cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
Vestidos de negro
Fantasía |
14.10.08
  • 4
  • 3
  • 1376
Sinopsis

Sus manos palparon ciegamente, suplantando a sus ojos sumidos en la más profunda oscuridad. Sus párpados se abrieron bruscamente.
A pesar del intenso ruido del viento, Ramírez no pudo percibir el aire sobre su rostro, ni siquiera al incorporarse; era un día tormentoso, invadido por una densa bruma de un color gris brillante que rozaba el plateado, dejando distinguir solamente algunos metros de una colina de importante altura y desprovista de césped.
Dio algunos pasos, a la vez que trataba de establecer su posición exacta y los hechos que lo llevaron ahí. Sin embargo, su mente aparentaba estar llena de lagunas y a tal punto desordenada, que sus pensamientos viajaban desde sus recuerdos infantiles hasta imágenes muy recientes.
Se movió inconscientemente hacia atrás, y con el rabillo del ojo vio a un niño que corría justo por detrás de él. Se detuvo sobresaltado, al no comprender de qué forma podía el chico haber pasado sin estrellarse con su cuerpo.
Totalmente desconcertado, siguió con la mirada la veloz figura hasta que desapareció en la neblina.
El hombre decidió que posteriormente tendría tiempo para aclarar esa cuestión y continuó tratando de discernir dónde se encontraba.
Una pareja se cruzó en su irregular camino; al toparse con ellos, Ramírez preguntó:
-Discúlpenme, ¿podrían indicarme dónde me encuentro? -Sintió algo de vergüenza al decir esto, dado que él residía en el pueblo hacía ya tres años.
Mas los dos individuos no respondieron, sin dar muestras de haberlo escuchado. Ambos vestían de negro, y parecían profundamente afligidos.
Compasivo, Ramírez se aproximó para indagar gentilmente cuál era la causa de su pena. Al escudriñar entre la espesa niebla, descubrió a sus vecinos, el señor y la señora Wilson, con quienes había convivido desde su llegada al pueblo.
-Gabriel, María, ¿qué sucedió? -Tampoco obtuvo respuesta a esta consulta. Ligeramente molesto, agregó:-¿Acaso los he ofendido por algo? -Nuevamente silencio. A medida que el matrimonio caminaba, el hombre corría a su alrededor, procurando llamar su atención. Ya irritado, exclamó:-¿Qué es lo que está pasando? -Pero, no bien hubo dicho esto, encontró a su esposa con la mirada. Ni la bruma más densa podía bloquear la imagen de su mujer.
Abandonó el inútil intento de interactuar con los Wilson, y corrió hacia ella. A medida que se acercaba, observó más detalles: también estaba vestida completamente de negro, y sus facciones mostraban infinita tristeza.
-Penélope... Linda, ¿qué es lo que pasa? -dijo suave y dulcemente. Sabía que era difícil consolarla ante algo que le causara dolor.
Repentinamente, la señora rompió en llanto. Antes de que Ramírez pudiese siquiera poner la mano sobre ella, Penélope había corrido desesperadamente y a velocidad descomunal en dirección a la cima de la colina. La siguió su marido con una rapidez menor y, sin embargo, con una ligereza formidable en sus piernas; sus pies prácticamente flotaban sobre la escarpada subida.
Al alcanzar el punto más alto de la elevación, pudo ver una multitud de personas familiares, todas ellas vestidas de negro y sentadas sobre sillas dispuestas en orden. El desconcierto colmó su cerebro, y gritó iracundo:
-¡¿Puede alguien decirme qué es lo que está pasando aquí?! -Y repitió la frase más fuerte y frenéticamente, ante la indiferencia de la abatida muchedumbre, que parecía fijar su atención en un punto particular.
Un terrorífico presentimiento llenó su mente de un miedo supersticioso.
-¿Quién...? -susurró, si bien lo sospechaba desde antes de hablar. Se dio vuelta lentamente.
Su visión le arrancó un horrible y angustioso alarido, que no escuchó nadie más que él mismo.
Una lápida se alzaba, oscura e infernal, recortándose burlonamente contra la grisácea niebla; su nombre estaba grabado en ella. Chilló, invadido por el terror supremo, y corrió en círculos, totalmente enloquecido; pero su voz inaudible se apagó paulatinamente, y su figura se desvaneció en un inexplicable e invisible vapor espectral.
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta