historia, me pareció muy bien contada, un placer! ☺
    Paco me parece un comentario supergeneroso que agradezco pero hay muchos autores, entre los que te incluyo, que mereceis mucho más estar ahí.... yo me conformo con vuestras lecturas y comentarios. Gracias amigo.... :) Gracias Historias por tu lectura y comentario nos seguimos leyendo...:)
    La letra con sangre entra, pero en este caso sale la sangre por no haber entrado las letras. Es bien cierto que el saber no ocupa lugar y además puede salvarte en alguna que otra situación comprometida. Muy bueno, Chus. Hace tiempo que no leía nada tuyo, pero veo que te mantienes en plena forma. Que tu ocupes el primer lugar en el ranking es una buena noticia para la página. La historia de "El Pasajero" la tienes en un sólo relato con el título "Un extraño pasajero". Un abrazo, amigo.
    He de reconocer que el relato me ha desconcertado. No esperaba este final inesperado. Me ha sorprendido. Mis felicitaciones. Por otro lado, muchas gracias por valorar mi relato "Rutina al fin y al cabo". Pietro protagoniza otro relato llamado "Tradiciones a conservar". Slds, Historiascuriosas
    Otra vez gracias Romina, yo también disfruto con el sentimiento que consigues impregnar a tus historias. Un abrazo
    No se porqué se me había pasado por alto este relato. Es muy entretenido y gracioso. Muy bien contado de principio a fin. La originalidad te sigue caracterizando amigo. Un abrazo y nos seguimos leyendo, que es muy lindo aprender con gente como tú.
    Gracias Martín por tus críticas siempre constructivas...Bern perdona, el autocorrector ha alargado tu nombre, para él eres Bernardo ...:)
  • A Roluma, Paco, Jesús, Jazmin, Francesc, Seren, Peibol, Sandra, Yolanda, Carlos , Bluess, Carmen, Gustavo, Tash, Jovato, Mario, Gio, Mafalda, Pedro, Marcial, Roman..,y otros muchos compañer@s de letras con los que es un placer compartir en este espacio común. A tod@s un abrazo colectivo y no olvidéis de seguir escribiendo... :)

    Para aquellos que ya lo habían leído, he retocado y modificado ligeramente su final. Espero que disfrutéis su lectura como yo he disfrutado mientras lo escribía. Un abrazo desde un rincón de Madrid... :)

    Para mi pequeña Sophia, que aún vuelve hacia la pared a sus muñecos cuando duerme...

    Todo viaje comienza con el primer paso...

    "Un mal día" es uno de los primeros textos que publiqué en esta página, lo he revisado y retocado muy levemente para darle una segunda oportunidad. Cuando lo leo siempre me saca una sonrisa, espero que en vosotros también tenga el mismo efecto. Un abrazo a todos y felices fiestas :)

    He recuperado unas líneas de mi adolescencia..., su espíritu continúa en ellas aunque por suerte la adolescencia pasó, y el sol volvió a lucir.

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No hay mejor historia que la que está bien contada...

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