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3 min
Viaje en un árbol
Varios |
30.01.14
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Sinopsis

delicia en la siesta.

Me encuentro anudado a un frondoso árbol a merced del viento y de las arenas del amorfo tiempo, objeto usual en mis ultra recorridas y retorcidas paranoias a-dimensionales. La agreste extensión del terreno me incita a querer permanecer en estas lánguidas alturas, mientras algún mundano deseo desea que baje ya pronto, mas las lianas se muestran en exceso atrayentes y me enamoran con un leve susurro que producen al chocar entre ellas y con las hojas del purpúreo árbol en el cual dormito. Entrecierro los ojos y diviso el horizonte: veo sólo edificios largos, callados y aburridos, pusilánimes habitantes de la ciclópea desproporción social que los contiene y alimenta. Nuevamente prefiero permanecer recostado en los nudosos troncos de este ancestral ser. Las pestañas me rozan el rostro y el sueño me atrapa. Sueño con otros países, otros continentes, otros planetas y otras galaxias. En cada uno de esos lugares imaginarios hay árboles ficticios con mi realidad sobrepasándolos y asentándose de vez en cuando en sus ramas. Floto incorpóreo por sobre sus hojas y miles de ojos me escudriñan desde sus raíces, ateniéndose a no tocarme por temor a que migre de árbol y deje un montón de escamas lunares huérfanas. La brisa me despierta y mis párpados son atacados por la luz solar, me acurruco un poco más al tronco y dejo que las hojas y ramas sirvan como natural resguardo contra el inclemente astro rey. Nuevamente cierro los ojos,  me encuentro en una marisma sub-espacial amarrado a un árbol de cartón y desperdigando mis sentidos por sobre la agrietada superficie de su tronco. El árbol parte en una misión espacial hacia la luna, ésta empieza a girar descontroladamente y salgo despedido hacia un desierto plateado. Aquí no hay árboles, sacudo la cabeza con fuerza y me despierto. Desde las alturas nuevamente diviso el horizonte, distingo nubes menguando y montañas creciendo, distingo un cóndor (o tal vez un gallinazo), distingo un poste alto y flacucho, con un farol emanando dorada y verde luz, de un salto dejo el árbol y me introduzco en él. Desciendo por el tubo metálico, me desempolvo la ropa y apresuro el paso; me hago tarde para ir a la universidad. 

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