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7 min
VENI TE CUENTO LA CONFESIÓN EN EL PURGATORIO
Fantasía |
05.01.17
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Sinopsis

Ve llegó a ese lugar para entrevistarse, tenía entendido, con alguien que administraba el sitio al que la había enviado quien sabe quién y porqué. El espacio era claro, pero ella llegó hecha una sombra, cálido pero Ve tiritaba de frío con la sensación de querer vomitar, escurrir el estómago, la conciencia y de nuevo volverlos a poner en su lugar. No la recibió nadie y decidió empezar a caminar para calmar el mareo que tantas nauseas le provocaba. Caminando una eternidad empezó a recordar inexplicablemente en tercera persona del singular lo que a continuación les narro y que fue lo que me encontré escrito y firmado por ella en el mismo lugar donde asistí a una entrevista similar:

Ve llegó a ese lugar para entrevistarse, tenía entendido, con alguien que administraba el sitio al que la había enviado quien sabe quién y porqué.

El espacio era claro, pero ella llegó hecha una sombra, cálido pero Ve tiritaba de frío con la sensación de querer vomitar, escurrir el estómago, la conciencia y de nuevo volverlos a poner en su lugar. No la recibió nadie y decidió empezar a caminar para calmar el mareo que tantas nauseas le provocaba. Caminando una eternidad empezó a recordar inexplicablemente en tercera persona del singular lo que a continuación les narro y que fue lo que me encontré escrito y firmado por ella en el mismo lugar donde asistí a una entrevista similar:

Se crio en una familia parcialmente católica y como alarma de reloj, su madre se dio a la pía tarea de entrar cada madrugada a la habitación  rezando cuanta ave maría y padre nuestro le cupiera en el rato que tomara despertar a la pequeña, que abría los ojos como platos del susto cada vez que escuchaba los susurros de las oraciones. En medio del aletargamiento muchas veces pensó que se había muerto durmiendo y que la estaban velando, pero su calvario apenas empezaba…

Ve estudió en una escuela católica para “señoritas”, donde cada mañana le rezaban en coro una oración a la virgen, sin contar con las misas de hora y media de los viernes para empezar el fin de semana purificadas.

El viacrucis iba y venía también tanto en su casa con el cuadro de la última cena, las imágenes de la virgen María, la pintura de metro y medio del Corazón de Jesús colgado en la habitación de sus progenitores y el llamado de su madre para rezar el rosario y ochocientas mini oraciones más, como en la iglesia que era de un espacio rectangular que ocupaba media manzana, siempre semi oscuro, con olor a incienso y repleto de velas dedicadas a iluminar las caras de mártires, santos, ángeles y arcángeles peleando, llorando, suplicando o condenando; siempre lleno de asistentes que se sacaban cera de sus oídos o mugre de las uñas y pasaban el rato entre murmullos: “mirá esta desvergonzada como se atrevió venir a misa vestida de esa manera” o “pobre de aquella que la dejó el marido”, para después poner a padecer a Ve estrechándole la mano, luego de haber escuchado los susurros y visto semejantes escenas repugnantes , al momento que se decían unos a otros “la paz esté contigo”, cuando en ese momento ella estaba segura de que la única forma de obtener la paz, sería que Dios exterminara la humanidad.

La teoría de la relatividad funcionaba correctamente en ese lugar asfixiante, donde los fieles se paraban y se sentaban infinitamente en un mismo sermón que parecía ser eterno, pero que al final tenía su recompensa: a veces la madre le compraba a Ve una que otra empanada al salir del rito y a las cuales esta si les debía una ferviente devoción.

De vivir en función de tanta sempiterna ceremonia y escuchar el mismo santo infernal discurso que le trataban de inculcar su madre, el colegio y los curas, Ve se aburrió y decidió rebelarse pese al largo camino ya recorrido: había sido bautizada en una iglesia cuando tenía tres meses sin voz ni voto y a los nueve años había hecho la primera comunión vestida como un repollo y de blanco; quien iba a pensar que la próxima vez que se fuera a vestir de blanco iba a ser solo porque se había matriculado en clases de karate.

Se rebeló y empezó a pensar y no solo eso, empezó también a sentir, a sentir su propia sangre y el cuerpo reaccionó, en las noches de calor sus manos se le presentaban a su cuerpo y entre jugueteos y divinos pensamientos conoció la gloria y la paz, no la misma que le trataban de dar los fieles en la iglesia, no, esta paz era mucho mejor; hizo a un lado todas las cátedras piadosas que le advertían lo pecaminoso de la carne y sus sentidos desflorados, descubrió su propia divinidad, rito que se volvió sagrado cada noche al irse a la cama. Se auto proclamó superviviente de la religión porque las oraciones, misas, sermones, la biblia, las clases de catequesis y religión le entraron por un oído y salieron por el otro.

