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3 min
Una Pequeña Historia
Varios |
06.04.18
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Sinopsis

 

Tras la ventana la niña observaba. Era un día claro, de luz intensa que acentuaba los colores del pequeño  jardín al que daba  su habitación. 

Le gustaba contemplar la  vida a través de aquel cristal. Se sentía libre  a pesar del mínimo espacio que albergaban las cuatro paredes que la rodeaban desde hacía tanto...

Cada mañana al despertarse se dejaba caer de la cama y se deslizaba tras la cortina para intentar ver al pajarillo.  Tenía el nido casi al alcance de su mano, sobre un pequeño ciruelo japonés que se estiraba hacia su ventana en busca, tal vez,  de una sonrisa.

Sobre varias de sus ramillas el petirrojo se afanaba en tejer su futura casa. Cada poco tiempo le veía traer una fina hebra que cuidadosamente iba trenzando.

Mientras le observaba construir el nido, la niña imaginaba lo maravilloso que sería   poder hablar con aquel pajarillo. Preguntarle dónde pasaba las frías noches de invierno o si podría enseñarla a volar, a conocer el mundo.

"Quizá, pensó, si me concentro lo suficiente pueda escucharme.  Mamá dice que la vida es perseverancia, solo ganan los que resisten, los que creen en la posibilidad".

Así que cada mañana intentaba ganarse la confianza del petirrojo, que empezaba a acostumbrarse a ver aquella pequeña  figura tras la ventana. Ya no levantaba el vuelo cuando aparecía de improviso, o cuando estiraba los brazos con intención de acariciarlo.  

 A veces tenía la sensación  de que sus mentes estaban conectadas por finos hilos, y que cuando ella le hacía una pregunta él contestaba con un movimiento de cabeza o un aleteo de complacencia.

En sus sueños volaba junto a su amigo. Ella también era un petirrojo que  saltaba de rama en rama, que se dejaba caer y remontaba el vuelo. Que trinaba feliz entre sus nuevos amigos.

De repente sintió que un pedacito de amor se posaba en su frente. Un beso cálido que la hizo abrir los ojos y dibujó una sonrisa en sus labios. "Mamá, dijo cansada, puedo volar, no hace falta que vengas más. Ahora yo puedo acompañarte siempre. Soy un pequeño petirrojo ¿Me ves las plumas? Si abres la ventana podrás ver a mis amigos, ellos también quieren conocerte…"

Mientras sentía el cálido abrazo de su mamá y escuchaba el trino de los pájaros acercarse, cerró suavemente los ojos y se dejó llevar por el viento…

 

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