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5 min
Una Semana de Amor
Amor |
08.11.18
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Sinopsis

El amor entre Elliot y Maria Beatriz fue sincero, aunque en la primera vez de ambos aprendieron que el amor no es eterno, pero no por eso fue menos real...

Mucha suerte y un aeropuerto. 

1.1   "Hay muchas maneras de amar, algunos se enamoran de un flechazo, otros se enamoran con calma. Pero no hay forma de saber cual es la manera correcta de sentir, a veces, ni siquiera entendemos lo que nos va pasando, por ello, la confusión y la duda nublan el principio de muchas historias de amor, igual, que en sus finales, cuando se acaba la fiesta y solo parece quedar el desastre y una tremenda resaca, estas dudas suelen ser las que atacan cuando no fueron resueltas al comenzar..."

  Amar era una palabra cuya realidad le era ajena al joven Elliot, quien a sus 15 años  conocía la lujuria hormonal que podría causar una mujer, pero desconocía el verdadero poder de estar enamorado. Pero mas aún, desconocía lo que una mujer era capaz de causar en la vida de un joven desprevenido y enamorado. No se imaginaba lo que significaba tener a una dama anidada en el corazón.   

Jamás se imaginó que encontraría a la mujer de sus sueños en un aeropuerto un sábado de agosto a las cinco de la mañana. Mientras bostezaba y con alguna que otra lagaña en la mirada, el mundo repentinamente se detuvo en el poco movimiento que había, aparecía por las puertas de vidrio, cruzándose por primera vez la presencia de Maria Beatriz, quien desde ese momento quedaría tatuada en la retina de Elliot. Por un momento no entendía su propio cuerpo, era una joven hermosa, y de eso no le quedaban dudas, pero una parte de su cerebro se contradecía, mejor dicho se peleaba con su corazón, disputándose dentro de una premisa muy injusta..."no es la mujer más hermosa que he visto.." una premisa cuyo eco comenzaba a desvanecerse en su cabeza con cada latido...

  Era injusto el pensamiento de "hay más" porque esto no parecía reflejar lo que sentía y es una realidad hasta cruel de solo tener en mente. El creciente sentimiento de Elliot rechazaba tajantemente esa idea, destruyendola a cada sipnapsis, porque en su cerebro ya las neuronas configuraban una red que se quedaría casi estática en su cabeza, porque jamás volvió a olvidarla... A Maria Beatriz.

  Cada segundo parecía solidifcar un nuevo pensamiento, dominado por los latios de su corazón y llevando su mirada a la existencia de esa mujer, comenzaba a grabarse cada detalle y en cada pequeña cosa encontraba una nueva idea...que esta era la mujer más hermosa que jamás había existido. 

  María Beatriz había volteado su mundo y ella inocente, incauta y ni de casualidad se imaginaba que estando desmaquillada, con cara de sueño y llenándose la cara de bostezos estaba conquistando el corazón de quién sería su nuevo amor, quien confundido a unos metros aún no entraba en su radar. Ella llevaba su pijama favorita una blusa color salmón que le quedaba algo grande, pero sin desdibujar su figura delgada. Un pantalón blanco con unos dibujos de renos muy navideños y caricaturesco, que al quedarle largo, se acumulaban en sus crocs.

  Llevaba un hermoso pelo liso, recién planchado, era un hermoso color marrón, con una tonalidad que no había visto en su vida, porque era un dorado oscuro, que se mezclaba perfectamente con su piel color miel. Era impresionante, pero Elliot se convencía que todos los olores había desaparecido del aeropuerto, porque lograba sentir el olor del shampoo, el cual lograba atravesar todo el lugar para alcanzar a los sentidos de Elliot, llenándose al parecer de las feromonas que lo terminaron de enamorar. Sus ojos medios cerrados, llenos de sueños, no fueron capaces de ocultar sus ojos marrón claro, que derretían a Elliot, sus dientes blancos y perfectamente alineados, pero sobretodo unos hermosos cachetes que a ella le acomplejaban pero que a él, le encantaban.

   Fue así como esa espera pasó a ser mucho más agradable, indeciso deseaba que la fila no se moviera, porque sabía que entre tantos vuelos las posibilidades de que compartieran el mismo destino eran mínimas. El tiempo se detuvo, pero igual se desvaneció en el presente. Elliot perdió tanto tiempo viéndola que se recriminaba no haberla detallado más, en una inconsistencia consecuencia de su propia confusión.    La fila empezaba a moverse y entre comprender que se movía la fila y que perdía la mirada de ella, mientras buscaba su pasaporte, no perder a sus padres entre la gente, confundido, convencido de que serían los últimos segundos que podría verla antes de partir a sus vacaciones, buscaba la manera de no dejar de pensarla. Sin muchas más cosas para recordar, esos minutos parecían un caos en su cabeza, su nueva amada se esfumaba, mezclada entre las personas diluyendo todas estos sentimientos en un simple "enamoramiento de aeropuerto" convencido de que sería algo pasajero. 

  El avión pudo, facilmente, haberse llenado de las iluisiones que se escaban en los suspiros de Elliot, tratando de imaginarse de que haría para volver a encontrarla, prometiéndose de que si la casualidad los volviese a juntar, era una oportunidad que no iba a desaprovechar. Mientras sus pensamientos la revivían, ella dormía unos 20 asientos atrás de el.  Y era ella quién en unos minutos comenzaría un proceso más lento pero igual de intenso. 

1.2 (un aeropuerto y un poco de mala suerte) continuara...

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