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4 min
Verde intenso Cap6
Suspense |
28.11.06
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Sinopsis

Mi nombre es Carlos, y voy a matar a un hombre, pero estoy empezando por el final…

El principio es que soy carne de reformatorio casi desde el principio. Vivía con mis padres, soy hijo único. Mi Madre era una maravilla de mujer, siempre cantando, siempre alegre, a pesar del monstruo con el que estaba casada (mi padre). Teníais que oírla cantar… así deben cantar los ángeles, y te transmitía su alegría, sus ganas de vivir, a todos menos a mi padre, que siempre tenía una excusa para darnos una paliza. La sopa fría, una camisa mal planchada, una mala nota en los exámenes… Hoy diríais que es un maltratador y que estábamos ante un caso de violencia de género, entonces eso no se llevaba.

Pese a todo yo era feliz, hasta aquel maldito día. Mi madre estaba poniendo la mesa. Estaba alegre, pese a vivir con la mala bestia de mi padre, e incluso cantaba. De pronto entró mi padre y, sin previo aviso, sacó un martillo y la golpeó en la cabeza. Fue tan repentino que esta vez no le dio tiempo a protegerse con los brazos. Se desplomó y recibió varios golpes más. Pero esta vez yo no me quedé quieto. Cogí el cuchillo de cortar la carne y se lo clavé. Creo que él ni me vio hasta que le clavé el cuchillo. Entonces se giró, pero se lo volví a clavar y, arrancándole el martillo que tenía en la mano, le golpeé con la misma saña con que él pegaba a mi madre.

Nunca supe por que había sido esta vez. Mi padre ya estaba muerto cuando llegó la ambulancia. Mi madre murió a los dos días sin llegar a despertar, y no pudo contar lo que había pasado, así que me cargaron a mí las dos muertes. Con 12 años la ley del menor no permitía enjuiciarme, algo que en el fondo me perjudicó porque no tuve oportunidad de defenderme. Por miedo, ya que me tenían por un asesino, ningún familiar quiso quedarse conmigo, y acabé en una casa de acogida de la Generalitat.

Con doce años ya no te adoptan, los quieren más pequeños, y no aguantaba más allí, así que con catorce años me escapé. No tenía medios de subsistencia, así que cometía pequeños delitos. Empecé a entrar y salir de los reformatorios, y más tarde a la cárcel, porque cumples dieciocho, sigues delinquiendo y eres legalmente mayor. Empecé a acumular condenas, nunca más de seis meses porque nunca eran delitos importantes, pero casi estaba más tiempo dentro que fuera. Así hasta que hace algo más de un año la conocí a ella. Como yo, era una gata solitaria. Creo que por eso nos sentimos atraídos desde el principio. Su madre había sido madre soltera en la época en la que eso era pecado, y la rata de cloaca que la dejó preñada (me niego a llamar a ese tipo de individuos hombres) se desentendió. Como no quiso abortar, con diecisiete años se encontró con la maleta en la puerta de casa. Desde entonces solo se tuvieron la una a la otra, hasta que su madre murió de cáncer. Solo tenía veinte años.

Un año después empezó a salir con un hombre con el que estuvo un par de años, e incluso le acompañó en dos viajes de una semana, pero él era casado. Le dijo que se estaba divorciando, pero no era cierto y ella, que nunca se habría liado con un hombre casado, al saber la verdad lo dejó. Sin embargo creo que en el fondo no dejó de amarle, pero su sentido de la ética le impedía seguir con un hombre casado.

Cuando entró en mi vida me di cuenta de que era alguien
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