Tras años de ceguera vio con claridad que la religión era solo un insulto a la evolución de la humanidad, al placer y al complacer, se sintió manipulada por el miedo y la culpa, la ignorancia y la dependencia que trataban de evitarle a los cuatro vientos la realidad racional; descubrió que los dioses no servían de nada, no le sirvieron para que su madre le diera más empanadas cuando acudía junto a ella a la iglesia, no le sirvieron al momento de jugar los números de la lotería, no la consolaron al momento de la muerte de sus padres, ni le sirvieron cuando le robaron sus pertenencias en un par de ocasiones. Ve entonces decidió que iba a ser Dios, y lo era cuando amaba, cuando se daba placer, cuando era un ser humano correcto;  pero como no puede haber bien sin mal y a veces se aburría siendo santa, decidió arder en el infierno de vez en cuando para no contribuir a la contaminación ambiental con aires de grandeza y entonces se convertía en diablo, un demonio al que le gustaba desahogarse de manera humana o estar furiosa de cuando en vez.

Setenta y tres años después de convertirse en dios y en diablo, de no deberle credos, padre nuestros, ni indulgencias a nadie más que a ella, la muerte la visitó en medio de un sueño en calma. ¿Qué iba a pasar con su cuerpo cuando fuera encontrada? ¿Estaba Ve desnuda al momento de descubrirla sin vida? ¿Dónde tenía sus manos? ¿En qué soñaba? ¿Había sido dios o demonio la noche anterior? ¡Ya que más daba! De ella solo queda esta historia y en uno de sus apuntes encontré que la primera vez que hizo el amor fue de cara al cuadro del Corazón de Jesús que estaba colgado en la habitación de sus padres. Su vida estaba llena de bondad y de maldad, fue ángel y diablo, Ve vivió haciendo y padeciendo el karma, sin echarle la culpa a un dios extraño e invisible; el resto de sus revelaciones y secretos me los reservo para mí y hacen parte del cuento que yo encontré y que ella quiso titular como: “LA CONFESIÓN EN EL PURGATORIO”.

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  • Me gustó bastante Un saludo
  • La eterna pregunta... tan desagradable y tan mágica... Prometo no ser ni decir lo que esperan de mí.

    Esta es la vida de otro ser humano, la vida de un pequeño, de un joven, de un adulto, de un viejo... la historia de un muerto. Esta es la historia de Fernando Alberto. Esta es la mal contada historia de mi padre.

    A Maria L la despertó el frío y recostada se tomó un momento para salir de la nubosidad que veía; cuando tuvo claridad vio sus pies pálidos, blancos casi transparentes donde se podían palpar las venas repujadas y oscuras de esas huesudas extremidades. Las uñas aunque limpias lucían un color amarillento y la cutícula verdosa, había sido impecable en temas de manicura y pedicura...¿Cómo era posible semejante descuido? ¿Qué diría Alfonso si le viera en semejante desparpajo cuando se le levantara el vestido? ¡Qué vergüenza!

    Ve llegó a ese lugar para entrevistarse, tenía entendido, con alguien que administraba el sitio al que la había enviado quien sabe quién y porqué. El espacio era claro, pero ella llegó hecha una sombra, cálido pero Ve tiritaba de frío con la sensación de querer vomitar, escurrir el estómago, la conciencia y de nuevo volverlos a poner en su lugar. No la recibió nadie y decidió empezar a caminar para calmar el mareo que tantas nauseas le provocaba. Caminando una eternidad empezó a recordar inexplicablemente en tercera persona del singular lo que a continuación les narro y que fue lo que me encontré escrito y firmado por ella en el mismo lugar donde asistí a una entrevista similar:

    Ser chiquito es una delicia: juegue, duerma, pinte, estudie, en fin; pero vaya crezca y relájese viviendo de acomodado a ver si no lo empiezan a mirar feo pues! Yo sé que a todos no les pasa, solo les estoy contando mi caso, porque también conozco mucha gente que se va de la casa solo para casarse, otros viven tan cómodos en el “hotel mamá” que ni para qué piensan en irse y a otros se les va la vida haciendo planes de independizarse, pero nunca se arriesgan a dar el paso.

    Ella había cambiado, ya no era la misma persona, no era alegre, no sonreía como antes, hablaba poco, no quería realizar los planes que había imaginado desde que la conocí y yo la conocía como la palma de la mano o eso pensaba hasta hace dos años, cuando pareció que la muerte se la había llevado.

Hola y bienvenidos! Soy Ana Isabel Vélez Puerta, tengo para ser exacta treinta y cinco añitos bien cumplidos y muy bien vividos; vivo en la hermosísima ciudad de Medellín, aunque nací en Ciudad Bolivar, un pueblo divino del suroeste Antioqueño; soy abogada de profesión y escribo para relajarme y por placer. Como hay que dedicarle tiempo a todo, soy fan de la lectura, los animales, la música, las buenas energías, amante de los viajes y vivo enamorada del amor aunque la soledad me encanta. De todo esto, de la vida, de mi vida y más es de lo que estaré escribiendo por aquí, por eso, sin más preámbulos, voy a dejar que este blog hable por mi. Disfruten leyendo estos relatos y los invito a que visiten mi blog en www.venitecuentoweb.wordpress.com donde encontrarán mas historias y me podrán dejar sus comentarios, sugerencias o preguntas en venitecuentoblog@gmail.com o en el formulario de la sección CONTÁCTAME.

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